Lucía y Nicolás Puenzo en el espejo retrovisor: cómo se veía el futuro cuando los silver eran niños

Referencias literarias y cinematográficas, resistencia productiva en Latinoamérica y un giro inesperado hacia Chiapas dieron forma a “Futuro desierto”, una historia que pone a prueba los límites de la ciencia ficción regional

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‘Futuro desierto’, la serie de ciencia ficción que mezcla androides, secretos y tensión familiar
Netflix estrena Futuro Desierto, una producción encabezada por Lucía Puenzo y Nicolás Puenzo que explora el realismo futurista.

Cuatro personas nacidas entre mediados de los años 70 y principios de los 80 intentan reconstruir una misma imagen, una especie de horizonte del pasado: cómo se veía el futuro cuando éramos niños.

La conversación avanza entre referencias a Robotech, Bradbury, Terminator y aquellas promesas tecnológicas que durante décadas poblaron películas, dibujos animados y sobremesas familiares. Del otro lado de la pantalla aparecen los directores de cine Lucía Puenzo, Nicolás Puenzo y el especialista en inteligencia artificial Fredi Vivas. Del lado de las preguntas, otro integrante de la generación X.

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Durante más de una hora, todos merodeamos la misma inquietud: qué quedó de aquellas fantasías futuristas dentro de Futuro Desierto, la serie que Netflix estrena el 22 de mayo.

Entre recuerdos de infancia y discusiones sobre inteligencia artificial aparece un punto en común: el futuro terminó pareciéndose menos a una postal de ciencia ficción y más a una presencia de todos los días. Un algoritmo decide qué mirar, una máquina es capaz de aprender patrones emocionales, hay un arma programada por IA en un guerra. Sobre esa idea se construye Futuro Desierto, una historia atravesada por androides, duelo y vínculos humanos en un escenario que los Puenzo prefieren definir como “realismo futurista”.

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‘Futuro desierto’, la serie de ciencia ficción que mezcla androides, secretos y tensión familiar
Karla Souza como Sara en Futuro Desierto. Cortesía de Netflix 2026.

—Juan Mascardi: ¿Qué hay de esa imagen que tenían de la idea de futuro en sus infancias en esta obra?

—Lucía Puenzo: Te cuento la prehistoria de Futuro Desierto, porque es un proyecto que nos costó mucho sacar adelante. Primero te diría que hay una resistencia a filmar ciencia ficción en Latinoamérica. No es lo mismo cualquier género que la ciencia ficción. Leo D’Agostino y César Sodero, hace seis años, nos acercaron la primera idea. Ellos habían escrito una primera idea para filmar en la Patagonia y no la logramos armar ahí. No encontramos productores que se animaran no solo a la ciencia ficción, sino a filmarla en la Patagonia argentina. El estudio Gaumont, primero desde Francia y Estados Unidos, y después se sumó Paramount, y finalmente, cuando Paramount quebró, la compró Netflix, se animaron a filmarla, pero si la llevábamos a México.

Fue todo un dilema. Nos miramos las caras con Nicolás, que estuvo desde el comienzo como codirector y como showrunner conmigo desde el primer día, y con César y Leo. Y decidir qué resignábamos… Pero si era eso o no filmarla, nos animamos al sur de México. Ahí volanteamos y nos fuimos a Chiapas.

—Nicolás Puenzo: Siempre pensé que el término “ciencia ficción” no se utiliza como lo haría el pensamiento científico, donde la ciencia debería ser el eje. En cambio, la ciencia ficción suele asociarse a lo fantasioso, a futuros que podrían llegar o no. Por eso, nosotros preferimos el concepto de “realismo futurista”, que sería la ciencia ficción si realmente se desprendiera del análisis científico y no se volviera solo una cuestión literaria. Aunque para el público sigue siendo ciencia ficción, internamente trabajamos con esa lógica: pensar un futuro posible, basado en lo que la ciencia y las tendencias actuales sugieren. Fredi Vivas fue clave en ese proceso, porque buscamos abordar lo que creemos que realmente puede ocurrir, lo que está muy próximo, en lugar de quedarnos en escenarios espectaculares o inverosímiles.

‘Futuro desierto’, la serie de ciencia ficción que mezcla androides, secretos y tensión familiar
La serie aborda los dilemas éticos y emocionales de la inteligencia artificial y los androides en la vida cotidiana.

El otro eje tiene que ver con la tradición del cine: por un lado está la ciencia ficción más mainstream, y por otro, una vertiente donde entran la espiritualidad y la reflexión filosófica, como en Solaris de Tarkovski o las películas de Kubrick sobre el espacio. Ellos abrieron un subgénero que explora la ciencia ficción desde una mirada más profunda sobre el espíritu.

