La calle de Escocia que conecta un castillo medieval, un palacio de la familia real, las historias de Harry Potter y siglos de leyendas

La Royal Mile atraviesa el casco medieval de Edimburgo y reúne callejones centenarios, catedrales y mansiones que narran la historia de la ciudad

Royal Mile, en Edimburgo. (Russell Cheyne/Reuters)
Royal Mile, en Edimburgo. (Russell Cheyne/Reuters)
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Una fortaleza levantada sobre una roca de origen volcánico vigila desde el siglo XII el extremo occidental de esta calle de 1,8 kilómetros que termina en la residencia moderna de la familia real británica en Escocia. Entre ambos puntos, hay cientos de callejones ‘olvidados’ que guardan siglos de leyendas, los escenarios de Harry Potter y algunos de los edificios, callejones y leyendas más antiguos de la capital escocesa. Hablamos de la Royal Mile de Edimburgo.

En realidad, la Royal Mile no es una vía única, sino la sucesión de cuatro calles: Castlehill, Lawnmarket, High Street y Canongate. El nombre se le dio durante el siglo XVI por su extensión, equivalente a una milla escocesa antigua de 1.814 metros, y porque conecta los dos edificios más vinculados a la corona del país: el Castillo de Edimburgo y el Palacio de Holyroodhouse. El castillo se construyó sobre una roca volcánica y funcionó como prisión, sede de tropas y residencia real hasta 1633. En su interior se conserva la capilla románica de Santa Margarita, el edificio más antiguo de la ciudad, además de las joyas de la corona escocesa, conocidas como los Honores de Escocia. En el extremo opuesto de la Royal Mile, el Palacio de Holyroodhouse creció a partir de una abadía del siglo XII hasta convertirse en la residencia oficial de la familia real británica en Escocia.

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La Royal Mile se organiza en seis zonas diferenciadas. Castlehill y Castle Esplanade son los tramos más antiguos, situados junto a la entrada del castillo; este último espacio se utilizó para la quema de brujas durante la Edad Media y hoy acoge el Royal Edinburgh Military Tattoo, el festival militar que se celebra cada agosto. Lawnmarket, que debe su nombre a un antiguo mercado de lino, reúne la mayor densidad de tiendas de recuerdos de toda la calle. Allí se encuentra Gladstone’s Land, una vivienda del siglo XVI rehabilitada para visitas y gestionada por el National Trust for Scotland desde 1934, cuando el edificio estaba en vías de demolición.

High Street concentra algunos de los símbolos más reconocibles de la ciudad, entre ellos la catedral de St. Giles, con más de 900 años de historia. Frente a su entrada, un mosaico de granito conocido como el Corazón de Midlothian marca el lugar donde se ubicaba la antigua prisión de la ciudad, demolida a inicios del siglo XIX. La tradición local sostiene que es el único tramo de pavimento de Edimburgo donde está permitido escupir sin recibir una multa. Canongate fue un burgo independiente hasta 1856. En el cruce con Jeffrey Street, unas baldosas metálicas señalan la ubicación de la antigua puerta que separaba ambos territorios, junto al pub The World’s End, llamado así porque para muchos vecinos marcaba el límite del mundo conocido. El tramo final, Abbey Strand, conduce hasta la Plaza del Parlamento y el Palacio de Holyroodhouse.

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Una torre del castillo de Escalona, en Toledo, se ha derrumbado este sábado por la mañana sin causar heridos. Turistas presentes grabaron el momento y difundieron el vídeo, donde se aprecia cómo la torre colapsa y genera una gran nube de polvo. Las autoridades han acordonado la zona y se investigan las causas del desplome.

Callejones que apenas superan el ancho de una persona

A lo largo de la Royal Mile sobreviven medio centenar de callejones estrechos, conocidos como closes, de los más de 300 que llegó a tener la ciudad. Son tan angostos que permiten tocar ambas fachadas al mismo tiempo. Uno de los más conocidos es Mary King’s Close, señalado como uno de los focos de la epidemia de peste que afectó a Edimburgo en 1645.

Por uno de estos pasajes se accede al Museo de los Escritores, instalado en una mansión de 1622 que honra, entre otros autores, a Robert Louis Stevenson, nacido en la ciudad en 1850. El escritor definió a Edimburgo como “una curiosidad” y comparó el atractivo de sus edificios antiguos con el de las vitrinas de un coleccionista. Y a pocos metros de la Royal Mile, la escritora J.K. Rowling encontró parte de la inspiración para el universo de Harry Potter mientras escribía en cafés del centro de Edimburgo.

En el tramo de High Street, frente al antiguo Tribunal Superior, se encuentra además la estatua del filósofo David Hume, cuyo dedo del pie permanece pulido por los estudiantes que lo tocan antes de los exámenes en busca de buena suerte.

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