Enero de 2018, con la combi –restaurada por ellos mismos– que los lleva al balneario El Balcón, al sur de la ciudad. (Foto: Diego García/GENTE)
Enero de 2018, con la combi –restaurada por ellos mismos– que los lleva al balneario El Balcón, al sur de la ciudad. (Foto: Diego García/GENTE)

Paramos en una esquina a cargar nafta, miré la ciudad desde lo alto y nos preguntamos: '¿Podremos?'", rememora Miguel del Sel (60) sobre aquella primera recalada de Midachi en La Feliz, cuando poco imaginaban de lo que se venía. Corría el año 1988 y tenían una única certeza: "Si conquistábamos Mar del Plata, trascendíamos a nivel nacional", apunta el Chino Volpato (56). "Era el anticipo de lo que pasaría en Buenos Aires. Tres meses en los que metíamos ciento diez mil, ciento veinte mil espectadores", señala Dady Brieva (60). Y en la confitería del hotel Hermitage, después del día de playa y fotos para GENTE, la charla con el trío empieza más seria de lo que se podría suponer.

–¿Qué más recuerdan de entonces?
Miguel: Vinimos después de cuatro años en Carlos Paz. Nos presentábamos en el teatro Alberti, con todo vendido quince días antes. Fue una de nuestras mejores temporadas. Superó las expectativas.
Dady: Llegamos en familia, en el 505, con el televisor arriba del portaequipaje, porque en ese entonces los departamentos no se alquilaban con tele. Empezamos el 15 de diciembre y terminamos el 15 de marzo. Hacíamos dos funciones diarias. La gente hacía colas y colas para vernos en el teatro Neptuno. Pero para mí era muy desgastante. Yo no tengo buen recuerdo de las temporadas: me secan la cabeza. Hacer lo mismo todos los días… ¡me da ganas de pegarme un tiro en los huevos!
Chino: Nosotros vivíamos en Santa Fe, así que nos gustaba llegar a un lugar donde había mar. Podías disfrutar y trabajar a la vez. Lo tomamos como un desafío, como dice Miguel. Teníamos disciplina de trabajo y más herramientas que en Carlos Paz. De hecho, la primera nota con Juan Alberto Mateyko nos llevó a trabajar en La movida del verano. Aprovechamos al máximo para que los argentinos nos conocieran.

Su primera actuación como trío, el 16 de julio de 1983, en el restaurante La Baguala, en la ciudad de Santa Fe. (Foto: Archivo/GENTE)
Su primera actuación como trío, el 16 de julio de 1983, en el restaurante La Baguala, en la ciudad de Santa Fe. (Foto: Archivo/GENTE)

–Y aquí están, de nuevo juntos en Mar del Plata, después del abuelazgo y las vacas del Chino, del paso de Miguel por la política y de que Dady protagonizara novelas. ¿Lo imaginaban?
Da: Creo que vamos a morir juntos. El Chino –o Miguel, no me acuerdo– dice siempre una gran verdad –porque los dos son de decir verdades–: "Nunca hicimos despedida grande, tipo Los Chalchaleros". Por eso tengo la sensación de que va a ser para siempre. Somos Midachi. Yo voy a ganar un Oscar, Miguel va a ser presidente de la Nación y el Chino, dueño de Sancor… Pero siempre vamos a ser un "ex Midachi" abordando tal o cual actividad.

–¿Cómo balancean el hecho de ser un trío, un número que puede no resultar fácil?
Da: No te quiero cagar la teoría, pero el tres es el mejor número, geométricamente. Objetivamente, desde las pirámides de los ancestros…
Mi: Por más que Maluma diga: "Felices los cuatro".
Da: Pero si querés, le meto onda y sigo con tu teoría…

“Cada uno es libre. Antes nos obligábamos a estar todo el día juntos. ¡Teníamos los huevos inflados… y no nos dábamos cuenta!”. (Foto: Diego García/GENTE)
“Cada uno es libre. Antes nos obligábamos a estar todo el día juntos. ¡Teníamos los huevos inflados… y no nos dábamos cuenta!”. (Foto: Diego García/GENTE)

–Para nada. Me sirve que me lo discutas y me convenzas de que ser tres no es complicado.
Da: En nosotros ha funcionado casi mágicamente. Nunca dijimos: "Vos jugá acá y vos allá". Se fue dando.
Chi: Sí, lo lógico hubiese sido el dos a favor y uno en contra, como referencia para tomar decisiones. Pero nunca fue así.

