
La Gomera es la gran desconocida del archipiélago canario. Mientras sus vecinas Tenerife y Gran Canaria concentran la mayor parte del turismo, esta isla de 369 kilómetros cuadrados preserva un interior de laurisilva milenaria declarada Patrimonio de la Humanidad, barrancos que caen en vertical hacia el Atlántico y pueblos que parecen suspendidos entre la montaña y el mar. Conocida como la Isla Colombina por ser el último puerto desde el que Cristóbal Colón zarpó hacia América en 1492, La Gomera tiene una geografía tan abrupta y singular que ningún otro lugar del mundo reproduce.
Esa geografía es también su mayor argumento para el senderismo. Los senderos de la isla discurren entre ecosistemas que cambian de forma radical en pocos kilómetros: del bosque de niebla del Parque Nacional de Garajonay a los acantilados volcánicos del litoral, de los valles de plataneras a las playas de arena negra. En ese catálogo de rutas, una destaca por encima de todas: el Camino Natural Costas de La Gomera, el GR-132, que Lonely Planet en colaboración con Ramble Worldwide ha declarado una de las mejores rutas de senderismo del mundo.
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Se trata de una travesía que bordea todo el perímetro costero de La Gomera a lo largo de 128 kilómetros. El itinerario es circular y tiene su punto de inicio y de llegada en San Sebastián de La Gomera, la capital insular. Igualmente, el desnivel acumulado supera los 6.500 metros, lo que lo convierte en una ruta exigente reservada a senderistas con experiencia contrastada, tanto por su longitud como por la dificultad técnica de algunos tramos.
La mayoría de quienes lo completan lo dividen en siete etapas a lo largo de una semana. El Atlántico acompaña el recorrido en todo momento, pero el paisaje cambia de forma constante: acantilados volcánicos, playas remotas, barrancos, pueblos de pescadores y miradores sobre el océano se suceden a lo largo de un trazado que no se parece a ninguna otra ruta del territorio español.
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La Dama, Playa Santiago y San Sebastián

La primera etapa cubre los 15 kilómetros que separan San Sebastián de La Gomera de Hermigua, uno de los municipios más bonitos de la isla, enclavado entre el Parque Nacional de Garajonay y el Parque Natural de Majona. Desde allí arranca la segunda etapa, de 18 kilómetros, que lleva hasta Vallehermoso, un pueblo escondido entre parajes volcánicos de una belleza poco habitual incluso dentro de Canarias.
Por su parte, la tercera etapa, de 13 kilómetros, conecta Vallehermoso con la villa de Alojera, ya en el noroeste de la isla. La cuarta, de 16 kilómetros, tiene como destino Valle Gran Rey, uno de los municipios más conocidos de La Gomera y punto de partida de la quinta etapa, la más larga de todo el recorrido con 24 kilómetros, que termina en el caserío de La Dama, en el suroeste de la isla.
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La Dama es uno de los secretos mejor guardados de La Gomera. Este pequeño caserío del suroeste, alejado de los circuitos turísticos habituales, es el punto de partida de la sexta etapa: 21 kilómetros hasta Playa Santiago, uno de los núcleos más turísticos del sur de la isla, con puerto pesquero, restaurantes y conexión en ferry con Tenerife.
La séptima y última etapa cierra el círculo con los 22 kilómetros que devuelven al senderista a San Sebastián de La Gomera. Tras una semana recorriendo la costa escarpada de la isla, el regreso a la capital tiene algo de ritual: el mismo punto de partida, pero con una perspectiva completamente distinta de todo lo que la isla esconde entre sus barrancos y sus acantilados.
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Por qué es una de las mejores rutas del mundo
El reconocimiento de Lonely Planet y Ramble Worldwide no es una sorpresa para quienes conocen el GR-132. La ruta combina en un solo itinerario elementos que raramente aparecen juntos: una isla volcánica con ecosistemas protegidos, un litoral atlántico de gran belleza, pueblos con identidad propia y un nivel de dificultad que la hace accesible para senderistas experimentados sin necesidad de equipamiento técnico especializado.
La variedad paisajística es el argumento más sólido. En 128 kilómetros, el senderista atraviesa entornos que van del bosque primario al desierto costero, de los valles agrícolas a los acantilados verticales. Esa diversidad en una isla de dimensiones contenidas es lo que convierte al GR-132 en una experiencia sin equivalente dentro del territorio español y en uno de los grandes senderos del mundo.
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