
En España cada día mueren dos empleados en su puesto de trabajo. La mayoría de decesos se producen por infartos y en el sector servicios, según los datos que ha publicado el Ministerio de Trabajo en agosto sobre la siniestralidad laboral en el primer semestre de 2026. De todos los sectores, hay uno que suele pasar desapercibido, pero en el que cada año mueren trabajadores a un ritmo que pocos ámbitos igualan: la pesca. Entre pescadores, agricultores, personas que trabajan en construcción, industria y transporte, ha habido en los seis primeros meses del año hasta 42.426 muertes.
El informe publicado por el departamento que dirige Yolanda Díaz no concreta cuántos pescadores han perdido la vida, pero sí se puede decir que son de los que más sufren la siniestralidad laboral. Es un trabajo en el que se imponen las reglas del mar, incontrolables en muchas ocasiones, y en el que los márgenes de error son mínimos. Infobae ha hablado con voces del sector que coinciden en que la fatiga, la maquinaria y las condiciones meteorológicas forman la combinación más letal a bordo de un barco pesquero.
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José Manuel Fernández, técnico del Departamento de Condiciones de Trabajo en el Sector Agrario y Marítimo Pesquero del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), asegura que la actividad pesquera tiene una particularidad que la distingue de casi cualquier otra profesión: el lugar de trabajo y el hogar son el mismo espacio. “En ocasiones, el buque no solo es el lugar de trabajo, sino también el espacio donde vive la tripulación durante la marea”, explica. “Se trabaja, se descansa y se convive en un espacio reducido”, añade.

Esa superposición entre vida laboral y vida cotidiana tiene consecuencias directas sobre la seguridad. José R. Piñeiro, responsable del Sector Federal de Marítimo Portuario de UGT, lo describe así: el descanso a bordo “suele ser de baja calidad debido al medio en el que se encuentra el barco”, lo que provoca pérdida de atención, lentitud en la toma de decisiones y disminución de reflejos. La fatiga acumulada, advierte, genera además “una falsa sensación de seguridad”.
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Según José Manuel Fernández, los accidentes en la pesca se agrupan en dos grandes categorías. La primera engloba los accidentes marítimos: vuelcos, hundimientos, colisiones e incendios. La segunda comprende los accidentes operacionales, los que ocurren en cubierta durante las maniobras del día a día: atrapamientos durante el largado del arte, caídas al mar y golpes por elementos sometidos a tensión. Piñeiro añade a ese inventario las cubiertas resbaladizas y la rotura de cables, riesgos que se multiplican en las maniobras nocturnas.
Ambos coinciden en que detrás de cada accidente raramente hay una sola causa. “Normalmente son el resultado de la combinación de varios factores, como la fatiga, la rutina, una planificación insuficiente de las maniobras, deficiencias en el mantenimiento de equipos o falta de formación”, detalla Fernández.
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El riesgo varía según el arte de pesca
No todos los barcos pesqueros afrontan los mismos peligros. Piñeiro establece una gradación clara según la modalidad: el arrastre ocupa el escalón más alto de riesgo, con roturas de cables en tensión y atrapamientos como accidentes más frecuentes; el cerco presenta un riesgo alto, con golpes con aparejos y caídas al mar; el palangre tiene un riesgo medio, con enganches por anzuelos y golpes; y las artes menores se exponen sobre todo a vuelcos por mala mar y caídas al agua.

Fernández matiza que ninguna embarcación está exenta. En la flota de artes menores, la exposición a las condiciones del mar es mayor en aguas someras o de rompiente. En el arrastre, el riesgo se concentra en las maniobras con puertas y elementos bajo tensión. Y hay riesgos transversales a toda la flota: las caídas en cubierta, durante el embarque o a través de escotillas.
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En términos geográficos, el caladero Cantábrico-Noroeste concentra el mayor número absoluto de accidentes, algo que Fernández atribuye a que allí opera más de la mitad de la flota pesquera española y, por tanto, también una parte muy importante de la actividad. Sin embargo, cuando se analizan los datos en términos relativos, no se observan grandes diferencias entre comunidades autónomas. “Los accidentes están presentes, con distintas características, en todos los caladeros nacionales”, explica el técnico.
Una campaña construida desde los accidentes reales
Para hacer frente a esta realidad, la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (CNSST) puso en marcha en 2026 la campaña En el mar, cada detalle cuenta, coordinada técnicamente por el INSST. La iniciativa consiste en reforzar la cultura de la seguridad en el sector pesquero a través de mensajes claros, breves y aplicables al día a día a bordo y que se basan en accidentes reales. Muestra situaciones habituales, como maniobras con equipos, desplazamientos en cubierta o la gestión de la estabilidad del buque, y se abordan desde un enfoque práctico y cercano.
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“El objetivo es integrar la seguridad como parte del trabajo bien hecho, favoreciendo hábitos que contribuyan a una actividad más segura y profesional. Porque en el mar, la atención a cada detalle no solo mejora el trabajo, sino que también ayuda a desarrollar la actividad con mayor seguridad y confianza”, reza la campaña.
Las propuestas concretas de Piñeiro apuntan en la misma dirección: control estricto de los tiempos de trabajo y descanso, equipamientos más adecuados para la tripulación, control del peso de las capturas para evitar sobrecargas y más formación de calidad. “Hay que saber actuar con seguridad en estos entornos”, resume.
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