(Infografía: Marcelo Regalado)
(Infografía: Marcelo Regalado)

En medio de estrictas medidas de seguridad, los mandatarios del G20 ya llegaron a Buenos Aires y el tiempo de secretismo terminó: cada uno de ellos ya están alojados en los hoteles que eligieron.

La logística no fue sencilla. La Unidad Técnica del G20 tuvo que coordinar el tetris para que todos queden contentos y que las delegaciones, en algunos casos muy numerosas, puedan estar bajo un mismo techo.

El principal problema fue que, como la Argentina pregonó austeridad en la organización no costeó los hoteles de las delegaciones extranjeras, como sí hizo Alemania en Hamburgo, por ejemplo. Esta vez cada uno pagará su cuenta… Y así, la libertad que da la independencia financiera se transformó en un dolor de cabeza para los hoteles más exclusivos de Buenos Aires, porque algunos hicieron dos o tres reservaciones hasta que decidieron dónde quedarse.

Otro tema muy importante a tener en cuenta fue la seguridad de esos espacios. Los empleados de los hoteles debieron pasar un estricto control nacional y extranjero; además de que se ajustó hasta el último detalle de los horarios laborales de los empleados.

Algunos, los más conservadores o más celosos de sus privacidad, decidieron alojarse en las residencias oficiales de sus países o en sus embajadas. Allí, en territorio propio, tienen todo más controlado. El príncipe saudita Mohammed Bin Salman fue por esta opción… Mejor estar resguardado que encontrarse en los pasillos de un hotel con otra delegación.

Ya instalados, empieza el tiempo de agasajarlos. Que se vayan contentos de Buenos Aires no solamente depende de buenos acuerdos comerciales o de que de la Cumbre salga un documento ambicioso y consensuado, sino de que también se sientan bien atendidos.

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