
Un programa de ejercicio supervisado podría reducir el riesgo de que el cáncer de colon regrese, con una eficacia comparable a la de ciertos medicamentos. Así lo demuestra un ensayo clínico en fase 3, publicado este domingo 1 de junio en la revista New England Journal of Medicine y presentado en la reunión anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO) en Chicago.
El estudio, liderado por el oncólogo Christopher Booth de la Universidad de Queen’s (Canadá), siguió durante ocho años a casi 900 pacientes con cáncer de colon en estadio 3 o en estadio 2 de alto riesgo, que ya habían sido tratados con cirugía y quimioterapia.
Los resultados muestran que quienes se integraron a un programa de actividad física personalizado y progresivo tuvieron una reducción del 28% en el riesgo combinado de recaída del cáncer, aparición de un nuevo tipo de cáncer o muerte.
“Aprobamos fármacos con beneficios similares o incluso menores que este”, afirmó la doctora Julie Gralow, directora médica de ASCO, al destacar la relevancia del hallazgo en declaraciones citadas por NBC News.

El diseño del estudio
La investigación incluyó a pacientes de seis países, con una edad promedio de 61 años. Aproximadamente el 90% de ellos había sido diagnosticado con cáncer de colon en estadio 3, el cual tiene una tasa de recurrencia cercana al 35% en los cinco años posteriores al tratamiento.
Tras finalizar la fase aguda del tratamiento oncológico, la mitad de los participantes fue asignada aleatoriamente a un programa de ejercicio supervisado, mientras que la otra mitad, el grupo de control, recibió únicamente un folleto con recomendaciones generales para mantenerse activo y comer saludablemente.
El objetivo del programa fue alcanzar un incremento de 10 horas MET semanales. La unidad MET (equivalente metabólico de una tarea) mide la energía que gasta el cuerpo al realizar una actividad. Por ejemplo, caminar a paso ligero durante una hora equivale a 4 horas MET.

Durante el primer año, los pacientes del grupo de intervención se reunían cada dos semanas con un entrenador, que podía ser un fisioterapeuta, preparador físico o kinesiólogo.
En los siguientes dos años, las sesiones con el coach eran mensuales. Los planes se adaptaban al estilo de vida y las preferencias previas de cada persona. “Para la mayoría, esto se traducía en caminar a paso rápido durante 45 minutos, cuatro veces a la semana”, explicó Booth.
Impacto en la salud y la supervivencia
Ocho años después del tratamiento, el 90% de quienes siguieron el programa no habían sufrido recaídas ni nuevos diagnósticos, frente al 83% del grupo de control. En términos absolutos, murieron 41 de los 445 pacientes del grupo activo, frente a 66 de los 444 que no siguieron el programa.
Además, quienes hicieron ejercicio también mostraron menor incidencia de otros tipos de cáncer, como el cáncer de mama y otros cánceres colorrectales. En contraste, el grupo control acumuló entre 5,2 y 7,4 horas MET menos por semana, lo que equivale a entre 1,5 y 2,25 horas menos de caminata rápida.

“La pregunta que los oncólogos reciben con frecuencia tras la quimioterapia es: ‘¿Qué más puedo hacer, doctor?’ Ahora tenemos una respuesta con respaldo científico: un programa estructurado de ejercicio puede mejorar los resultados”, afirmó Booth.
¿Por qué funciona?
Aunque los mecanismos aún no están completamente claros, los investigadores sugieren que el ejercicio regular podría afectar el metabolismo, la composición corporal y los niveles de insulina, lo cual tendría posibles efectos anti-tumorales.
Estudios previos ya habían mostrado beneficios similares en personas que se mantenían activas tras el diagnóstico. “El ejercicio debería ser parte del tratamiento estándar del cáncer de colon”, sostuvo la doctora Nancy You, del Centro Oncológico MD Anderson en Houston.

Sin embargo, los expertos también reconocen los desafíos. Incorporar hábitos de actividad física sostenidos no es fácil, especialmente en pacientes que no eran activos antes del diagnóstico o que no cuentan con acceso a entrenadores. Por ello, algunos médicos como Booth insisten en la necesidad de que los seguros médicos cubran programas de este tipo.
El estudio es el primero en asignar aleatoriamente a pacientes con cáncer de colon a un programa de ejercicio estructurado. Confirma que no basta con recomendar actividad física: el acompañamiento profesional marca la diferencia.
“Lo emocionante de este hallazgo es que valida lo que antes solo sospechábamos: quienes hacen ejercicio tras el diagnóstico pueden reducir significativamente su riesgo de recaída y aumentar su supervivencia”, concluyó el doctor Jeffrey Meyerhardt, del Dana-Farber Cancer Institute de Boston.
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