
Un docente de la Universidad Cornell desafía las normas digitales actuales al exigir que sus alumnos escriban en máquinas de escribir manuales, con el propósito de frenar la proliferación de trabajos generados por inteligencia artificial y restituir a los estudiantes la experiencia analógica de la escritura sin asistencia digital.
Desde la primavera de 2023, Grit Matthias Phelps, profesora de alemán en la institución, frustrada por leer trabajos generados por IA, comenzó a implementar ejercicios que excluyen pantallas, correctores automáticos y traductores. Cada semestre, sus estudiantes se enfrentan a máquinas que conocen solo por referencias cinematográficas y que, para muchos, representan tanto una novedad como un desafío físico. La docente adquirió varias docenas de estos dispositivos en mercados de segunda mano y tiendas especializadas, integrándolos a lo que denomina “tareas analógicas” dentro de su programa académico, según detalló The New York Post.
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Este fenómeno forma parte de una tendencia nacional, dado que varias universidades en Estados Unidos han retomado exámenes escritos en papel y pruebas orales como estrategia para limitar el uso no autorizado de tecnologías digitales y de inteligencia artificial en la elaboración de trabajos.
El impacto de la escritura analógica en estudiantes nacidos en la era digital
El contacto con la máquina de escribir evidenció cuán ajenas resultan estas herramientas para los estudiantes actuales. Catherine Mong, de diecinueve años y estudiante de primer año, indicó a Associated Press: “Estaba muy confundida. No tenía ni idea de lo que estaba pasando. Había visto máquinas de escribir en películas, pero no te explican cómo funcionan”.
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Para Mong y sus compañeros, incluso tareas básicas, como colocar el papel o enfrentar la ausencia de una tecla de borrado, requirieron una explicación técnica. La profesora guió al grupo paso a paso y llevó a sus hijos, de siete y nueve años, para que actuaran como asistentes técnicos y verificaran que nadie utilizara el teléfono móvil durante el ejercicio.
Por su parte, el estudiante de ciencias de la computación Ratchaphon Lertdamrongwong subrayó en declaraciones a la misma agencia de noticias que el desafío va más allá del aprendizaje mecánico y transforma la interacción social y cognitiva en el aula: “Me di cuenta de que la diferencia con escribir a máquina no radica solo en cómo interactúas con la máquina de escribir, sino en cómo interactúas con el mundo que te rodea. Mientras escribía el ensayo, tenía que hablar mucho más, socializar mucho más, lo cual supongo que era normal en aquel entonces”.
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El universitario también explicó que la imposibilidad de corregir errores de manera inmediata lo obligó a reflexionar cuidadosamente cada frase: “Puede que suene mal, pero me vi obligado a pensar en el problema por mi cuenta en lugar de delegarlo en la IA o en la búsqueda de Google”, declaró a la agencia estadounidense.

Lecciones más allá de la caligrafía: error, creatividad y memoria tangible
La experiencia implicó incluso desafíos físicos inesperados. La mayoría de los estudiantes comprobó que sus meñiques carecían de fuerza suficiente para utilizar todas las teclas, por lo que recurrieron a un tecleo lento y selectivo con los índices.
Mong, quien recientemente había sufrido una fractura de muñeca y solo podía usar una mano, quedó particularmente sorprendida por la dificultad de mantener el texto limpio y por las marcas evidentes de cada corrección. “El trabajo que entregué estaba lleno de marcas de lápiz y definitivamente no se veía limpio ni bien terminado. Pero es parte del proceso de aprendizaje, uno sabe que va a cometer errores”, señaló a Associated Press.
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El impacto de la escritura analógica se potencia con la manera en que los alumnos reinterpretan la página en blanco. Mong experimentó con los márgenes y la disposición visual de los versos en homenaje a la estética de E.E. Cummings. Respecto a los errores que cometió en el proceso, la estudiante compartió con la agencia estadounidense: “Probablemente los cuelgue en mi pared. Me fascinan las máquinas de escribir. ¡Les conté a todos mis amigos que hice un examen de alemán en una máquina de escribir!”.
Así, la propuesta de la profesora Phelps no busca únicamente desarrollar destreza ni apela solo a la nostalgia, sino que promueve la incorporación de un proceso de aprendizaje en el que la lentitud y el error adquieren centralidad. “Todo se ralentiza. Es como en el pasado, cuando realmente hacías una sola cosa a la vez y eso era motivo de alegría”, reflexionó la docente en Associated Press.
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