
Ha de ser raro haber estudiado en la escuela a un poeta y, años más tarde, tenerlo de comentarista, tan luego elogioso, de los propios poemas, pero eso le sucedió a Leslie Sainz, quien presenta el sábado 18 de noviembre su primer libro, Have You Been Enough at Table, en Miami Book Fair. Ella estudió la obra de Richard Blanco, el poeta que leyó en la asunción de Barack Obama, el primero latino, inmigrante y gay que desempeñó ese papel. Y es el premiado Blanco, el autor de Directions to The Beach of the Dead y How To Love a Country, quien escribió sobre el libro de Sainz: “Es un logro que capta con destreza imágenes vívidas del desplazamiento y trasciende fronteras e idiomas”.
Ha de ser raro, sí, pero acaso Sainz se sienta como pez en el agua en la extrañeza, nacida y criada en Miami de padres exiliados de Cuba en la niñez, que no le compartieron recuerdos sobre el lugar porque no los tenían —el padre salió de la isla con dos años; la madre, con cuatro— , y en cambio le inculcaron su perspectiva política sobre la revolución cubana, con Fox News a todo parche en el televisor de la sala. Y luego, al entrar en la universidad, conoció otras perspectivas, y conoció la literatura cubana, y trató de llegar al corazón de la relación entre la isla y Estados Unidos.
Su vínculo personal con Cuba es complicado. “Aunque fuera de visita —cosa que aún no he tenido la oportunidad de hacer, pero lo deseo profundamente, aunque con sentimientos encontrados— no sabría adónde ir. Mis padres no crecieron en la isla”, resumió en diálogo con Infobae. “Así que creo que mucho de lo que este libro trata de capturar es la disonancia entre tipo de escuchar tantas historias, casi mitologías, de esta patria ancestral y no tener un retrato exacto hecho de la experiencia propia”.
Have You Been Enough at Table —título que Sainz tomó prestado de El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, y lo cubrió de capas de sentidos— intenta una reconciliación de esa mezcla de recuerdos e imaginaciones alrededor de un lugar que la historia dejó fuera del alcance de algunas generaciones de una familia que, con todo, se sigue sintiendo de allí. Como dijo Blanco: “Cuba es el corazón que late en estos poemas”. La escritura del libro llevó ocho años, hasta la selección final de poemas, y cinco versiones.
Raíces cubanas de una estadounidense

Leslie Sainz es muy joven pero ha sido tres veces finalista de la National Poetry Series, recibió la beca de poesía del National Endowment for the Arts y trabaja como editora gerente de New England Review, en la helada Vermont, tan lejos de Miami donde creció. Su lengua es el inglés, por lo cual “en el propio libro, gran parte del español que se habla es hablado por otras personas”, analizó. No se considera una hablante muy fluida del castellano, pero eso de algún modo estableció un deseo, y si bien es tímida actualmente trabaja en fortalecer el idioma.
“Tengo familiares que me hablan exclusivamente en español, y yo les respondo en inglés, lo que creo que es una práctica lingüística intergeneracional muy común”, contó. “Pero me encanta el idioma, es absolutamente hermoso. Siento que es otra pieza que me falta para entenderme a mí misma y saber de dónde vengo. De niños, a mi hermano y a mí nuestros padres no nos hablaban en español. Quizá para que nos sintiéramos tan estadounidenses como fuera posible. Pero en cierto modo, el español se convirtió en un arma contra nosotros: cuando mis padres hablaban de él o de mí entre ellos, sólo lo hacían en español. Así que se sentía como algo fuera de nuestro alcance”.
—Algunos de los poemas del libro aluden a las crisis migratorias más famosas entre Cuba y Estados Unidos: “Ño”, dedicado “a los balseros” y “Miguelito/Marielito”, por ejemplo. ¿Por qué le interesaron esos eventos?
—La crisis de los balseros, como la migración del Mariel y la resistencia que encontraron los inmigrantes cubanos en el sur de Florida en la década de 1980 ha influido mucho en mi comprensión de cómo la diáspora se ha asentado y hecho su hogar en Estados Unidos. Son historias que mi familia me enseñó desde muy joven: por ejemplo, el primo de mi padre, Miguelito, era un marielito. Como hija de inmigrantes, quería localizar esos momentos históricos que todavía tienen impacto emocional: a la mayoría de los que vienen a este país les resuena la experiencia de huir de otro en busca de seguridad, libertad, estabilidad económica, oportunidades. Espero que estas historias sirvan como lente para entender otras migraciones. También me interesaron para hacer las paces con lo que significa para mí haber nacido aquí con este ADN. Contar las historias de los antepasados que me precedieron para comprender los espacios que ocupo.

—“Conjugate/Demonstrate” aborda de manera muy potente esa cuestión. ¿Cómo nació?
—Le estaba dando los toques finales al manuscrito, pensaba acerca de la autoimplicación. No he estado en la isla. No hablo español con fluidez. Si iba a hablar la política de la isla y cómo se entrecruza con la política exterior de Estados Unidos, mi objetivo número uno era nunca pretender hablar en nombre del pueblo cubano. Eso era primordial desde un punto de vista ético. Así que no dejaba de pensar en lo que significaría conjugar en inglés ciertos verbos con carga, casi basados en la identidad. Me pareció una forma de reconocer mi punto de vista como autor. Sí, nací aquí. No, no hablo español con fluidez, pero crecí en un hogar que tenía un tremendo orgullo por su herencia cubana.
—La misma pregunta sobre “Self-Determination Theory”.
—Continúa con el tema de la implicación, pero centrada en mis padres. Pensaba en la evolución ideológica que experimenté de joven, en lo que significa haber sido adoctrinado en una serie de ideales o creencias conservadoras. Y me vi envuelta en una especie de investigación de esta identidad nacionalista que creo que mis padres asumieron cuando vinieron a Estados Unidos, y ciertamente cuando formaron una familia. Son preguntas que tenido desde hace mucho tiempo, y todavía me quedan muchas. Tengo una buena relación con mis padres y, una vez que superé el obstáculo psicológico de enfrentarme a ellos en la página, todo se unió y escribí casi en un trance, una noche.
Los Orishas, la Milagrosa y Elena de Hoyos

