
Rosario relanzó Guías por un Día, un programa de la Municipalidad y la UNR que convierte a personas mayores en mediadoras de diez espacios culturales.
La iniciativa forma parte de Museos Más Abiertos y se articula entre la Secretaría de Cultura y Educación, la Dirección de Adultos Mayores de la Municipalidad de Rosario y el Programa Universidad Abierta para Personas Mayores de la Universidad Nacional de Rosario.
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Durante la presentación, el proyecto quedó definido como una propuesta que va más allá de renovar la visita a los museos. Busca ubicar a las personas mayores como protagonistas de la vida cultural y sostener una articulación institucional que la universidad describió como poco frecuente en el país.
La UNR ligó la continuidad del programa a su vínculo con el municipio
El rector de la Universidad Nacional de Rosario, Franco Bartolacci, situó el lanzamiento dentro de un escenario más amplio. En el acto sostuvo que la casa de estudios atraviesa “una situación complicada” y remarcó que, aun así, decidió preservar la universidad abierta para personas mayores por la importancia que tiene para mucha gente.
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Bartolacci también subrayó el valor político de la articulación con el municipio. “En la situación compleja de esta universidad, si no tuviéramos esa relación, muchas de las cosas que hacemos no podríamos sostenerlas”, afirmó, y agregó que el trabajo conjunto entre la universidad pública y la Municipalidad de Rosario “no es frecuente en todo el país”.
El municipio apuntó al aislamiento de las personas mayores
El secretario de Desarrollo Humano y Hábitat, Nicolás Gianelloni, conectó el programa con el Plan Mil 65, la estrategia municipal dirigida a personas mayores. En su intervención dijo que la ciudad ya dispone de un portal con actividades en todos los barrios y adelantó la próxima presentación del Club de los Grandes, una red que incluirá propuestas y beneficios comerciales.
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El funcionario puso el foco en un problema social concreto. “Mientras nosotros estamos acá charlando, hay alguna persona mayor, que hay cuarenta mil en la ciudad que viven solos, que se sienten que no tienen lugar donde ser escuchados”, dijo, antes de pedir a los asistentes que inviten a otros a sumarse a estas actividades.

