La temporada de incendios de 2026 en Estados Unidos encendió las alertas entre autoridades y expertos por el aumento de la sequía, la escasez de nieve y una reorganización federal que, según fuentes oficiales, deja al país ante una de las situaciones más riesgosas de los últimos años.
El National Interagency Fire Center (NIFC), organismo encargado de coordinar la respuesta federal ante incendios forestales, informó que hasta el 31 de mayo se habían quemado 2,4 millones de acres (aproximadamente 971.000 hectáreas), casi el doble del promedio de la última década para esta fecha.
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Este incremento en la superficie afectada anticipa una temporada crítica, especialmente en el oeste, según reconoció el propio NIFC en su reporte mensual.

El impacto de los incendios en Los Ángeles y el antecedente de 2025
La preocupación se profundiza en sectores técnicos y políticos tras los incendios que devastaron Los Ángeles en enero de 2025, donde, según datos de CAL FIRE y el NIFC, murieron al menos 31 personas y más de 16.000 edificios resultaron destruidos.
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El impacto de ese evento marcó un punto de inflexión en el debate sobre la gestión forestal y la preparación institucional.
Según explicó el NIFC, la superficie total quemada en 2025 fue de alrededor de dos tercios del promedio de la última década, una cifra baja en comparación con años previos, pero la tendencia de 2026 muestra una aceleración preocupante.
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Factores ambientales: sequía, nieve escasa y déficit hídrico
Entre los factores ambientales que elevan el riesgo, la combinación de sequía y una capa de nieve excepcionalmente baja figura como principal amenaza para la seguridad de las comunidades.
De acuerdo con la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), la temporada invernal dejó un manto de nieve muy inferior a lo habitual en cordilleras clave como las Rocosas y la Sierra Nevada de California.
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“Tras un invierno templado, la acumulación de nieve fue una de las más bajas en años recientes”, informaron fuentes de la NOAA. Este déficit reduce el efecto amortiguador del deshielo en los bosques, lo que incrementa la vulnerabilidad ante el avance de las llamas.
El déficit hídrico no solo afecta a las montañas. Según el U.S. Drought Monitor, la humedad del suelo a nivel nacional se mantiene por debajo de los valores normales para esta época, un dato que el propio NIFC calificó de “preocupante” en su último análisis.
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Grandes áreas del sudeste, el sur de las Llanuras y el oeste montañoso concentran los mayores déficits. De cara al verano, la cuenca alta del río Colorado y la región de Four Corners —donde convergen Utah, Colorado, Arizona y Nuevo México— encabezan la lista de zonas con mayor exposición al riesgo.
En este contexto, la situación de California resulta ambigua. Si bien registró lluvias intensas durante el año, la escasez de nieve persiste como una incógnita. “California es un poco más impredecible. No estoy seguro de cómo va a evolucionar”, afirmó Daniel Swain, científico del clima de la University of California Agriculture and Natural Resources, en declaraciones recogidas por Inside Climate News.
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La incertidumbre climática se extiende a otras regiones debido a la influencia del monzón norteamericano, que suele llevar tormentas a Arizona y Nuevo México entre julio y septiembre.
Según la NOAA, el fenómeno de El Niño podría intensificar estas precipitaciones, aunque existe el riesgo de tormentas eléctricas secas capaces de iniciar incendios en vegetación reseca, tal como sucedió en agosto de 2020.
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Reorganización federal y disminución de la capacidad operativa
El escenario se complica por los cambios administrativos en el aparato federal de combate a incendios. En junio de 2025, Donald Trump emitió una orden ejecutiva para consolidar los programas de incendios forestales de los departamentos de Agricultura e Interior, según confirmaron portavoces de ambas agencias.
A raíz de esa decisión, Doug Burgum, secretario del Interior, anunció la creación de un nuevo U.S. Wildland Fire Service. Sin embargo, la falta de fondos asignados por el Congreso y el escepticismo legislativo demoraron la implementación de la iniciativa.
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El proceso de reorganización coincidió con una reducción significativa de personal. Un análisis de la plantilla federal elaborado por Inside Climate News con datos de la Oficina de Administración de Personal muestra que el Departamento del Interior perdió cerca del 17% de sus empleados durante el segundo mandato de Trump, mientras que el Forest Service registró una merma del 11%.
El propio NIFC reconoció que la cantidad de trabajadores con certificación red card —habilitación obligatoria para integrar equipos de gestión de incendios— no se publica, aunque sindicatos y expertos advierten sobre la escasez de personal calificado.
La disminución de recursos humanos se refleja en las tareas de prevención. Según el Center for Western Priorities de Denver, el Forest Service trató en 2025 aproximadamente un 35% menos de superficie con quemas prescritas, aclareos y limpieza de matorral en comparación con 2024.
Esta reducción deja a las comunidades “más expuestas al riesgo de incendios catastróficos”, concluyó la organización en un reporte citado por Inside Climate News. Al ser consultado sobre estos datos, el Departamento del Interior declinó realizar comentarios.
La dotación de bomberos forestales sigue siendo motivo de debate. Al 11 de mayo, el Forest Service anunció contar con casi 10.500 bomberos forestales, además de unos 10.000 empleados no vinculados al fuego pero entrenados para cubrir funciones esenciales en emergencias, según confirmó la agencia a Inside Climate News.

Sin embargo, exbomberos y representantes sindicales sostienen que estos objetivos de plantilla resultan insuficientes frente a incendios cada vez más intensos. “No estamos hablando de bomberos que ganan USD 150.000 al año como un bombero urbano. Sus salarios base son de USD 60.000 a USD 70.000. Se le está pidiendo muchísimo a una fuerza laboral de la que no se ha cuidado”, expresó Bobbie Scopa, secretaria ejecutiva de Grassroots Wildland Firefighters.
Las proyecciones para la temporada 2026 mantienen la expectativa en vilo. Tanto el NIFC como la NOAA coinciden en que el desenlace dependerá de la evolución de las precipitaciones y de la capacidad institucional para responder a eventos extremos.
La combinación de factores climáticos, reorganización administrativa y menor capacidad operativa configura un escenario de alta alerta para el país, con especial atención a las regiones históricamente más afectadas por incendios forestales.
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