—J.M.: Sí, hasta poético...

—Fredi Vivas: Incluso la ciencia ficción no tiene por qué ubicarse siempre en el futuro. Puede plantear escenarios posibles en el presente, como imaginar que de repente internet deja de funcionar y las personas deben comunicarse de maneras inesperadas. Muchas universidades la utilizan como herramienta pedagógica para explorar este tipo de hipótesis: por ejemplo, proponen situaciones en las que solo se puede navegar una hora por día y preguntan cómo se adaptaría una empresa basada en e-commerce. Es un recurso valioso para pensar alternativas y reflexionar sobre lo que podría suceder, incluso sobre aquello que no queremos que ocurra.

La serie transcurre en un futuro cercano donde los androides dejaron los laboratorios y empezaron a convivir con personas reales. Alex, un psicólogo vinculado a una compañía tecnológica, se instala junto a sus dos hijos en el sur de México para participar de un programa experimental que pone a prueba a los ANBIs —Agentes No Biológicos Inteligentes— dentro de entornos familiares. Con ellos vive María, una androide creada a partir de la memoria de su esposa muerta para ocupar su lugar dentro de la casa.

A partir de esa convivencia, la serie se mueve entre el drama familiar, el suspenso psicológico y los dilemas éticos alrededor de la inteligencia artificial. Mientras algunas comunidades rechazan la presencia de androides y las grandes corporaciones avanzan sobre nuevas formas de control tecnológico, María comienza a desarrollar respuestas emocionales que exceden aquello para lo que fue diseñada. La pregunta deja entonces de girar alrededor de qué puede hacer una máquina y empieza a enfocarse en otra zona más incómoda: qué necesitan emocionalmente los humanos de esas máquinas.

‘Futuro desierto’, la serie de ciencia ficción que mezcla androides, secretos y tensión familiar
El programa experimental en Futuro Desierto prueba la convivencia de androides inteligentes (ANBIs) con familias humanas en el sur de México.

—J.M.: Retomo la idea de Fredi sobre el concepto de robot. Desde el origen del término, que remite a la idea de servidumbre, pasando por figuras como Pinocho y Frankenstein, hasta nuestros días. ¿Cómo dialogan estos autómatas que nos precedieron en la literatura y la narrativa con lo que aparece en la serie?

—L.P.: Lo interesante es el tiempo que llevó este proyecto. Esta serie tardó casi cinco años desde el primer desarrollo hasta el estreno, más de lo habitual. Muy pronto nos vinculamos con Nicolás y con el equipo del MIT Media Lab, y trabajamos con asesores de distintas disciplinas: técnicos, ingenieros, psicólogos, que estaban investigando escenarios a cinco años, el futuro inmediato.

Pensaba que, cuando escribimos los primeros capítulos con ellos, ChatGPT, Gemini o Alexa no formaban parte de la rutina cotidiana. En ese entonces, apenas podíamos imaginar una relación íntima con una voz, pero no con un androide antropomórfico capaz de emular emociones humanas. Nos enfocamos justo en ese punto: la convivencia con máquinas, en particular con androides y genoides casi indistinguibles de las personas, en diferentes situaciones, desde una familia que perdió a una hija hasta una fábrica que reemplaza humanos por androides. La serie explora estas vinculaciones, alejándose del clásico enfrentamiento de humanos contra máquinas, y propone un análisis de lo que le sucede al humano frente a ese otro, que puede ser un androide o cualquier minoría. Un otro que puede ocupar el lugar de un hijo, un amante o un compañero de trabajo, y que está comandado por una gran corporación tecnológica, lo que le agrega una dimensión política.

‘Futuro desierto’, la serie de ciencia ficción que mezcla androides, secretos y tensión familiar
Futuro Desierto examina la construcción de sesgos en la inteligencia artificial y el impacto de las grandes corporaciones tecnológicas.

—J.M.: Si miramos cinco años atrás, estamos en 2021, en plena pandemia. En ese contexto, era complicado imaginar otro escenario. ¿Cómo eran esas primeras reuniones con Fredi, en ese escenario potencialmente real?

—N.P.: A Fredi lo incorporamos enseguida porque, a diferencia de otros asesores, él se sumó a debatir en términos cinematográficos, aportando datos duros pero también ideas narrativas. En ese momento, no teníamos la claridad de hoy respecto a cómo se construyen los sesgos en la inteligencia artificial. Ahora, somos conscientes de que hay intereses en juego y que la construcción de un sesgo puede venir de una empresa, de la máquina o incluso de los propios usuarios. Eso determina el futuro. Antes, la inquietud era más difusa; sabíamos que algo se estaba moviendo, pero no cómo ni de qué manera nos iba a afectar. La serie busca poner en escena cómo sería convivir con estos seres digitales en la vida cotidiana, en el trabajo y en la casa.

