
A pocos kilómetros de Potes, encaramado en la ladera de la Sierra de la Viorna, el Monasterio de Santo Toribio de Liébana lleva más de diez siglos recibiendo peregrinos. Sus orígenes medievales se remontan a la devoción a Santo Toribio, obispo de Astorga, y entre sus muros custodia el Lignum Crucis, el fragmento más grande conservado de la cruz de Cristo. Pero el monasterio es solo la puerta de entrada a una comarca entera que el tiempo parece haber tratado con especial delicadeza. Liébana, encajonada entre los Picos de Europa y la cornisa cantábrica, es uno de los territorios más singulares del norte de España.
El aislamiento que durante siglos dificultó la vida en sus cuatro valles es también el responsable de que Liébana haya preservado una identidad propia, de casas de piedra y pizarra, tradiciones centenarias y una gastronomía de montaña de carácter potente. El río Deva vertebra este paisaje: nace en los Picos, atraviesa bosques y desfiladeros y llega al Cantábrico llevando consigo historias de comunidades que, pese al despoblamiento y la dureza del terreno, siguen apostando por su tierra.
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Potes, Tresviso y los pueblos que detienen el tiempo

Potes, la capital de la comarca, se construyó en la confluencia del Deva con el Quiviesa. Sus calles empinadas y estrechas conducen a la Torre del Infantado, del siglo XV y actual centro cultural, y a la iglesia de San Vicente, dos de los hitos que jalonan los barrios de El Sol y La Solana. Tras el recorrido, la tradición manda sentarse a recuperar fuerzas con el cocido lebaniego o con los quesos de la comarca, que son razón suficiente por sí solos para planificar el viaje.
A algo más de media hora en coche, Tresviso espera a 900 metros de altitud en el corazón de los Picos de Europa. Llegar hasta allí exige atravesar una sucesión de curvas que ascienden por el desfiladero de La Hermida (el desfiladero más largo de toda España), pero la recompensa es un pueblo de casas de piedra y techos de teja que funciona como balcón sobre un paisaje de vértigo. Desde aquí parte la senda de Urdón, junto a un río de montaña de aguas transparentes, y aquí madura el queso Picón Bejes-Tresviso, de sabor intenso y ligeramente picante, en las cavas calizas de la zona.
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El municipio de Vega de Liébana, el más extenso y montañoso de la comarca, ofrece otra cara del territorio: el río Quiviesa atraviesa bosques y campos de gran belleza, y pueblos como Vada presentan un catálogo de arquitectura de montaña y ermitas rurales. Enterría sirve de base para rutas de senderismo, y la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Tollo añade otra huella de la intensa presencia religiosa que define la comarca.
El monasterio, el Chalet Real y una mascarada de siglos

El Monasterio de Santo Toribio de Liébana es Monumento Nacional desde 1953. Además de su vinculación con Santo Toribio, el recinto es conocido por haber albergado en el siglo VIII al Beato de Liébana, cuyos Comentarios al Apocalipsis ejercieron una influencia profunda en la Europa medieval. La iglesia gótica del siglo XIII que protege el Lignum Crucis presenta la sobriedad característica de los templos levantados en la montaña durante la Edad Media. La visita es libre y gratuita, con horario de verano de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 horas.
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En la zona alta del municipio de Camaleño, a 1.670 metros de altitud, aparece uno de los elementos más inesperados de la comarca. El Chalet Real, una vivienda de estilo inglés prefabricada en el Reino Unido y transportada pieza a pieza hasta los Picos de Europa en 1912 por la Real Compañía Asturiana de Minas. Con capacidad para 18 personas, recibió entre sus muros al rey Alfonso XIII y contaba con electricidad, calefacción y cuartos de baño privados, comodidades extraordinarias para aquella época y aquel lugar.
La comarca guarda también tradiciones de raíces antiguas. En Piasca, los zamarrones protagonizan el Antruido, un carnaval recuperado en el siglo XXI que conserva una mascarada de siglos. Sus participantes visten ropas blancas, pieles y máscaras de aspecto monstruoso, con grandes cucuruchos cubiertos de papeles de colores y elementos animales con los que perseguían a los jóvenes del pueblo al son de los cencerros.
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Cómo llegar a Liébana
Para quienes prefieren el transporte público, opera una ruta de autobuses entre Potes y Santander con una frecuencia de tres servicios diarios y un trayecto de aproximadamente 2 horas y 15 minutos. Desde Potes, el monasterio de Santo Toribio se encuentra a solo 3 kilómetros. Se puede llegar hasta él en coche por la CA-185 hasta el desvío señalizado, o a pie en unos 45 minutos por el mismo trazado.
La opción más práctica es el coche. Desde Madrid, la ruta más habitual combina la A-1 con la N-621, con un recorrido de unos 400 kilómetros y aproximadamente 4 horas y 30 minutos de trayecto. La entrada a la comarca desde el norte se produce atravesando el desfiladero de La Hermida por la N-621, que conecta con Potes y continúa hacia Fuente Dé. Desde Santander, la distancia es de unos 115 kilómetros por esa misma carretera, con alrededor de hora y media de conducción.
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