Gianelloni describió esa convocatoria entre pares como “la punta del ovillo” para que una persona vuelva a sentirse bien y reacomode su proyecto de vida. La frase desplazó la discusión desde la programación cultural hacia una función más amplia: usar los espacios públicos como herramienta contra la soledad y la pérdida de vínculos.
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El rol del Estado y el lugar de los mayores en la agenda pública
El secretario de Cultura, Federico Valentini, inscribió la propuesta dentro de una defensa más explícita de la infraestructura pública de la ciudad. Señaló que Rosario tiene museos públicos y una red cultural, sanitaria y de desarrollo que “hay que valorar” y “hay que cuidar”.
Desde esa perspectiva, el proyecto también quedó ligado a una discusión sobre el rol del Estado. “En este tiempo donde creen que nada sirve, esto es demostrarles por qué el Estado tiene que estar presente”, sostuvo. La definición del intendente fue priorizar, explicó, a “los más chicos y los más grandes” a través del programa Mil 65.
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Valentini definió a Guías por un Día como un espacio para encontrarse con otros, mostrar un museo y formar grupos de amistad de los que puedan surgir nuevas actividades. “La Municipalidad de Rosario los tiene en cuenta, cuentan con ustedes y sin ustedes no podríamos hacer esto”, afirmó ante los participantes.
Una guía contó cómo cambió su mirada sobre el Museo de la Memoria
La intervención sobre el funcionamiento del programa llegó de Marcela Oviedo, una participante de la edición 2024 en el Museo de la Memoria. Al recordar su ingreso, dijo que se había presentado como ama de casa y “no sabía absolutamente nada, ni de arte, ni de museo, ni de nada”.
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Oviedo eligió hablar del prejuicio que, según contó, muchas personas todavía tienen sobre ese espacio. “Tuve el privilegio de pertenecer al Museo de la Memoria, el cual muchas personas tienen mucho miedo al respecto. Y les puedo informar que es un lugar muy humano”, dijo.
Su testimonio agregó detalles sobre el trabajo cotidiano del museo. Contó que el equipo les dio apoyo permanente, que el primer día como guía fue en la Noche de los Museos y que el lugar combina una muestra estable con otras temporarias. También explicó por qué lo definen como “un museo vivo”: cada vez que aparece un nieto recuperado, una de las obras cambia de pared.
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La exguía señaló además que participó de un congreso iberoamericano de proyectos de museos de manera virtual y cerró con una invitación a quienes evalúan inscribirse. “Anímense, porque van a descubrir un mundo de memoria, verdad y justicia que todos no deberíamos olvidar”, dijo.
Un espacio de diálogo con la cultura
Susana Arijón, arquitecta, fotógrafa participa del programa Guía por un día. En diálogo con Infobae, contó cómo fue su experiencia en el Museo de la Ciudad, el Castagnino y el Estévez.
—¿Contame cómo te sumaste, cómo llegaste a Guía por un día?
—Soy alumna de la Universidad de Adultos Mayores de la Universidad Nacional de Rosario. Siempre nos llega información sobre lo que hace la universidad y, en este caso, nos informaron de esta acción conjunta entre la universidad y la Municipalidad. Me pareció una muy buena idea, primero me acerqué, por intriga, para saber de qué se trataba.
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—¿Qué encontraste?
—Me pareció sumamente interesante. En lo personal, uno aprende mucho en contacto con otras personas, con la gente del museo, que nos va comentando, nos da una guía y nos explica cada espacio. En conjunto con otras personas se aprende mucho.
—¿En qué museo empezaste?
—El primero en el que me anoté fue el Museo de la Ciudad. Me gustaba mucho conocer más sobre Rosario. Soy arquitecta y me pareció sumamente interesante. Investigamos mucho, cada uno hizo su interpretación del material que nos dieron y se pudo armar una propuesta. Cada persona hacía su propia propuesta y eso enriquece mucho.
—¿Después continuaste en otros espacios?
—Después hice el Museo Castagnino y el Estévez...
—¿Cómo te fuiste apropiando de ese contenido y de toda la riqueza histórica de los espacios?
—Las personas del museo nos iban explicando y primero nos hicieron el relato de lo que hay en las salas. El Museo de la Ciudad es muy pequeño, así que fue más fácil el abordaje. En esa oportunidad comenzamos por entender el lugar donde se encuentra, que es el Parque Independencia. A mí eso me parece muy interesante. Primero practicábamos entre nosotros con lo que nos iban explicando. Charlábamos mucho y se hicieron varias reuniones así. El momento del encuentro era como ir a un examen. Nos costó un poquito.

—¿Cómo resolvieron esos nervios?
—Trabajamos de a dos. Yo, por lo menos, lo hice con otra persona que estaba conmigo. Nos dividimos los temas y fuimos hablando juntas.
—¿Quiénes fueron a escucharlas?
—En mi caso fue mucha gente de nuestro entorno: compañeros de las materias que hago en la Universidad Nacional de Rosario, familiares y amigos. La verdad es que eso hizo que se acercara mucha gente. Uno puede estar nervioso porque no somos guías, fue una experiencia, pero había muchas caras conocidas y la situación era muy amable. La gente del museo apoyaba; si había alguna duda o comentario, intervenían ellos.
—¿Qué representan para vos los museos de la ciudad?
—A mí me interesaban los museos. De chica, por ejemplo, conocía el Estévez, pero tener una guía ayuda muchísimo a comprender lo que uno está viendo. El paseo suelto no es lo mismo que recorrer con una guía.
—¿Qué te dejó esta experiencia?
—Fue muy rica porque nos acercó de otra manera, de un modo más amable con lo que uno está viendo. Es una experiencia diferente. Tener a quién preguntar y con quién consultar, ese diálogo que se da, ayuda mucho.

Fotos: Guillermo Turin Bootello/ Secretaría de Cultura y Educación, Municipalidad de Rosario.
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