A lo largo de las páginas de Have You Been Enough at Table, una serie de sonetos dedicados para los orishas de las religiones afrocaribeñas —Eleguá, Changó, Ogún, Obatalá, Orula, Ochún— funcionan como una suerte de puntuación; a la vez, dos poemas dedicados a dos mujeres cubanas, una en cada orilla del estrecho que separa Estados Unidos de Cuba, cuentan sus historias tristísimas. En ambos casos se trata de maneras en que la “patria ancestral” se abrió camino en la historia de Leslie Sainz mediante los relatos familiares.
“Mi tío Miguelito solía pintar arlequines y autorretratos”, recordó. “Pero otro de sus temas principales eran los orishas. Cuando yo era chica y lo visitábamos y veía esos increíbles retratos gigantes, tan coloridos y conmovedores. Siempre parecieron hermosos. Y mi propia curiosidad me llevó a ciertas investigaciones independientes. Y en el sur de Florida se ven botánicas (tiendas que venden artículos para ritos afrocubanos) por todas partes, es difícil no encontrar información sobre la santería y ese tipo de cultos”.
Preguntando supo que su abuela materna había tenido en sus casa altares para honrar a Eleguá y Oshún. “Y eso realmente despertó mi curiosidad. Con mis conexiones culturales tan cortadas, sentí que los sonetos podían honrar a Miguelito, honrar a Nydia, mi abuela, conectar con ellos a través de lo que creían”. La forma —el soneto— surgió por causalidad: un día observó que, a medida que avanzaba en esta colección, terminaba los poemas en la línea 14. “Sentí una especie de epifanía y empecé a trabajar cada nuevo poema en la forma contenedora del soneto americano”.
En cuanto a La Milagrosa, su tumba es una visita obligada en cualquier viaje a La Habana. Amelia Goryi de la Hoz se casó con José Vicente Adot contra la oposición de la familia. En 1931, cuando estaba en el octavo mes de embarazo, sufrió una preeclampsia y murió. Tenía 24 años y fue enterrada con el bebé que no llegó a nacer acomodado entre sus piernas. Adot iba al cementerio dos veces por día y le rogaba: “Despierta, mi Amelia”. Trece años después del entierro, José Vicente abrió la tumba para sepultar a su padre y quiso ver los restos de su mujer. Al abrir el ataúd, cuenta la leyenda, vio el cuerpo de Amelia incorrupto y el del bebé en su brazo izquierdo. Así la representa la escultura de José Villalta de Saavedra, pero de pie y con una cruz en la mano derecha.

“Varios iconos espirituales y culturales cubanos son mujeres”, contó Sainz la creación del poema. “Haciendo mi investigación surgió La Milagrosa, una historia con la que ya estaba familiarizada. Siempre había jugado con la idea de escribir algo que reconociera su legado y el tipo de peregrinaje que sucede ahora en ese cementerio: las mujeres de todo el mundo visitan el lugar donde descansa y su estatua para pedir una bendición para su propia fertilidad. Ese tipo de energía mítica global me resultó fascinante”.
La historia de Elena de Hoyos también tiene que ver con la muerte. Era una joven cubano-estadounidense, hija de un fabricante de puros de Key West. Enfermó de tuberculosis y en el hospital un médico, Carl von Cosel, enloqueció al conocerla. Le ofreció a la familia de Elena una cura experimental, que hoy se consideraría tortura; la cortejó violentamente, sin escuchar su rechazo. Elena murió en 1931 de tuberculosis y, probablemente, mala praxis. Pero el abuso de Von Cosel no terminó con su muerte: robó el cadáver y se escondió con él en una casa cerca del mal, tratándolo para tapar su descomposición. Murió en 1952 por su propia mano, junto a la máscara mortuoria de Elena.
“A mi madre le encanta ver History Channel”, comenzó Sainz el relato sobre este poema, “y en un programa sobre lugares encantados de Estados Unidos mencionaban a Elena de Hoyos”. Sainz se sorprendió por el enfoque de la narrativa: “Se enmarcaba como una historia retorcida de amor. Me sorprendió lo deshumanizada que estaba Elena. Y su historia me ha perseguido durante muchos años. En la escuela de posgrado intenté escribir un poema en su memoria, pero no pude hacerlo. Me resultaba muy difícil penetrar en los relatos existentes sobre su vida y lo que ocurrió después. Quise volver a intentarlo para honrar su vida como ella la vivió, excavar cada detalle que pude sobre de lo que ella era como mujer joven y lo que le importaba”.
Leslie Sainz en Miami Book Fair
Microcosmos de historia: lectura y conversación con cuatro poetas debutantes (en inglés). La autora presenta Have You Been Enough at Table en una mesa redonda con otras tres escritoras que hacen lo mismo con sus libros: Bethany Breitland con Fire Index, Erin Marie Lynch con Removal Acts, Sahar Muradi con Octobers. Moderación a cargo de Soleil Garneau.
Cuándo: sábado 18 de noviembre, 12:30pm
Dónde: Edificio 8, Sala 8303 del Campus Wolfson del Miami-Dade College, en Downtown Miami (300 NE Second Ave, Miami, FL 33132)
Evento gratuito
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