
La cuenta atrás ha terminado. El pistoletazo de salida del Tour de Francia es este sábado en Barcelona, 17 años después, en la cuarta vez que la ciudad condal inaugura la gran carrera del ciclismo, después de que en 2023 lo hiciera en Bilbao. La 113.ª edición de la Grand Boucle recorrerá 3.320,7 kilómetros repartidos en 21 etapas y será una de las más exigentes en los últimos años: 54.000 metros de desnivel, cinco finales en alto, dos contrarrelojes y un último bloque alpino con dos llegadas consecutivas a Alpe d’Huez para garantizar el espectáculo en los ataques entre favoritos.
Pero el circuito o los ciclistas no son los únicos que concentran el interés de esta edición. El calor extremo que asola Europa central, un doble corrimiento de tierra en la etapa reina y un posible boicot de los partidos independentistas en Cataluña han añadido tres frentes abiertos con los que la organización, los deportistas, los equipos y la afición tendrán que lidiar durante la carrera.
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Entre tanto, si miramos a los españoles en la parrilla de salida, nos encontramos con once nombres, liderados por el de Juan Ayuso. El catalán afronta su primer Tour de Francia como líder del equipo Lidl-Trek tras dejar UAE Team Emirates, aunque Movistar también presentará un equipo competitivo con Pablo Castrillo, Javi Romo y Raúl García Pierna. Eso sí, las miradas estarán puestas en Ion Izagirre, único español activo con victorias de etapa en las tres grandes vueltas.

Un estreno único en Barcelona
El Tour no arrancaba con una contrarreloj por equipos desde 1971. Ahora, las calles de Barcelona serán las protagonistas de un sprint de 19,6 kilómetros desde el Parc del Fòrum hasta Montjuïc. La gran novedad está en el reglamento. Aunque la victoria de etapa se decidirá por el tiempo del primer corredor de cada equipo, la clasificación general se calculará con el tiempo individual de cada ciclista, replicando una fórmula ya empleada en la París-Niza. Es decir, ningún líder podrá permitirse quedarse atrás en los últimos kilómetros ni esconderse detrás del pelotón de su equipo.
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El domingo llegará una segunda etapa muy distinta, con salida en Tarragona y final de nuevo en Barcelona tras bordear la costa mediterránea, superar la subida a Begues y afrontar tres ascensiones al Castillo de Montjuïc. El lunes, la carrera abandonará Cataluña camino de los Pirineos, cruzando el Col de Toses con final en Les Angles, el primer final en alto del Tour.

La montaña vuelve a mandar
Los Pirineos aparecen muy pronto, con una segunda semana con un examen en el Macizo Central y una exigente llegada al Plateau de Solaison antes de que la carrera alcance los Alpes. Allí se decidirá prácticamente todo. El tríptico final incluye una etapa corta con llegada en Alpe d’Huez y, al día siguiente, la considerada etapa reina, con 5.597 metros de desnivel: Croix de Fer, Télégraphe, el Galibier y el Col de Sarenne.
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No obstante, ese tramo está envuelto en polémica. El Col de Sarenne ha sufrido dos corrimientos de tierra en la última semana, consecuencia directa de las tormentas provocadas por el propio calor extremo, y las nuevas previsiones sobre los Alpes no garantizan que el puerto esté en condiciones para el 25 de julio, aunque los trabajadores trabajan para mantener el recorrido en las mejores condiciones.

El calor, “el gran rival” de esta edición
Pero si hay un tema que pone en alerta a equipos y deportistas, es la temperatura. Francia ya ha sufrido dos olas de calor entre mayo y junio, y las previsiones apuntan a que, en la primera semana de carrera, las temperaturas marquen 37 ºC. En Barcelona, se esperan alrededor de 33 grados para la salida. “Es un tema que nos preocupa enormemente”, reconocía Thierry Gouvenou, director técnico del Tour, en L’Équipe. “No es el primer año que nos enfrentamos a este problema, pero esta vez es aún más acuciante porque ya hemos atravesado dos periodos difíciles”.
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Por ello, el presidente del sindicato de ciclistas franceses ha pedido adelantar las horas de las salidas a las 9:00 para evitar los picos de calor de la tarde. “El ciclismo está obligado a adaptarse”, ha subrayado. La UCI (Unión Ciclista Internacional) dispone de un protocolo basado en el índice WBGT (que combina temperatura, humedad, radiación solar y viento) con niveles de alerta progresivos. En el más alto, la zona roja, los organizadores pueden modificar horarios, neutralizar tramos o, como último recurso, cancelar una etapa, algo que nunca ha ocurrido.

La ‘guerra’ política: esteladas y banderas de España
El tercer frente del Tour ya es conocido. La Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural han anunciado que aprovecharán las tres etapas catalanas del Tour para llevar a cabo una “presencia masiva” de simbología independentista al paso de los ciclistas. Josep Vila, presidente de la ANC, ha reconocido que la carrera es “un gran escaparate” para sus reivindicaciones y que la movilización busca “mostrar al mundo que el conflicto político entre Cataluña y el Estado español no está resuelto”.
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Frente a este llamado, la entidad Societat Civil Catalana ha convocado a sus seguidores a recibir la carrera “con símbolos constitucionales, con banderas españolas, catalanas y europeas”. Una ‘guerra’ política que recuerda a la vivida en la Vuelta de España contra el equipo patrocinado por Israel.
Nuevas normas de seguridad y el Pasaporte de Potencia
Fuera de la carretera también hay novedades. La UCI estrena esta temporada medidas de seguridad que limitan la anchura de los manillares, restringen determinadas posiciones aerodinámicas, fijan un perfil máximo de 65 milímetros para las ruedas en etapas en línea y diferencian los cascos permitidos para carretera y para contrarreloj.
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Además, el Tour servirá como banco de pruebas del denominado Pasaporte de Potencia, un proyecto impulsado por la UCI y la Agencia Internacional de Controles que recopilará los datos de potencia de unos 60 corredores para detectar posibles rendimientos anómalos relacionados con el dopaje.
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