
El País Vasco acumula una densidad de patrimonio histórico y natural que pocas comunidades del norte de España pueden igualar. Entre sus caseríos de piedra, sus playas y sus reservas de biosfera se esconden rincones que combinan historia medieval con paisajes de una belleza poco común. Los castillos vascos no son los más conocidos del territorio español, pero los que existen tienen una singularidad propia: están integrados en un entorno natural que amplifica su presencia y los convierte en algo más que una ruina o un monumento.
Uno de esos castillos tiene además una historia que va más allá de la arquitectura. El castillo de Arteaga, en el corazón de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, fue reconstruido por encargo de la emperatriz Eugenia de Montijo en el siglo XIX y convertido hoy en uno de los hoteles más singulares del norte de España. Una torre neogótica de piedra caliza y mármol que domina la ría de Gernika con la misma presencia que tenía cuando era residencia imperial.
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De torre medieval a palacio neogótico de la emperatriz

La historia del castillo arranca en el siglo XIII, cuando se levantó la primera torre en el solar de Arteaga. El giro que lo convertiría en lo que es hoy llegó en 1856, cuando las Juntas Generales de Vizcaya nombraron vizcaíno de origen a Eugenio Bonaparte, hijo del emperador Napoleón III. Su madre, la emperatriz Eugenia de Montijo, era propietaria del solar y decidió reconstruir el deteriorado castillo como gesto de agradecimiento por ese reconocimiento.
El proyecto recayó en el arquitecto francés de los Sitios Imperiales, Couvrechet, y a su muerte lo continuó Ancelet, también arquitecto de la casa real de Francia. La antigua torre no se adecuaba a las necesidades de una residencia imperial, por lo que se levantó una nueva estructura conservando los muros exteriores originales, en los que se abrió una portada. El resultado fue un palacio neomedieval de inspiración gótica francesa, muy influido por la recuperación romántica del estilo gótico, que domina desde entonces la ría de Gernika con una presencia que no ha cambiado en más de 150 años.
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De este modo, el castillo es hoy un increíble hotel, que ha combinado muebles de época con elementos contemporáneos en un espacio donde la piedra original del siglo XV convive con la decoración actual. Las habitaciones se distribuyen entre el edificio principal y los torreones de la muralla, cada una con una identidad propia, que va desde la estándar a la suite. En este sentido, las habitaciones estándar, desde 190 euros en temporada baja, están decoradas individualmente con paredes originales de piedra o madera.
Las estándar con terraza, ubicadas en uno de los torreones con vistas al campo, incorporan paredes originales del siglo XV y acceso a terraza privada. Por su parte, las suites, desde 265 euros, se encuentran en el edificio principal con sala de estar y vistas a la Reserva de Urdaibai, con decoraciones que incluyen artesonados de madera original o pinturas de artista local. La Junior Suite Napoleón, con acceso a terraza privada, no tendrá disponible la piscina en 2026, aunque sí el acceso a la terraza.
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La bodega y una reserva de la biosfera

En el sótano del castillo funciona una bodega con capacidad para 20 personas que el hotel define como una Torre de Babel en lo que a vinos se refiere. El espacio reúne caldos de todo el mundo en condiciones óptimas de conservación y está disponible para eventos con sommelier o visitas enológicas bajo petición y sujetas a disponibilidad.
La carta y los menús del restaurante del castillo se nutren directamente de esa bodega, lo que convierte la cena en una extensión natural de la experiencia enológica. El restaurante completa una propuesta de alojamiento que va más allá de la habitación y convierte la estancia en el castillo en una experiencia que abarca gastronomía, historia y paisaje en un mismo espacio.
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Pero esto no es todo, pues el entorno inmediato del Castillo de Arteaga no es un paraje cualquiera. La Reserva de la Biosfera de Urdaibai, declarada como tal por la Unesco, rodea el castillo con una diversidad paisajística y ecológica que incluye marismas, acantilados costeros, ríos y praderas. El hotel ofrece acceso directo a ese entorno natural protegido, con actividades al aire libre que aprovechan la riqueza del ecosistema.
En los alrededores, poblaciones como Bermeo y Gernika son viva historia de la cultura vasca. Gernika, a pocos kilómetros del castillo, es conocida en todo el mundo por el bombardeo de 1937 que inmortalizó Picasso en su obra más célebre. Bermeo, por su parte, es uno de los puertos pesqueros más activos del Cantábrico. A esa oferta cultural y natural se suma la proximidad a Bilbao, San Sebastián y Biarritz, tres ciudades que amplían las posibilidades de la estancia más allá del entorno inmediato del castillo.
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Cómo llegar
Desde Bilbao, el viaje es de alrededor de 40 minutos por la carretera BI-635. Por su parte, desde San Sebastián el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 15 minutos por las vías AP-8 y BI-635.
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