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Las islas en medio del océano Pacífico que albergan más de 100 volcanes: un clima extremo y el riesgo permanente de desastres naturales

La amenaza continua de terremotos, erupciones volcánicas o tsunamis son la seña de identidad de un territorio que tiene una población de apenas 20.000 habitantes

Severo-Kurilsk está ubicada en la isla de Paramushir, en el archipiélago Kuril. (Wikimedia)
Severo-Kurilsk está ubicada en la isla de Paramushir, en el archipiélago Kuril. (Wikimedia)
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Son muchos los lugares del mundo que sorprenden por tener unas características que hacen que sobrevivir en ellos no sea, precisamente, una tarea sencilla. Pero tampoco imposible. Este es el caso de las Islas Kuriles. Ubicadas en medio del océano Pacífico, destacan por su clima extremo, las escasas conexiones con el continente y el riesgo permanente de sufrir desastres naturales, ya sea terremotos, erupciones volcánicas o tsunamis. Aunque lo cierto es que su belleza, su riqueza cultural e histórica y la naturaleza que las rodea hace que sean un gran atractivo turístico.

La superficie terrestre de las islas Kuriles se acerca a la de Israel o Eslovenia, y representa cerca de la mitad de Bélgica, aunque su población apenas llega a 20.000 personas. La mitad de los habitantes reside en tres localidades principales: Severo-Kurilsk, Kurilsk y Yuzhno-Kurilsk. Curiosamente, las dos primeras tienen rango de ciudad pese a albergar menos personas que la otra, que figura oficialmente como “asentamiento de tipo urbano”. El resto de la población se distribuye en pequeñas aldeas y campamentos de pescadores, activos solo en verano.

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La vida en las Kuriles transcurre en un entorno marcado por la escasa densidad poblacional y la actividad estacional. Las condiciones de vida pueden variar considerablemente a lo largo del año, especialmente durante los cortos y suaves veranos, cuando la actividad en los pueblos pesqueros aumenta y la población local experimenta un breve resurgimiento.

La isla de Paramushir, de acceso restringido y marcada por el tsunami de 1952

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El viaje hacia el sur de las islas Kuriles comienza en Severo-Kurilsk, ubicada en la isla de Paramushir. Se accede únicamente por barco desde Petropavlovsk-Kamchatsky, ya que no existen vuelos regulares ni aeropuerto, aunque sí un helipuerto de uso eventual. El acceso está restringido y requiere permisos fronterizos previos; a la llegada, los visitantes deben registrarse con las autoridades locales, quienes verifican la identidad de cada persona con rigor. Esta zona fronteriza mantiene un control estricto sobre quienes la visitan.

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La historia de Severo-Kurilsk está marcada por el desastre: en 1952, un tsunami arrasó la ciudad original y causó numerosas víctimas, un hecho que las autoridades soviéticas mantuvieron oculto durante décadas. Las ruinas del casco antiguo, con edificios destruidos y calles invadidas por la maleza, contrastan con la localidad actual, reconstruida más lejos de la costa. El nuevo Severo-Kurilsk dispone de servicios básicos, como tiendas, escuelas y un centro de salud, aunque las condiciones de vida siguen siendo difíciles, especialmente en invierno, cuando el clima extremo obliga a los residentes a limpiar la nieve incluso dentro de sus viviendas.

La economía local se basa casi exclusivamente en la pesca, actividad que domina la vida en toda la cadena de las Kuriles. El turismo es muy limitado por las condiciones meteorológicas adversas y la escasa infraestructura. A pesar de las dificultades, los habitantes mantienen un fuerte sentido de comunidad y apego al lugar. La isla, de origen volcánico, cuenta con una planta eólica y carreteras de acceso sencillas, mientras el volcán Ebeco y las islas vecinas permanecen prácticamente inexploradas por visitantes.

La isla de Iturup, la tercera más grande del archipiélago Kuril

Kuril está situada en la isla de Iturup, la tercera más grande del archipiélago Kuril. (Wikimedia)
Kuril está situada en la isla de Iturup, la tercera más grande del archipiélago Kuril. (Wikimedia)

Kurilsk, situada en la isla de Iturup —la tercera más grande del archipiélago Kuril—, se encuentra entre Severo-Kurilsk al norte y Yuzhno-Kurilsk al sur. La llegada a Iturup se caracteriza por un ambiente tranquilo y, en el caso de los visitantes, la sorpresa de encontrar servicios básicos tras días de aislamiento. El acceso a productos sencillos como la cerveza marca el contraste con la vida en las islas más remotas.

La economía de Iturup está centrada en la pesca, aunque también destaca la presencia de depósitos de renio, un metal poco común. El volcán Kudryavy libera de forma natural una cantidad de renio superior a la producción anual mundial, aunque este recurso aún no se explota industrialmente en la isla, a pesar de su alto valor en el mercado internacional. Las construcciones en Kurilsk varían entre viviendas deterioradas en la periferia y un centro urbano recientemente renovado, con calles y aceras en buen estado.

A pesar de contar con solo 7.500 habitantes, la isla dispone de dos aeropuertos, uno de ellos inaugurado recientemente con categoría internacional. El turismo es limitado, pero existen atractivos naturales como las cataratas de agua caliente. Tras una breve visita, los viajeros suelen continuar hacia otros destinos del archipiélago, como Kunashir y Yuzhno-Kurilsk.

La isla Kunashir, la única deshabitada del archipiélago

Kunashir, donde se encuentra Yuzhno-Kurilsk, es la única isla del archipiélago en la que los visitantes permanecieron más de una noche, aunque la localidad no tiene rango oficial de ciudad pese a ser la capital administrativa. La economía local depende principalmente de la pesca, complementada por la presencia de funcionarios, guardias fronterizos y una base militar. El turismo es mínimo, con solo unos cientos de visitantes cada año, y los residentes prefieren mantener el acceso a los parajes naturales restringido a pequeños grupos.

La infraestructura de Yuzhno-Kurilsk se encuentra en proceso de modernización, con la construcción de una central eléctrica geotermal, una iglesia ortodoxa y nuevas viviendas. No obstante, la vida cotidiana mantiene rasgos tradicionales: es habitual ver vacas pastando libremente en las calles, una imagen más asociada a zonas rurales que a centros urbanos.

Durante la estancia, los visitantes pueden encontrar limitadas opciones gastronómicas en el centro de la localidad, pero el café del hotel destaca por su oferta de mariscos frescos y caviar local. Este tipo de experiencias resalta tanto la sencillez como la autenticidad de la vida en Kunashir, donde la hospitalidad y los productos del mar compensan la escasa oferta turística.

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