En mayo de 2017, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunió por primera vez con el papa Francisco durante una visita oficial al Vaticano, en el marco de su primera gira internacional como jefe de Estado durante su primer mandato. El encuentro tuvo lugar el miércoles 24 en el Palacio Apostólico, tras las escalas previas de Trump en Arabia Saudita, Israel y los territorios palestinos, y se desarrolló bajo estrictas normas protocolarias y una notable tensión derivada de las posturas contrapuestas entre ambos líderes en temas como el cambio climático, la migración y la política exterior.
A pesar de las diferencias ideológicas y los cruces verbales que antecedieron a la audiencia, la cita transcurrió de forma cordial durante los aproximadamente treinta minutos que duró la conversación privada entre el pontífice argentino y el presidente estadounidense.
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La reunión de los jefes de Estado
La primera reunión entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el papa Francisco estuvo cargada de simbolismo, tensiones protocolarias y gestos cuidadosamente medidos, en un contexto de marcadas diferencias ideológicas. En medio del hermetismo del encuentro privado de treinta minutos, lo que trascendió con mayor nitidez fue una broma inesperada del pontífice, dirigida a Melania Trump, que generó una reacción de sorpresa y alivió momentáneamente el ambiente formal.
El encuentro tuvo lugar en la Biblioteca Apostólica del Vaticano, dentro del Palacio Apostólico, donde ambos líderes estrecharon la mano y posaron para los fotógrafos. Las imágenes difundidas mostraron a un Trump sonriente y al papa con un gesto serio. El contraste de expresiones marcó el tono de una reunión cuya preparación se había desarrollado bajo la sombra de múltiples desacuerdos públicos entre ambos.
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Francisco y Trump ya habían intercambiado declaraciones críticas antes de verse cara a cara. En 2016, el papa cuestionó la propuesta del entonces candidato presidencial de construir un muro en la frontera con México, afirmando que “las personas que solo piensan en levantar muros y no en tender puentes no son cristianas”. Trump calificó aquella declaración como “vergonzosa” y acusó al papa de ser un “instrumento del gobierno mexicano”. Desde entonces, ninguna de las partes ofreció disculpas públicas.

La primera gira de Trump como presidente
La reunión en el Vaticano representó la tercera parada de la primera gira internacional de Trump como presidente, después de visitar Arabia Saudita, Israel y los territorios palestinos. Acompañado de su esposa Melania, su hija Ivanka Trump y su yerno Jared Kushner, el mandatario llegó al Vaticano en medio de un riguroso protocolo que incluyó escoltas de los “gentilhombres” del papa y la tradicional Guardia Suiza.
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La elección del vestuario de Melania, un vestido negro con velo, atrajo la atención mediática. Aunque las reglas sobre la vestimenta femenina para audiencias papales se han flexibilizado en años recientes, la primera dama de origen esloveno optó por respetar plenamente la tradición. Según explicó un vocero del Vaticano citado por la BBC, aunque no hay normas estrictas, el protocolo sugiere que las mujeres lleven ropa sobria y la cabeza cubierta. Melania solicitó además la bendición de un rosario.
En contraste, Ivanka Trump —quien se convirtió al judaísmo tras su matrimonio con Kushner— también usó velo en el Vaticano, pese a no haberlo hecho durante su visita a Arabia Saudita. Como señaló la BBC, a las extranjeras no se les exige cubrirse la cabeza en el reino saudí, una obligación que aplica solo a ciudadanas locales.
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Un intercambio de regalos cargado de mensajes
Tras la reunión privada, Trump presentó al papa a su delegación y participó en el tradicional intercambio de obsequios. Francisco entregó al presidente estadounidense tres documentos: su encíclica “Laudato Si” sobre el cambio climático, un mensaje por la Jornada Mundial de la Paz de 2017 y un medallón con una rama de olivo, símbolo de la paz.
Según informó el Vaticano, los documentos transmitían un claro mensaje sobre las prioridades del pontífice, entre ellas la protección del medio ambiente y el compromiso con la resolución pacífica de los conflictos globales. La entrega de la encíclica ocurrió pocos días antes de que la Casa Blanca anunciara la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París, lo que acentuó la carga política del gesto.
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Trump respondió con una caja que contenía la primera edición de cinco libros escritos por Martin Luther King Jr., incluyendo “The Strength to Love” (1963), firmado por el propio activista. También regaló una pieza del monumento a King en Washington y una escultura de bronce que, según la Casa Blanca, representa “la esperanza en un mañana pacífico”. Adicionalmente, la delegación estadounidense entregó al papa una fotografía del discurso que Francisco pronunció ante el Congreso de Estados Unidos en 2015, donde citó a King como referente moral.

La broma sobre la potizza
En un ambiente inicialmente marcado por la rigidez y la distancia, uno de los momentos más comentados ocurrió al final del encuentro, durante el saludo a Melania Trump. Según informaron Deutsche Welle, BBC y CNN, el papa Francisco, en tono distendido, le preguntó a la primera dama: “¿Le da de comer, potizza?”, en referencia a su esposo.
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Melania, visiblemente sorprendida, respondió entre risas: “Sí, delicioso”. La potizza es un pastel tradicional esloveno, elaborado con masa fermentada y rellenos como nueces, semillas de amapola o queso, típico del país natal de Melania.
La frase fue interpretada por los presentes como una broma ligera del pontífice, que provocó una respuesta relajada de la primera dama y ayudó a suavizar el protocolo. Aunque breve, el comentario se destacó en los medios como uno de los pocos gestos cálidos en una reunión donde ambos líderes mostraron poca complicidad.
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Además de la broma, el papa bendijo el rosario de Melania y compartió otro momento distendido con Ivanka y Jared Kushner. Después de la audiencia, la delegación estadounidense recorrió la Capilla Sixtina y la Basílica de San Pedro, en una visita que cerró el tramo religioso del viaje de Trump por las tres principales religiones monoteístas.
Sin detalles del diálogo privado
El contenido de la conversación privada entre Trump y Francisco no fue revelado ni por la Casa Blanca ni por el Vaticano. Según un comunicado oficial, ambos líderes discutieron “la promoción de la paz en el mundo a través de la negociación política y el diálogo interreligioso”. La duración del encuentro superó los veinte minutos habituales para este tipo de audiencias, extendiéndose hasta media hora.
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Al finalizar, Trump agradeció al papa y afirmó: “Gracias, no voy a olvidar lo que ha dicho”. Más tarde, en su cuenta de Twitter, escribió: “Honor de por vida haber conocido a Su Santidad el papa Francisco. Dejo el Vaticano más decidido que nunca a buscar la PAZ en nuestro mundo”.
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