
En los últimos años, el aumento del consumo de alimentos ultraprocesados elevó la ingesta diaria de sodio en buena parte de la población adulta, en todo el mundo. Ese cambio reactivó el debate sanitario sobre sus efectos más allá de la presión arterial, incluida la posible influencia sobre funciones cognitivas como la memoria.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la reducción del sodio un objetivo prioritario de salud pública por su vínculo con eventos cardiovasculares y cerebrovasculares.
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Un estudio realizado en Australia asoció el consumo elevado de sodio con un deterioro más rápido de la memoria episódica en hombres mayores sin deterioro cognitivo previo.
La investigación siguió durante seis años a 1.208 adultos y no detectó declive cognitivo global en la cohorte, pero sí una reducción significativa en el recuerdo de eventos al analizar los datos por sexo: el efecto se concentró en varones con mayor ingesta de sodio, un patrón que los autores vincularon a diferencias en consumo y perfiles de presión arterial.
Qué evaluó el estudio y cuáles fueron los resultados
El trabajo, publicado en Neurobiology of Aging, incluyó a adultos mayores en Australia, en su mayoría con capacidades cognitivas normales al inicio.
Los participantes informaron su dieta mediante un cuestionario alimentario que permitió estimar la ingesta de sodio, y luego realizaron evaluaciones neuropsicológicas a intervalos durante el seguimiento, con el objetivo de medir cambios a lo largo del tiempo y no solo una foto estática del rendimiento cognitivo.
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Tras ajustar por variables de confusión, los autores informaron que los hombres con mayor consumo de sodio mostraron una disminución significativa en memoria episódica. En mujeres no se observó una asociación equivalente.

La memoria episódica, relacionada con el hipocampo, se utiliza para recordar eventos recientes y experiencias concretas, y suele considerarse un dominio sensible en el envejecimiento; por eso, una caída sostenida en ese componente puede resultar clínicamente relevante, aun si otros dominios se mantienen estables.
Por qué el sodio podría afectar la memoria: hipótesis vasculares
La explicación más consistente para el hallazgo se apoya en el impacto vascular del sodio. Una dieta alta en sal se asocia con hipertensión, un factor que puede dañar vasos sanguíneos cerebrales, reducir el riego, alterar la función endotelial y favorecer procesos inflamatorios.
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Ese conjunto de cambios puede afectar vías neuronales vinculadas a la memoria y, según hipótesis en investigación, contribuir a condiciones biológicas asociadas a la neurodegeneración, incluido el aumento de vulnerabilidad en regiones como el hipocampo.
El neurólogo Alexander Zubkov, de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón, fue consultado por Prevention y señaló que el exceso de sodio puede afectar redes celulares y microvasos, con reducción del flujo sanguíneo en regiones vulnerables como el hipocampo.
Zubkov agregó que los varones del estudio presentaron mayor consumo de sal y presión arterial diastólica más alta, un perfil que podría explicar por qué el impacto sobre la memoria resultó medible durante el periodo de seguimiento. La hipótesis apunta a una vía vascular: dieta alta en sodio, peor control de la presión y menor perfusión cerebral.
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El estudio estimó la ingesta de sodio a partir de reportes dietarios de los participantes, un método habitual en investigaciones poblacionales, aunque con margen de error. Además, una dieta rica en sodio puede reflejar otros factores como mayor consumo de ultraprocesados, menor calidad general de la alimentación, sedentarismo o comorbilidades que también influyen en la salud vascular y cerebral.
Con esas salvedades, los resultados respaldan estrategias preventivas centradas en reducir sodio y mejorar el control de la presión arterial, con un posible beneficio adicional sobre dominios cognitivos específicos en la vejez.
Cómo reducir el sodio en la dieta
Dado que gran parte del sodio proviene de productos ultraprocesados, especialistas recomiendan priorizar alimentos frescos o mínimamente procesados, limitar envasados, comparar etiquetas nutricionales y elegir opciones con menor contenido de sodio.
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En la práctica, resulta clave revisar porciones, porque productos con “bajo sodio” pueden aportar cantidades elevadas si se consumen en grandes volúmenes. En la cocina, el uso de hierbas, especias, ajo, limón y mezclas sin sal puede sostener el sabor sin aumentar la carga de sodio.

La OMS recomienda que los adultos no superen 2.000 miligramos de sodio por día, una pauta orientada a reducir riesgo cardiovascular y cerebrovascular y que, según este tipo de evidencia observacional, también podría contribuir a limitar el deterioro de la memoria episódica en hombres mayores.
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