
Una cresta rocosa a 1.464 metros sobre el nivel del mar, el viento que baja desde la meseta de Campo Imperatore y una fortaleza de piedra blanca que asoma sobre los valles de los Abruzos: Rocca Calascio es el castillo más alto de los Apeninos y una de las fortificaciones a mayor altitud de toda Europa. Lo que el cine ha convertido en escenario de leyenda, la geografía lo construyó durante siglos con materiales más duraderos que cualquier decorado.
El castillo se alza en el extremo sureste de la meseta de Campo Imperatore, dentro del Parque Nacional del Gran Sasso y los Montes de la Laga, en la provincia de L’Aquila. Desde su posición privilegiada domina el valle del Tirino, la llanura de Navelli y una red de crestas que, en días despejados, permite ver hasta el mar Adriático. Esa condición estratégica explica su razón de ser: Rocca Calascio nunca fue residencia de nobles ni corte de aristócratas, sino un puesto de control militar que vigilaba las rutas de la trashumancia y coordinaba señales con otras torres del territorio, mediante hogueras por la noche y espejos durante el día.
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Sus orígenes se remontan al año 1000, aunque el primer documento histórico que lo menciona data de 1239. Algunos investigadores sostienen que pudo levantarse sobre los cimientos de una edificación romana anterior. En torno a 1140, Roger II de Altavilla, conde de Sicilia, impulsó la estructura que consolidaría el enclave. La fortaleza pasó por manos de los Pagliara, los Colonna, los Médici y los Borbones, entre otras familias. Fue en 1463 cuando Fernando I de Nápoles cedió el castillo a Antonio Todeschini, de la familia Piccolomini, quien añadió las cuatro torres cilíndricas con almenas gibelinas y la cinta de murallas que rodea el torreón central. Ese conjunto, construido en sillares de piedra blanca, es el que hoy reciben los visitantes.
Un detalle revela la mentalidad defensiva de sus constructores: la entrada original al recinto estaba situada a cinco metros del suelo, accesible únicamente mediante una rampa de madera que se retiraba ante cualquier amenaza. Lo cierto es que la fortaleza nunca fue asediada.
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El terremoto que casi destruyó el castillo
Lo que sí la dañó fue la naturaleza. Un terremoto en 1703 destruyó casi por completo el pueblo que se extendía a sus pies y precipitó el abandono progresivo de la zona alta. Los habitantes bajaron al actual centro de Calascio, y la fortaleza quedó en silencio. El pueblo llegó a quedarse completamente deshabitado en 1957, tras décadas de despoblación que ya habían reducido sus habitantes de 1.900 en 1860 a apenas 299 en 1892.
La rehabilitación llegó en los años 80 del siglo pasado, impulsada en parte por una fuente inesperada: el cine. La película Lady Halcón (1985) fue la primera producción internacional en rodar en Rocca Calascio, y desde entonces el castillo y el pueblo medieval que hay en sus cercanías han aparecido en El nombre de la rosa, El americano —con George Clooney como protagonista—, Padre Pío y varias producciones italianas.
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La visita mínima requiere alrededor de tres horas, aunque la zona admite una jornada completa si se combinan el castillo, el burgo, la iglesia y los pueblos cercanos de la antigua Baronia di Carapelle: Santo Stefano di Sessanio, Castelvecchio Calvisio y Carapelle Calvisio, todos a pocos kilómetros en coche.
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