—L.P.: Sumo a lo de Nicolás que la idea del valle inquietante fue central. Es una teoría que divide aguas en la inteligencia artificial: marca un umbral entre lo familiar y lo inquietante, cuando los androides se parecen tanto a los humanos generan rechazo. Este concepto aparece visualmente en la serie, explicado entre los personajes. Resume muy bien qué ocurre cuando empezamos a convivir con estos seres y cuál es la reacción humana ante una máquina con apariencia humana.

—F.V.: Exacto. La inteligencia artificial cumple setenta años. Alan Turing, en los años treinta y cincuenta, ya hablaba de algoritmos y de la posibilidad de construir una máquina capaz de pensar, para aprender del pensamiento humano. De ahí surge el test de Turing, que evalúa si una máquina puede imitar la inteligencia humana sin que lo notemos. El cine de ciencia ficción lo explora con ejemplos como el test Voight-Kampff en Blade Runner, donde lo emocional es central, o películas como Her, donde el vínculo es solo con una voz.

Hombre sonriente con gafas y polo oscuro lee un libro iluminado, de frente, bajo un cielo nublado y vibrante, con edificios y árboles urbanos al fondo
Con asesoramiento del especialista en inteligencia artificial y tecnología Fredi Vivas, la ficción propone debates sobre emociones, tecnología y convivencia humana.

Pero nunca estuvimos tan cerca de esa realidad como ahora. Recuerdo que, mientras trabajábamos en México, Nico se preocupaba por el “momentum” y temía que la serie se quedara atrás por la velocidad de los avances. Yo pensaba que, aunque se estrenara más tarde, la discusión seguiría vigente, o incluso que hoy podríamos encontrar más robots en las casas.

—J.M.: Quisiera ir a sus propios pasados: ¿qué experiencias de consumos culturales sienten que los acompañaron para pensar y desarrollar esta historia? Pienso desde Los Supersónicos hasta El mago de Oz. ¿Qué hay de ese recorrido personal?

—L.P.: En mi caso, Ray Bradbury fue fundacional. Desde chica fui lectora de su obra, y más tarde de Philip K. Dick. Esas lecturas a los doce o trece años abren un mundo al que no se vuelve, y marcan para siempre. Después vino el cine, que se sumó a ese universo literario.

‘Futuro desierto’, la serie de ciencia ficción que mezcla androides, secretos y tensión familiar
La serie, filmada en Chiapas y Ciudad de México por Gaumont, mezcla tensiones familiares, aislamiento y avances tecnológicos.

—N.P.: 2001: Odisea del espacio y Solaris son referencias obvias, pero cuando era chico, la ciencia ficción que nos inquietaba era Robotech, sobre todo la tercera generación. También series como V: Invasión Extraterrestre, que no era solo entretenimiento, sino que realmente te agitaba. Más adelante, Ex Machina fue de las películas recientes que más me impactó, porque plantea que esto está a la vuelta de la esquina y genera incomodidad en el presente. Sobre el concepto de alineamiento —o “alignment”—, me parece importante distinguir entre el alineamiento que buscan las grandes empresas tecnológicas y el alineamiento que nos interesa a nosotros como padres, hijos o ciudadanos.

Hoy la discusión pasa por quién define el sesgo de las máquinas: si es solo el de las métricas y el consumo, que proponen las corporaciones, o si es posible construir modelos con una visión humanista, donde participen sectores abiertos, como el open source. Me preocupa que hoy la construcción de la inteligencia artificial sea un proceso cerrado y poco transparente, porque cuando la jaula del sesgo esté completamente formada, tal vez ya estemos adentro sin darnos cuenta. Por eso, este es el momento para reclamar apertura y que los valores humanos sean parte de esos nuevos desarrollos.

—L.P.: Por suerte, aunque la serie fue escrita hace cinco o seis años, avanza en esa dirección. Incluso al estrenarse en una plataforma, refleja muy bien lo que acaba de resumir Nico, pero prefiero que lo descubran los espectadores.

—J.M.: ¿Qué otros datos de la realidad, o proyecciones, aparecen en la serie? Pienso en la crisis de natalidad, en la sociedad longeva, en otros desafíos...

—L.P.: Junto con Leo, César y el equipo, nos preguntamos en qué mundos queríamos meternos. Sin revelar demasiado, abordamos temas como el duelo ante la muerte de un ser querido y la llegada de una réplica a la casa, en especial si se trata de un niño. También el reemplazo de humanos en el mundo laboral, las implicancias en la fe y la religión, y saberes muy específicos que la máquina puede llegar a imitar. Cada capítulo aborda uno de estos mundos, y creemos que son los principales espacios donde hay que pensar y debatir estos cambios.

