
La disputa por los festejos del 4 de julio en California sumó este año un caso que expone un cambio de fondo: Long Beach perdió su show Big Bang on the Bay después de que la California Coastal Commission solo aceptara una versión con drones.
Según Los Angeles Times, la decisión refleja el avance de regulaciones, litigios ambientales y temores por la contaminación y los incendios.
Desde 2020, la comisión costera aprobó 26 exhibiciones de fuegos artificiales y rechazó una sola: la de Big Bang on the Bay.
En los últimos años, celebraciones del 4 de julio en el Rose Bowl, Grand Park, Hansen Dam, Morro Bay y Lake Cunningham, en San José, pasaron de la pirotecnia a los drones.
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La tendencia también podría alcanzar en 2027 al Big Bay Boom del Puerto de San Diego. Jeff Palm, analista de la comisión, explicó a Los Angeles Times que cada espectáculo se revisa de manera individual, aunque existe una orientación del organismo para impulsar la transición hacia drones.
La cancelación de Big Bang on the Bay
John Morris, organizador del evento de Alamitos Bay, intentó revertir la decisión este año, pero la junta mantuvo su postura.
El resultado fue la cancelación de una celebración que se había realizado durante 14 años y que reunía a 1.300 personas en Alamitos Bay y a más de 100.000 en las playas cercanas, con un despliegue de 20 minutos.
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“Por supuesto que se trata de fuegos artificiales. ¿Vamos a ser los únicos del país que no pueden tener fuegos artificiales? Tiene que ser una broma”, dijo Morris ante la comisión en una audiencia del año pasado, citado por Los Angeles Times.
La California Coastal Commission tiene a su cargo la protección del agua, la vida marina, el ambiente y el acceso a la costa.
Desde esa jurisdicción, orientó a distintos grupos hacia el uso de drones, considerados una alternativa con menor impacto ambiental que la pirotecnia tradicional.
Los funcionarios de la comisión sostuvieron que el organismo rara vez usa su autoridad para prohibir de manera directa los fuegos artificiales.
En el caso de Long Beach, Kate Huckelbridge, directora ejecutiva de la comisión desde hace tres años, defendió la resolución y reconoció el malestar local, en parte porque el evento también funcionaba como recaudación para programas comunitarios.
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“Es lamentable que se haya convertido en un tema político”, afirmó Huckelbridge. El 1 de mayo, la comisión envió a Morris una carta con dos alternativas: aceptar el espectáculo con drones o lanzar fuegos artificiales desde “una ubicación adyacente a lo largo de la costa de Long Beach que siga siendo visible desde el lugar del evento”.
Morris rechazó esa salida. “Ni siquiera respondí; solo están cubriéndose”, declaró. “Lo único que quieren es imponer su agenda de espectáculos con drones”.
Ese mismo día, cuando la cancelación quedó confirmada, la ciudad de Long Beach pidió autorización para hacer su propio espectáculo junto con los fuegos artificiales del Queen Mary en el puerto.
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El barco, de propiedad municipal, no está bajo jurisdicción de la comisión por su ubicación, pero la ampliación del show fuera del puerto sí lo está, y el permiso fue aprobado solo para este año.
Tradición, incendios y pelea política
La discusión sobre fuegos artificiales y drones ya se instaló en las guerras culturales del verano en California. Influencers conservadores cuestionaron con dureza a los sectores contrarios a la pirotecnia y apuntaron en especial contra Huckelbridge.
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El congresista republicano Ken Calvert, de Corona, presentó en abril un proyecto para suspender temporalmente regulaciones estatales y federales que limitan los fuegos artificiales de cara al 250° aniversario de Estados Unidos. La iniciativa sigue en comisión.
“Los estadounidenses celebran el Día de la Independencia comiendo panchos, tarta de manzana y viendo fuegos artificiales, y no voy a dejar que lunáticos de izquierda detengan eso”, dijo Calvert al anunciar la propuesta.
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Más tarde agregó al medio que las comunidades quieren “un espectáculo tradicional” y calificó la situación de “una locura”.
El trasfondo de seguridad alimenta esa pulseada. En el sur de California proliferan los fuegos artificiales ilegales en torno al 4 de julio, y esos artefactos provocaron incendios y víctimas graves.
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En la víspera de la fecha, más de 130 bomberos combatieron un incendio con explosiones de pirotecnia en un barrio residencial de Pacoima que alcanzó cuatro casas, dejó un hombre muerto y a una mujer con quemaduras críticas.
También se informó la muerte de un adolescente de 17 años en una explosión causada por fuegos artificiales en South Los Angeles.
En otro caso citado en la publicación, la fiscalía del condado de Yolo acusó a Samuel Machado de almacenar ilegalmente 1 millón de libras de pirotecnia en su propiedad y de usar su cargo en las fuerzas de seguridad para proteger la operación de controles.
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Los drones ganan espacio
Empresas del sector ya empezaron a adaptarse a la convivencia entre ambos formatos. Stephen Vitale, director ejecutivo de Pyrotecnico, una firma de Pensilvania que se presenta como el mayor proveedor de espectáculos de fuegos artificiales del país, contó que hace cuatro años incorporó drones por el aumento de la demanda.
Vitale aseguró que los drones “cuentan una historia” y generan su propio asombro entre los espectadores, pero no cree que vayan a reemplazar pronto a la pirotecnia. El año pasado, su empresa montó 80 shows con drones en todo Estados Unidos y este año espera duplicar esa cifra.
Según el ejecutivo, los espectáculos con drones requieren más planificación y todavía resultan más costosos para el cliente que un show de fuegos artificiales de duración y escala similares. Aun así, espera que esa diferencia de precio se reduzca con la mejora de la tecnología.
En California, algunas ciudades ya oscilaron entre ambas opciones. En 2024, Laguna Beach y Redondo Beach cambiaron a drones y en 2025 volvieron a los fuegos artificiales.
En Goleta, en cambio, la transición iniciada el año pasado se mantuvo y ya fue autorizado otro espectáculo con drones para el próximo 4 de julio.
La presión no llega solo desde los organismos públicos. El mes pasado, la fundación Coastal Environmental Rights Foundation cerró un acuerdo en una demanda contra SeaWorld San Diego, donde alegaba que los shows de fuegos artificiales sobre el agua dañaban el ambiente.
Para evitar años de litigio y altos costos legales, el parque aceptó avanzar gradualmente hacia los drones. Tenía aprobados 110 espectáculos en un año, con hasta 1.000 drones.
“Ahora es más popular porque los drones están entrando cada vez más en la corriente principal”, dijo Livia Beaudin, abogada de Coast Law Group y directora legal de CERF. “Con los drones como alternativa, creo que es más fácil convencer al público general”.
La resistencia de los defensores de la tradición también tiene una raíz histórica.
La relación entre los fuegos artificiales y la independencia de Estados Unidos se remonta a los primeros años del país, y en California las celebraciones con pirotecnia llevan más de 140 años: un artículo del 1 de julio de 1882 en el Los Angeles Daily Times anunciaba un espectáculo en el área de Los Ángeles con “cohetes variados con meteoros de lluvia dorada”, y otro texto de 1886 describía en Long Beach una “gran exhibición de fuegos artificiales desde el muelle oceánico”.
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