Las vacaciones de invierno en Europa se complican por el nuevo sistema biométrico que genera filas de hasta cinco horas en los aeropuertos

Viajeros de todo el mundo enfrentan esperas de horas, vuelos perdidos y procedimientos dispares en los aeropuertos del espacio Schengen tras la entrada en vigor del registro digital de huellas y fotografías

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Bruselas ve "imposible" suspender el control digitalizado EES para aliviar esperas en aeropuertos este verano. (Europa Press)
Bruselas ve "imposible" suspender el control digitalizado EES para aliviar esperas en aeropuertos este verano. (Europa Press)

Cinco horas de espera para cruzar una frontera. Vuelos perdidos. Pasajeros a quienes se les pide repetidamente las mismas huellas dactilares. Esa es la realidad que viven este verano millones de viajeros no europeos en los aeropuertos del espacio Schengen, donde el nuevo Sistema de Entradas y Salidas (EES) de la Unión Europea ha desbordado la capacidad operativa de terminales en España, Italia, Francia, Polonia y otros países, en medio de la temporada de mayor afluencia turística del año. La Comisión Europea rechazó formalmente el martes la petición del sector de la aviación de suspender el sistema, al menos durante julio y agosto.

El EES, que entró en plena vigencia en abril de 2026, reemplaza el sellado tradicional de pasaportes por un registro digital que incluye fotografía facial y huellas dactilares de todos los viajeros no comunitarios que llegan al espacio Schengen —integrado por 29 países— para estancias de hasta 90 días en un periodo de 180. Desde su despliegue progresivo en octubre del año pasado, los aeropuertos han reportado un caos generalizado: procedimientos dispares, infraestructura insuficiente y filas que en horas punta de junio llegaron a superar las cinco horas de espera.

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La respuesta de Bruselas fue contundente. Desde la Comisión Europea, defienden que el sistema al señalar que “aumenta la seguridad de los ciudadanos de la UE al tiempo que reduce al mínimo el impacto para los viajeros legítimos de fuera de la UE”y aseguran que el EES ya registró 110 millones de viajes y denegó la entrada a 45.000 visitantes. Los funcionarios europeos reconocieron la existencia de “20 puntos conflictivos”, pero descartaron una suspensión total por considerarla “innecesaria e impracticable”, según recogió The Guardian.

La industria, al límite

El rechazo de Bruselas llegó días después de que tres de las principales organizaciones del sector —el Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI Europe), Airlines for Europe (A4E) y la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA)— enviaran una carta abierta a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la que describían la situación como un “punto crítico”. En el documento, las organizaciones pedían la suspensión preventiva del EES siempre que los volúmenes de pasajeros superen la capacidad operativa de los controles fronterizos, al menos durante julio y agosto, y la creación de un mecanismo permanente de flexibilidad para septiembre.

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El aeropuerto de Barajas el día de la primera prueba del nuevo sistema de control de fronteras automatizado, el 9 de octubre de 2025. (Europa Press)
El aeropuerto de Barajas el día de la primera prueba del nuevo sistema de control de fronteras automatizado, el 9 de octubre de 2025. (Europa Press)

“El sistema está socavando la reputación de Europa, el turismo europeo y la conectividad”, advertía la carta. Los firmantes subrayaron que el EES “no está cumpliendo uno de sus objetivos principales: facilitar el paso eficiente de las fronteras y, al mismo tiempo, mantener el buen funcionamiento de la red de transporte europea”.

Ryanair, la aerolínea de bajo coste más grande de Europa, fue más directa. Su director de operaciones, Neal McMahon, afirmó que los viajeros de verano se ven obligados a “soportar un caos innecesario en los controles de pasaportes”, y añadió que “no se debería utilizar a los pasajeros y a sus familias como conejillos de indias para un sistema de control de pasaportes a medias”. La compañía ya alertó a sus clientes sobre “importantes trastornos” en siete aeropuertos: Tenerife Sur, Palma de Mallorca, Alicante y Málaga en España; Milán-Bérgamo en Italia; Cracovia en Polonia; y París-Beauvais en Francia.

Un sistema fragmentado

Parte del problema reside en la falta de uniformidad en la implementación. Algunos aeropuertos cuentan con quioscos de autoservicio para el registro biométrico; en otros, los agentes de control fronterizo procesan a los pasajeros de forma manual. Solo Suecia y Portugal permiten actualmente el uso de una aplicación móvil para el prerregistro. El objetivo a largo plazo es que el sistema sea completamente automatizado, pero la agencia europea de fronteras Frontex admitió que la estabilización del proceso de registro biométrico podría tardar hasta dos años.

La encuesta de ACI Europe entre 85 aeropuertos de 20 estados miembros reveló que, en las horas punta de junio, los pasajeros aguardaban hasta cinco horas para completar el control de entrada. A ello se suma otro problema: aunque el EES está diseñado para almacenar los datos de cada viajero durante tres años, varios visitantes reportaron que se les solicitó repetidamente sus datos biométricos, lo que generó demoras adicionales y confusión.

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La directora general del aeropuerto de Berlín, Aletta von Massenbach, declaró que los ciudadanos no europeos enfrentan colas de hasta dos horas y que la situación “no es tolerable durante el verano”, explica The Guardian. En Roma, los aeropuertos gestionados por Aeroporti di Roma han suspendido la recogida de datos biométricos casi a diario este verano. El aeropuerto de Roma-Fiumicino, el más transitado de Italia, prevé recibir unos 11 millones de pasajeros en junio y julio, con hasta 180.000 en los días de mayor afluencia, según The New York Times.

Flexibilidad insuficiente

La normativa vigente permite a los aeropuertos suspender la recogida de datos biométricos durante bloques de hasta seis horas consecutivas, aunque mantienen la obligación de registrar los datos del viajero. Para el sector de la aviación, esa flexibilidad parcial es insuficiente. Las organizaciones han pedido sin éxito poder retomar el sellado convencional de pasaportes mientras se amplía el personal en frontera y se homogenizan los procedimientos de registro.

Desde Lisboa, donde Frontex desplegó 50 agentes adicionales tras una solicitud de ayuda, hasta Bruselas, donde se reforzaron los controles en el aeropuerto, los estados miembros han adoptado medidas puntuales. Pero la opción de suspender el sistema expira en septiembre, y hasta ahora ningún estado miembro ha solicitado formalmente una prórroga, pese a que el sector de la aviación presiona para posponer la implementación plena hasta el verano de 2027.

La industria calcula que los retrasos actuales ponen en riesgo 41 millones de llegadas y 45.000 millones de dólares en gasto turístico. Algunos viajeros ya han expresado en redes sociales que los problemas les hacen reconsiderar sus planes de visitar Europa.

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