‘Futuro desierto’, la serie de ciencia ficción que mezcla androides, secretos y tensión familiar
Elenco internacional interpreta personajes que enfrentan el duelo, la sustitución de humanos por máquinas y el desafío de nuevas formas de control social.

—N.P.: Hay un capítulo dedicado a una comunidad indígena en Chiapas, que abre una colisión de mundos fascinante. Los primeros episodios exploran distintos contextos donde aparece una máquina, casi como un prototipo.

—J.M.: Les hago una pregunta a los tres: ¿qué es más perturbador, que una máquina aprenda emociones o que las personas necesiten emocionalmente a la máquina?

—L.P.: Lo más inquietante, al menos para nosotros, fue dejar de mirar tanto a la máquina y preguntarnos qué nos pasa a los humanos frente a esa presencia. En este contacto íntimo, lo verdaderamente perturbador es lo que empieza a sucedernos a nosotros con las máquinas, más allá de lo que logre la tecnología.

—N.P.: A mí me preocupa que no llegamos lo suficientemente preparados a este momento de la evolución tecnológica. Como humanidad, seguimos discutiendo cuestiones básicas y, sin embargo, dimos un salto enorme. Si tuviéramos consensos claros sobre lo que es ser un buen humano, probablemente no nos darían miedo las máquinas; el problema es que detrás de cada máquina hay humanos diversos, algunos admirables y otros no tanto. Personalmente, no me asustan las máquinas, sino los humanos que las programan y el sesgo que les imprimen.

—F.V.: Lo que cuentan es muy relevante y está en discusión en todo el mundo. En la ONU, por ejemplo, se creó la iniciativa “Inteligencia Artificial para Países en Desarrollo”, y el año pasado participé de una convención en Viena donde se debatía sobre alineación y ética en IA. Se plantean preguntas fundamentales: si la IA replica la inteligencia humana, ¿qué parte de esa inteligencia debe imitar? No hay reglas claras. Por eso existen iniciativas como Stop Killer Robots, una ONG que busca evitar el desarrollo de armas autónomas, algo que ya está ocurriendo. La discusión es urgente y no es ciencia ficción: es parte del presente.

‘Futuro desierto’, la serie de ciencia ficción que mezcla androides, secretos y tensión familiar
Futuro Desierto. Karla Souza como Sara in Futuro Desierto. Cortesía de Netflix.

El elenco reúne actores de distintas escenas iberoamericanas y acompaña esa mezcla entre intimidad familiar y tensión tecnológica que atraviesa toda la serie. José María Yazpik interpreta a Alex, el psicólogo que acepta participar del programa experimental mientras atraviesa el duelo por la muerte de su esposa.

A su lado aparece Astrid Bergès-Frisbey como María, la androide construida para ocupar ese vacío dentro de la familia. También participan Karla Souza, Andrés Parra, Natalia Solián, Ilse Salas y Flavio Medina, dentro de una producción de Gaumont, el estudio detrás de series como Narcos, Lupin y El presidente. Filmada entre Chiapas y Ciudad de México, Futuro Desierto utiliza ese contraste entre naturaleza, aislamiento y tecnología para construir un escenario donde el futuro aparece incrustado en la vida cotidiana.

La historia sigue a Alex, un psiquiatra que atraviesa el duelo por la muerte de su esposa y acepta participar en un ambicioso experimento tecnológico que busca integrar androides de apariencia humana en la vida cotidiana.

Lucía Puenzo. Directora, guionista y escritora argentina nacida en Buenos Aires en 1976. Egresó de la ENERC y obtuvo reconocimiento internacional con XXY, premiada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes. También dirigió El niño pez, Wakolda y series como La Jauría. En 2010 fue seleccionada por la revista Granta entre los mejores narradores jóvenes en español.

Nicolás Puenzo. Director, guionista y director de fotografía argentino nacido en Buenos Aires en 1980. Egresado de la ENERC, trabajó como director de fotografía y dirigió episodios de Cromo y la película Los últimos. En Futuro Desierto comparte creación y dirección junto a Lucía Puenzo.

Fredi Vivas. Ingeniero en Sistemas especializado en inteligencia artificial, machine learning y big data. Es cofundador y CEO de RockingData y docente de programas de IA y datos en la Universidad de San Andrés. Fue becario de Singularity University y publicó los libros ¿Cómo piensan las máquinas?, Generación IA e Invisible, centrados en inteligencia artificial, algoritmos y vínculos humanos. Participa como divulgador y conferencista sobre el impacto social y cultural de la tecnología.

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