En los últimos diez días, una campaña de boicot a Israel y su participación en la Copa del Mundo de Escalada de Alcobendas ha sumado el apoyo de más de 120 colectivos. Estas agrupaciones han respaldado una petición formal que solicita tanto a la Federación Internacional de Escalada como al Consejo Superior de Deportes (CSD), al Ministerio de Asuntos Exteriores y a los organizadores del evento que excluyan a los representantes israelíes de esta y futuras competiciones internacionales. La demanda se centra en impedir lo que consideran una utilización del deporte para limpiar la imagen de las políticas del gobierno israelí en el exterior.
La iniciativa ha sido promovida por la Plataforma para el Boicot Deportivo a Israel, la Asociación Escaladores por Palestina y el grupo madrileño de la Campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) contra el Estado de Israel. Las organizaciones argumentan que existen pruebas de que Israel vulnera el Derecho Internacional mediante la ocupación de territorios palestinos. Las asociaciones firmantes del boicot exigen también responsabilidades al Ayuntamiento de Alcobendas y a la Comunidad de Madrid, que actúan como patrocinadores de la prueba, así como a Prensa Ibérica, organizador del torneo, y a los organismos estatales ligados a la gestión deportiva y la política exterior, como el Consejo Superior de Deportes y el Ministerio de Asuntos Exteriores.
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La Copa del Mundo de Escalada o World Climbing Series es una de las competiciones más destacadas de este deporte. Durante el año 2025, la Comunidad de Madrid acogió por primera vez en su historia la competición, en el Parque de Andalucía de Alcobendas. El evento suscitó una elevada expectación con un total de 7000 asistentes. Este curso volverá a acoger el campeonato, que se celebrará entre los días 28 y 31 de mayo. Esta vez con el polideportivo José Cabellero como escenario, con el objetivo de que hasta 10.000 asistentes puedan acudir a disfrutar de la competición.

La Vuelta a España como precedente
Uno de los ejemplos recientes que citan los impulsores del boicot es el caso de la Vuelta a España, donde las protestas pro-palestinas se incrementaron en las últimas ediciones. El objetivo de esas movilizaciones era evitar la participación del equipo Israel Premier-Tech, relacionado con figuras relevantes del sector empresarial y político israelí. Durante el desarrollo de la carrera, la presencia de pancartas, cánticos y cortes en la carretera se volvió habitual, a la par que las autoridades reforzaban la seguridad y modificaban rutas para minimizar incidentes.
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En la primera etapa celebrada en Figueras, un grupo de manifestantes trató de cortar la carretera justo durante el paso del equipo Israel Premier-Tech, provocando una situación peligrosa en la contrarreloj por equipos. En la décima etapa, la irrupción de activistas en la carretera, en la localidad de Lumbier, derivó en una caída del ciclista italiano Simone Petilli, integrante del Intermarché-Wanty. En Bilbao, la etapa debió acortarse por razones de seguridad, sin que se llegase a disputar el final ni se proclamara un ganador, mientras que otro manifestante provocó una caída al ciclista Javier Romo.
El trayecto entre Poio y Mos también se vio alterado. El final en el Puerto de Castro de Herville no llegó a disputarse, y varios ciclistas sufrieron pinchazos por chinchetas colocadas en el asfalto, una situación confirmada por Joxean Fernández Matxin, director del UAE Team Emirates, quien expresó a Radio Marca: “Hay mucha incertidumbre entre los ciclistas por la seguridad. Ayer las banderas se bajaron y golpearon a varios ciclistas, también pinchazos…”.
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El punto culminante fue el intento de celebración de la última etapa en Madrid. La capital desplegó un amplio dispositivo de seguridad ante la previsión de incidentes. A pesar de estas medidas, la protesta se intensificó: manifestantes derribaron vallas de seguridad y ocuparon parte del recorrido, bloqueando el paso del pelotón. La magnitud de las protestas llevó a la cancelación de la etapa final, generando un debate sobre el papel de las competiciones deportivas internacionales en contextos de conflicto. Este episodio reabrió la discusión pública sobre los límites entre el deporte y la política, así como la responsabilidad de los organizadores y las instituciones implicadas.
El caso de la Copa del Mundo de Escalada en Alcobendas se presenta así como el último escenario en el que el deporte y la reivindicación política se cruzan, mientras persiste el debate sobre la utilización de los eventos deportivos como plataforma para demandas sociales y políticas, y sobre el impacto que pueden tener tanto en la imagen de los países como en la percepción pública de los conflictos internacionales.
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