
La situación que plantea la trama de “Por mano propia” es la de la toma de un geriátrico por las personas que se alojan en él, como una reacción desesperada ante una situación de violencia por parte del personal.
Como suele suceder ante los escándalos, de inmediato llega la televisión para transmitir en vivo los acontecimientos y entrevistar a vecinos que en general saben poco o nada de lo que realmente sucede.
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Una puesta y recursos sencillos resuelven bien los diferentes escenarios en que se desarrolla la historia. Aunque algo estereotipadas, están presentes en la obra todas las situaciones habituales en los asilos de ancianos que no cumplen con humanidad el servicio al cual están destinados.
Mala comida, trato displicente o autoritario, hijos que no visitan a sus padres internados o lo hacen muy esporádicamente, cuando no se pelean entre ellos echándose mutuamente en cara el abandono, etcétera. Y cosas mucho más graves, que ya entran en el plano del delito, como el apoderamiento de bienes mediante maniobras fraudulentas o extorsión a personas que están en situación de vulnerabilidad.
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“¡Abuelo, las pelotas!”, grita uno de los personajes en un momento, apuntando contra la costumbre, enojosa para muchos adultos mayores, de tratarlos de “abuelo” o “abuela”. A veces la intención es cariñosa pero no deja de ser condescendiente.
Del mismo modo que el infantilizar a los viejos: “Son todos como niños nuestros abuelos”, le dice la directora del geriátrico al profesor de música que viene a entretenerlos y hacerlos cantar. Pero los “abuelos” le piden temas de rock pesado.
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Quizás haya cierta estigmatización de los geriátricos, a la que esta obra no escapa y que hasta puede estar justificada por las evidencias de atención deficiente y malos tratos en muchos establecimientos del rubro a lo largo de los años. Pero también es cierto que existen muchas instituciones que funcionan bien y brindan un trato más que digno a las personas internadas. La clave, como en todo, está en el control y supervisión de estas entidades que debe llevar adelante el Estado, tanto en los geriátricos públicos como en los privados que, al igual que en el caso de las escuelas privadas, reciben fondos estatales, en este caso vía PAMI.

Volviendo a la obra, lo interesante es que el elenco tiene la edad del rol: no son jóvenes disfrazados sino una troupe de actores maduros que, aunque tal vez no tan viejos como sus personajes, no necesitan mucho disfraz ni maquillaje.
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Con la dirección general de Silvia Silva, y producida por Bouleverse, la obra de Eleonora Lotersztein -que también actúa en ella- fue declarada de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Se estrenó el 5 de octubre pasado y se da todos los domingos a las 18 horas en el Teatro La Máscara (Piedras 736, en el barrio de San Telmo). Entradas de precio accesible con descuento a jubilados, por supuesto.

El elenco, además de Lotersztein, se completa con Jorge Cantero, Teresa Abdallah, María del Carmen Toro Ramos, Juan Maiztegui, Alejandro Stordeaur, María Buscaglia, Susana Fantini, Omar Gómez, Karina Palacios y Christian Álvarez.
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