
Durante la Copa del Mundo de Fútbol 2026, que ganó España el pasado 19 de julio, se hizo muy viral una melodía que sonaba en cada celebración de gol de “La Roja”: LA GRACIOSA. Este hit de Quevedo y Elvis Crespo, que pertenece al nuevo álbum del español EL BAIFO, por si no era lo suficiente famoso, se dio a conocer internacionalmente.
Pero, más allá de la canción, La Graciosa es una isla de España que se considera la última isla virgen del país, y no precisamente porque sea un lugar que no ha sido habitado, sino porque ha permanecido prácticamente libre de urbanización masiva, a pesar de estar en uno de los archipiélagos que más turismo atraen de todo el país, el canario.
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En pleno archipiélago Chinijo, al norte de Lanzarote, se encuentra La Graciosa. Con apenas 734 habitantes censados en 2024, según el Instituto Nacional de Estadística, este islote de arena y paisajes volcánicos muestra en un entorno tan natural y salvaje que no hay ni un solo metro cuadrado asfaltado en toda la isla. Sorprende que todavía hoy, en pleno siglo XXI, pueda presumir de no tener carreteras. Así, mantiene un equilibrio singular entre la naturaleza y la vida humana que marca la diferencia de otros destinos turísticos de las Islas Canarias y que la convierte en un caso único en Europa.
Así es la última isla virgen de España
La Graciosa forma parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, uno de los espacios naturales más valiosos de Canarias, con una enorme riqueza marina y geológica. El acceso a la isla solo es posible por agua, mediante un ferry que parte desde el puerto de Órzola, en el norte de Lanzarote, y llega en unos 25 minutos a Caleta del Sebo, el principal núcleo urbano de la isla. Este trayecto, de poco más de seis kilómetros por el brazo de mar conocido como El Río, permite observar los acantilados del Risco de Famara o las Agujas Grandes y anticipa el paisaje volcánico y las playas que aguardan en la isla.
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Como es evidente en una isla, y más por las características de La Graciosa, sus playas son otro motivo de visita. Las aguas cristalinas color turquesa, junto a la vegetación propia de la Macaronesia, y su estado de conservación son un claro ejemplo de que lugares como Las Conchas, la más famosa, La Francesa o La Cocina mantienen una fisonomía casi inalterada respecto a siglos pasados. No hay hoteles frente al mar, ni paseos marítimos, ni urbanizaciones, lo que permite que el entorno natural se mantenga en un estado prácticamente original.
La vida en La Graciosa
Llegar a La Graciosa es desembarcar en otro mundo. Como si te adentrarás en una película del viejo oeste: calles de arena, ambiente tranquilo y muy pocos vehículos, casi ninguno en realidad. Uno de los motivos por los que el pavimento se mantiene en perfecto estado es precisamente porque los únicos medios de transporte autorizados son la bicicleta o el taxi 4x4 que recorre la isla. Sus casas blancas que sirven de vivienda a los pescadores, principal ocupación de los vecinos de la zona, se reparten en un territorio de 26,89 km² que se integra administrativamente en el municipio de Teguise, pero posee presupuesto propio para la gestión de sus servicios públicos.
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Fuera de los dos núcleos habitados, Caleta del Sebo y Pedro Barba, el resto de la isla pertenece al Patrimonio del Estado y su gestión corresponde al Organismo Autónomo Parques Nacionales. Sin embargo, durante la temporada alta, el número de visitantes puede superar los 300.000 al año, una cifra que pone en peligro su sostenibilidad y estabilidad natural.
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