La Universidad Harvard limitará las calificaciones A que pueden recibir sus estudiantes de pregrado desde el ciclo académico de 2027, una reforma aprobada por votación docente que busca frenar la inflación de notas y devolver valor a expedientes que, según sus impulsores, habían dejado de distinguir con claridad el desempeño académico real.
La votación fue de 458 profesores a favor y 201 en contra. El cambio fijó un tope de 20% de calificaciones A por curso, con la posibilidad de sumar hasta cuatro estudiantes más. La medida no impuso límites a las A- ni a las demás notas y será revisada después de tres años. Por ejemplo, en una clase de 100 alumnos, solo se podría otorgar hasta 24 sobresalientes, informaron Associated Press, CBS Boston y The New York Times.
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Esto responde a que, en los últimos años, las notas más altas se volvieron mayoría en Harvard. Más del 60% de todas las calificaciones otorgadas a estudiantes de pregrado quedó dentro del rango de A, frente al 40% en 2015 y el 20% en 2005.
Harvard busca que una A vuelva a distinguir un rendimiento excepcional
La subcomisión docente que diseñó la propuesta sostuvo en un comunicado que “el profesorado de Harvard votó a favor de que sus calificaciones signifiquen lo que dicen significar”. En esa misma declaración, el grupo afirmó que “una calificación A en Harvard ahora les dirá a los estudiantes, así como a los empleadores y a las escuelas de posgrado, algo real sobre lo que un estudiante ha logrado”.
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La universidad también aprobó reemplazar el promedio general de notas por el rango percentil promedio al comparar estudiantes para honores, premios y distinciones. En cambio, fracasó una propuesta separada que habría permitido a algunos cursos evitar el tope de A si adoptaban un sistema de aprobado/no aprobado con una nueva designación SAT+ para desempeños excepcionales.
El profesor de psicología de Harvard Joshua Greene, integrante de la subcomisión, explicó a Associated Press que la reforma busca reducir “la tiranía del expediente académico perfecto”. Su argumento es que, si las calificaciones máximas dejan de ser tan frecuentes, los estudiantes podrían sentirse más libres para asumir riesgos académicos y concentrarse en aprender, en lugar de proteger un historial impecable.
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Por su parte, Amanda Claybaugh, decana de educación de grado de Harvard, definió la inflación de notas como “un problema complejo y espinoso” que mucha gente reconoce, pero que nadie había resuelto. Asimismo, afirmó: “Esta es una votación trascendental. Creo que fortalecerá la cultura académica de Harvard”.

El rechazo estudiantil se concentró en la competencia y el estrés académico
La reforma fue resistida por una amplia porción del alumnado. Zach Berg y Daniel Zhao, copresidentes de la Asociación de Estudiantes de Grado de Harvard, explicaron en una declaración citada por Associated Press y CBS Boston que reconocen los problemas del sistema actual, sin embargo, lamentaron que las opiniones estudiantiles “no se hayan tenido en cuenta durante todo el proceso de toma de decisiones”.
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La estudiante Abidah Shaikh aseveró a WBZ-TV: “Parece que habrá más competencia y ya de por sí es una competencia estar allí”. Tallulah Paris dijo al mismo medio: “Creo que es realmente perjudicial para el ambiente de un aula”.
Rachel Carp, estudiante de la Escuela de Negocios de Harvard, detalló a CBS Boston que teme que la medida deje en desventaja a quienes aspiren a estudios posteriores: “Me pregunto si las facultades de medicina, las facultades de derecho y otros programas de posgrado exigentes también lo entenderían y, posiblemente, tendrían expectativas de promedio académico más bajas”.
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Hyunsoo Lee, estudiante de segundo año de Harvard y representante académico del gobierno estudiantil de la universidad, declaró en The New York Times que cerca del 94% de los aproximadamente 800 alumnos consultados en una encuesta rechazó el tope de calificaciones o expresó reservas.
Lee señaló que muchos fundamentaron su postura en el miedo a que crezca la competencia entre pares y caiga la colaboración. También indicó que, para parte del estudiantado, la disputa por un cupo limitado de notas máximas elevará el estrés académico y afectará la salud mental; además, reducirá la disposición a probar caminos nuevos y a anotarse en cursos de áreas poco familiares.
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La reforma reabre un debate nacional sobre la inflación de notas
La inflación de notas diluye el significado de las calificaciones. Cuando la mayoría de los estudiantes obtiene una A, ese resultado deja de servir como indicador útil para empleadores, comités de admisión de posgrado y para los propios alumnos al medir su dominio de los contenidos.
Esta problemática no es exclusiva de Harvard. Los promedios en universidades públicas y privadas sin fines de lucro de cuatro años en Estados Unidos subieron más de 16% entre 1990 y 2020, informó Associated Press.
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En consecuencia, Harvard no es la primera universidad de élite que intenta contener este fenómeno. La Universidad de Princeton adoptó en 2004 una política para limitar al 35% las notas en el rango de A y la abandonó una década después tras críticas de que perjudicaba a sus estudiantes en la competencia por empleos y admisiones a posgrado.
Alisha Holland, profesora de gobierno en Harvard, copresidenta de la subcomisión y exalumna de Princeton, explicó a Associated Press que Harvard diseñó una política más acotada, limitada solo a las A y no a las A-, con la intención de evitar un impacto fuerte en los promedios. Holland la definió como una “reforma a favor del estudiante”.
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El científico cognitivo y profesor de psicología en Harvard, Steven Pinker, celebró el resultado en un correo enviado a la agencia de noticias: “Durante demasiado tiempo, los profesores que se mantenían firmes con material exigente y estándares altos veían desplomarse sus matrículas”. Añadió que no abordar el problema convirtió a “las universidades en motivo de burla nacional”.
Por otro lado, Stuart Rojstaczer, exprofesor de la Universidad de Duke que lleva años siguiendo la inflación de notas en las universidades de Estados Unidos, declaró: “Durante muchos años, el profesorado de Harvard sostuvo que sus estudiantes merecían todas esas calificaciones excelentes. Esto representa un verdadero cambio cultural”. Luego planteó dos incógnitas: “¿Se adoptará esta política en otros lugares? ¿Se mantendrá a largo plazo? Es difícil predecirlo”.
Ray Fair, profesor de economía de la Universidad de Yale que investigó la inflación de calificaciones, consideró que fijar un tope a las A en Harvard iba en el sentido adecuado y podría generar consecuencias que trasciendan el propio campus: “Harvard podría ser la clave en todo esto. Si lo implementan, podría influir en otras universidades”.
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