–A eso me refiero.
Chi: Hubo veces en que uno estaba convencido de que había que hacer algo y los otros dos no, pero se imponía el que sí quería. En algunas etapas no teníamos capacidad para absorber todas las propuestas. Entonces renegábamos y discutíamos, pero con el tiempo entendimos que cada uno tiene un valor agregado.

–¿Qué es lo peor y lo mejor de cada uno?
Mi: A esta altura de la vida lo peor ya no existe.
Da: ¡Ah! ¿Puede ser título eso? ¡Muy bien, Miguel!
Mi: Pasa el tiempo y te das cuenta de que son pavadas. Lo importante es salir a hacer reír y que nos vaya bien.

“Yo voy a ganar un Oscar, Miguel será presidente de la Nación y el Chino, dueño de Sancor… Pero siempre vamos a ser un ‘ex Midachi’ abordando tal o cual actividad”. (Foto: Diego García/GENTE)
“Yo voy a ganar un Oscar, Miguel será presidente de la Nación y el Chino, dueño de Sancor… Pero siempre vamos a ser un ‘ex Midachi’ abordando tal o cual actividad”. (Foto: Diego García/GENTE)

–¿Eso no lo dan por sentado?
Mi: No te imaginás lo que nos exigimos para hacer reír. A veces, una palabra suma mucho. Y si lo logramos, el teatro se llena. Nos gusta estar primeros. Después viene el resto… Compartimos mucho tiempo, pero también cada uno es libre de estar con su mujer o sus hijos, durmiendo la siesta o tomando sol en la playa. Antes, por ahí nos obligábamos a pasar todo el día juntos. ¡Teníamos los huevos inflados… y no nos dábamos cuenta!
Da: Te cuento lo que hacemos para que tengas un poco de datos de color: me levanto a las seis y media… –¡No dormís nada! ¿No se van a dormir tardísimo después de la función?
Da: Sí, pero no importa. Después hago siesta. ¡Hay una determinada edad en la que uno a la mañana no puede dormir!
Mi: ¿No tenés más melatonina?
Da: Exactamente. Y la farmacia está cerrada. Entonces, me tomo unos mates, hago gimnasia y duermo una siesta. En cambio, Miguel toma café con leche y dos tostadas. Siempre igual. Es muy metódico. Y el Chino sale a caminar. Sigue y sigue, como un escorpión, con la familia detrás.

–¿Me ampliás ese concepto de que la pasás mal en temporada, Dady?
Da: Bueno, eso es mío.
Mi: Yo lo interpreto así: debemos estar bien de la garganta y físicamente. Entonces, si vas a la playa, tenés que volver a las cuatro de la tarde… ¡cuando todos están sacando las medialunas!
Da: Nunca hice una jarra de clericó para cuando cae el sol. Te vas de vacaciones en marzo, ¡pero no hay nadie!
Chi: Fue un aprendizaje. Antes queríamos hacer todo.
Mi: ¡La polenta que teníamos…! Hacíamos dos funciones; ahora, una sola. No venimos a matarnos.
Da: Físicamente por ahí nos daría… Pero no sabemos regular sobre el escenario.
Mi: Antes jugábamos al fútbol, hacíamos dos funciones, íbamos a comer afuera y después al boliche. Era parte de nuestra propaganda.
Chi: Había más inconsciencia. Improvisábamos mucho más.

“A veces renegábamos y discutíamos, pero con el tiempo entendimos que cada uno tiene un valor agregado”. (Foto: Diego García/GENTE)
“A veces renegábamos y discutíamos, pero con el tiempo entendimos que cada uno tiene un valor agregado”. (Foto: Diego García/GENTE)

–¿El público cambió con los años?
Da: No. Es el mismo.
Mi: Lo que puede cambiar es que si la gente tuvo un día formidable de playa, llegue más cansada al teatro. Si el día estuvo feo, llegan más predispuestos. Una persona dormida en la sala te arruina a los mil que están aplaudiendo. Anímicamente te mata. El día que no nos importe, nos tendremos que dedicar a otra cosa.

–Es decir que ser Midachi los sigue desafiando. No es un tren que anda solo.
Da: ¡Ni en pedo! Ahora nos vamos de gira y pensamos todo.
Mi: Y si Dios quiere, recalaremos en Carlos Paz el año que viene…
Da: … pero antes… ¿lo digo, Chino?
Chi: ¡Sí! Hacemos dos fechas en el Luna Park para celebrar los 35 años. Casi nada, ¿no?.

Por Ana van Gelderen.

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