
Con el gran avance de la inteligencia artificial en los últimos años, cada vez es más frecuente dudar sobre la veracidad de ciertas fotos. Los recursos tecnológicos, combinados con la creatividad humana, dan lugar a miles de ideas que intentan simular la realidad.
Si alguien te enseña la imagen de lago rosa de 600 metros de longitud, probablemente pienses que se trata de la IA. Sin embargo, se trata de una estampa real. Este fenómeno tan extraordinario se encuentra en Australia y se llama lago Hillier.
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El color es, sin duda, el rasgo más característico. Muchas personas creen que se debe a un colorante artificial, pero no es así. El tono rosáceo viene por la presencia de un alga microscópica llamada Dunaliella salina que, junto con la alta concentración de sal, generan este efecto visual tan particular. A diferencia de otros lagos que pueden cambiar de color en determinadas épocas del año, en este caso se mantiene constante.
Un entorno único
Más allá de su color, el lago Hillier presenta una serie de características que lo convierten en un fenómeno natural difícil de comparar con otros lagos del mundo. En primer lugar, sus dimensiones resultan relativamente reducidas, con unos 600 metros de longitud y alrededor de 250 metros de ancho, lo que le da una superficie total aproximada de 15 hectáreas.
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Otro de sus rasgos más llamativos es su altísima salinidad, comparable en algunos aspectos a la del Mar Muerto. Esta concentración de sal hace que apenas exista vida acuática en su interior, ya que muy pocos organismos pueden sobrevivir en estas condiciones extremas.
El lago, además, se encuentra rodeado por una estrecha franja de vegetación que lo separa del océano Índico, situado a escasos metros. Este cinturón natural, formado principalmente por eucaliptos y melaleucas, contribuye a aislar aún más este ecosistema tan particular.
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Una de sus curiosidades más sorprendentes es que su color rosa se mantiene estable incluso cuando el agua se extrae del lago, algo que no ocurre en otros lagos similares, donde el efecto cromático suele variar con las condiciones del entorno.
Un lugar protegido y de acceso limitado
Debido a su ubicación en la isla Middle y a la necesidad de preservar su delicado equilibrio ecológico, el acceso al lago Hillier está muy restringido. No existen carreteras ni rutas terrestres para visitarlo, por lo que no es posible llegar de forma convencional.
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La forma más habitual de contemplarlo es desde el aire, a través de vuelos panorámicos en avioneta o helicóptero. Desde esta perspectiva, el contraste entre el lago rosa y el azul intenso del océano Índico ofrece una imagen especialmente llamativa. También se realizan algunas excursiones en barco que rodean la isla, permitiendo observar el entorno desde el mar, aunque sin posibilidad de desembarcar.
El lago Hillier fue documentado por primera vez en 1802 por el explorador británico Matthew Flinders durante una expedición cartográfica por la zona. A lo largo del siglo XIX incluso se llegó a plantear la extracción de sal, aunque el proyecto no resultó viable económicamente
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