
En el último año fiscal, las donaciones a la Universidad de Harvard experimentaron una caída significativa del 15%, pasando de 1.38 mil millones de dólares a 1.17 mil millones, según un informe financiero reciente.
Esta disminución se produjo en un contexto tumultuoso, marcado por protestas en el campus y decisiones administrativas controvertidas, particularmente en relación con el manejo de la universidad de las tensiones tras el ataque de Hamas a Israel en octubre de 2023. Este evento desató una ola de manifestaciones pro-palestinas en varios campus universitarios, incluido Harvard, lo que atrajo críticas de donantes destacados.
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Uno de los puntos más preocupantes fue, según The Wall Street Journal (WSJ), la caída del 34% en las donaciones al fondo de dotación de la universidad, que es crucial para el funcionamiento a largo plazo de Harvard, ya que representa el 37% de los ingresos anuales de la institución, y su disminución podría impactar la estabilidad financiera de la universidad en los próximos años.

A pesar de esta caída, el fondo de dotación logró un retorno positivo del 9.6% durante el año fiscal, lo que elevó su valor total a 53.2 mil millones de dólares, el más grande en cualquier universidad del mundo.
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De acuerdo con Business Insider, este descenso en las donaciones ha sido en parte el resultado de las acciones de importantes donantes que decidieron pausar o detener su apoyo financiero debido a la percepción de que Harvard no respondió adecuadamente a las tensiones relacionadas con las protestas pro-palestinas y las denuncias de antisemitismo en el campus.
Uno de los donantes más conocidos, el multimillonario Ken Griffin, dejó de hacer aportes financieros debido a lo que consideró una falta de firmeza en la defensa de los valores occidentales por parte de su alma mater. Por su parte, la fundación familiar del inversionista Len Blavatnik también detuvo sus donaciones a finales del año pasado.
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Las repercusiones de estos eventos no solo afectaron las finanzas de la universidad, sino también su liderazgo. Claudine Gay, quien ocupaba la presidencia de la institución, renunció en enero de este año tras recibir críticas sobre cómo gestionó las denuncias de antisemitismo en el campus, así como por una serie de acusaciones de plagio.

La comunidad de Harvard se vio envuelta en una controversia mayor cuando dos grupos de trabajo de la universidad publicaron un informe en junio en el que se detallaba que tanto estudiantes judíos, musulmanes y árabes habían sido víctimas de acoso y discriminación en el campus, lo que subrayaba la gravedad de la situación.
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A pesar de los retos enfrentados, el nuevo presidente de Harvard, Alan Garber, mostró una actitud optimista en su declaración en el informe financiero, recogida por el Financial Times. Afirmó que, aunque algunos compromisos financieros habían sido decepcionantes en comparación con años anteriores, existían señales de mejora para el futuro.
Garber enfatizó que la universidad está trabajando activamente en “reconstruir no sólo un sentido de pertenencia, sino también una aceptación genuina entre los miembros de nuestra comunidad”. Además, destacó que las donaciones a corto plazo, es decir, aquellas que la universidad puede gastar de inmediato, aumentaron un 8.6% a 527.7 millones de dólares, la segunda cifra más alta en la historia de Harvard.
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A nivel financiero, Harvard también se enfrenta a un desafío importante: el crecimiento de sus gastos operativos ha superado el de sus ingresos operativos por segundo año consecutivo.
Ritu Kalra, directora financiera de la universidad, explicó al WSJ, que parte de esta discrepancia se debe a inversiones estratégicas a largo plazo en áreas como la infraestructura tecnológica y la inteligencia artificial. Sin embargo, advirtió que la universidad deberá ser más prudente en el futuro, ya que este ritmo de gasto no será sostenible sin un crecimiento paralelo en los ingresos.
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Kalra también hizo hincapié en la importancia de una gestión responsable del fondo de dotación, señalando que está compuesto por más de 14,600 subfondos diferentes, muchos de los cuales están destinados a propósitos específicos, como financiar escuelas o programas particulares dentro de la universidad. “Esto nos obliga a gastar de manera responsable, ya que debemos ser capaces de apoyar a futuras generaciones de estudiantes y académicos, incluso si enfrentamos períodos de menor crecimiento económico”, añadió.
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