El refugio secreto junto al Real Alcázar de Sevilla: unos bonitos jardines en honor a una de las mujeres más influyentes de la ciudad

Palmeras, fuentes y monumentos convierten este parque de 160 años en el rincón perfecto para relajarse y descubrir la huella de una de las mujeres clave de la historia sevillana

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Jardines de Catalina de Ribera, en Sevilla
Jardines de Catalina de Ribera, en Sevilla

En el corazón de Sevilla, donde la primavera estalla en azahar y la ciudad se envuelve en la alegría de la Feria de Abril, existen rincones que escapan al bullicio y la celebración, y donde poder relajarse después de un día lleno de rebujito y sevillanas. Así, entre los monumentos y jardines que salpican la capital andaluza, destaca un parque con más de 160 años de vida: la Huerta del Retiro o Jardines de Catalina de Ribera, un auténtico refugio donde poder relajarse junto al Real Alcázar.

Este enclave, cuya historia arranca en el siglo XIX como un paseo “de luto”, es hoy un homenaje vivo a una de las mujeres más ilustres de Sevilla. Palmeras, naranjos, glorietas y monumentos se suceden bajo la luz sevillana, invitando a perderse entre sus senderos y a descubrir la huella de Catalina de Ribera, mujer clave en el patrimonio y la filantropía de la ciudad. Mientras Sevilla vibra en fiestas, estos jardines ofrecen un contrapunto de calma y belleza, perfecto para pasear y reencontrarse con la esencia de la capital hispalense.

De la Huerta del Retiro al Paseo de los Lutos

En octubre de 1862, el Patrimonio Real cedió al Ayuntamiento de Sevilla una amplia zona conocida como la Huerta del Retiro, hasta entonces parte del recinto del Real Alcázar. Fue entonces cuando se derribó el muro original y se levantó el actual, de almenas, que todavía delimita el parque desde los jardines palaciegos. Así nacieron los jardines que, situados al final de la calle San Fernando y vecinos de los Jardines del Murillo, se integraron rápidamente en la vida urbana sevillana.

Jardines de Catalina de Ribera, en Sevilla
Jardines de Catalina de Ribera, en Sevilla (Ayuntamiento de Sevilla)

En sus primeros años, este espacio fue conocido como Paseo del Pino, aunque muy pronto la ciudad lo rebautizó popularmente como el Paseo de los Lutos. Su situación discreta y su ornamentación sencilla lo convirtieron en el lugar preferido para que las familias en duelo pasearan alejadas de la animación social de otros jardines. El apodo se mantuvo durante décadas, hasta que en 1898 el parque adoptó el nombre de una de las sevillanas más célebres: Catalina de Ribera.

Catalina, nacida en 1447, dejó una profunda huella en Sevilla gracias a obras como la Casa Pilatos, el Palacio de Dueñas y, sobre todo, el Hospital de las Cinco Llagas, hoy sede del Parlamento de Andalucía. Su legado sigue presente en estos jardines, donde una fuente y un monumento barroco la recuerdan al visitante.

Monumentos, especies y rincones para descubrir en los Jardines de Catalina de Ribera

El parque, de 18.250 metros cuadrados, experimentó una gran transformación en 1920 bajo la dirección de Juan Talavera. Fue entonces cuando se introdujeron dos de sus elementos más icónicos: el monumento a Colón, una columna de 23 metros de altura que se erige en el centro de los jardines, y la fuente-monumento a Catalina de Ribera, adosada a la muralla del Alcázar y adornada con cerámica y un retrato de la filántropa sevillana.

A su vez, pasear por los senderos de la Huerta del Retiro es recorrer una colección botánica única. Palmeras datileras y de la suerte, naranjos, jacarandas, acacias, setos, yucas, adelfas, árboles de Júpiter o cañas de Indias forman un mosaico de colores y aromas que cambia con las estaciones. El ambiente es siempre apacible: fuentes, glorietas y bancos invitan al descanso y la contemplación, en contraste con el bullicio de la ciudad y el ajetreo de la cercana Feria de Abril.

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Además de su valor paisajístico y monumental, los jardines son hoy uno de los espacios favoritos para sevillanos y visitantes que buscan un rincón tranquilo en pleno centro. Su cercanía a monumentos como el Real Alcázar, la Catedral y el barrio de Santa Cruz los convierteN en parada imprescindible para quienes desean descubrir la Sevilla más auténtica y menos transitada.