La “Segovia de Portugal”, un pueblo en la frontera que tiene un acueducto del siglo XVI y de 31 metros de altura

La infraestructura rodea parcialmente la ciudad y se funde con sus murallas

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La ciudad portuguesa de Elvas vista desde lo alto.
La ciudad portuguesa de Elvas vista desde lo alto.

Durante siglos, el acceso al agua fue uno de los grandes desafíos de Elvas, una pequeña ciudad portuguesa situada en la frontera con España, a escasos 10 kilómetros de Badajoz. Esta situación cambió con la construcción del acueducto de Amoreira, una infraestructura que marcó un antes y un después en el desarrollo de la ciudad.

Esta obra del siglo XVI se extiende a lo largo de más de ocho kilómetros. Su imponente estructura, con tramos que alcanzan los 31 metros de altura, se integra de forma singular en el paisaje y el perímetro urbano.

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El acueducto no rodea completamente Elvas, pero desde muchos puntos parece fundirse con las murallas, creando la sensación de un conjunto arquitectónico único. Sus arcos se adaptan al terreno, variando en altura y número de niveles según lo exige la orografía. Esta solución permitió salvar las dificultades del relieve y garantizar el suministro de agua incluso en las zonas más elevadas.

Antes de su construcción, Elvas ya había afrontado serios problemas de abastecimiento. Durante la dominación árabe, la ciudad dependía del pozo de Alcalá, situado junto al antiguo Palacio Episcopal. Sin embargo, el crecimiento de la población terminó por hacer insuficiente esta fuente, lo que impulsó la búsqueda de una solución a mayor escala.

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Una calle de la ciudad portuguesa de Elvas.
Una plaza de Elvas, ciudad con el acueducto de Amoreira. Pixabay

La historia del acueducto de Amoreira

La construcción del acueducto comenzó en 1537, durante el reinado de Juan III de Portugal, que encargó el proyecto al arquitecto Francisco de Arruda. El objetivo era claro: garantizar el suministro de agua en una ciudad con recursos limitados y una demanda en constante aumento. Las obras se prolongaron durante décadas, con varias interrupciones, hasta que en 1620 el agua logró atravesar las murallas y abastecer una fuente provisional en el centro de Elvas.

Dos años más tarde, en 1622, se finalizó la Fuente de la Misericordia, punto final del recorrido y símbolo de la transformación que había experimentado la ciudad. La infraestructura, compuesta por 843 arcadas, se apoya en sólidos pilares que, en algunos tramos, sostienen hasta cuatro niveles superpuestos de arcos.

La construcción del acueducto de Amoreira no solo resolvió uno de los problemas más urgentes de Elvas, sino que también cambió la vida cotidiana de sus habitantes al garantizar un acceso al agua más estable y seguro.

Además de esta imponente obra hidráulica, Elvas forma parte de un destacado conjunto defensivo reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Su posición estratégica, en plena frontera con España, la convirtió durante siglos en una plaza clave para la defensa del territorio portugués.

El Santuario de Nuestra Señora de Nazaret en Elvas. Pixabay
El Santuario de Nuestra Señora de Nazaret en Elvas. Pixabay

Una ciudad fortificada

El sistema defensivo de la ciudad está formado por murallas abaluartadas, fuertes exteriores y numerosos elementos militares, lo que configura una de las mayores y mejor conservadas redes de fortificaciones abaluartadas del mundo. Aún hoy es visible la estrecha relación entre el trazado urbano y estas estructuras, reflejo de un pasado en el que el carácter militar marcó profundamente la evolución de Elvas.

Para quienes planean una visita, recorrer la ciudad puede hacerse en pocas horas. Además del acueducto, destacan el castillo de Elvas, considerado el mejor mirador de la ciudad y de acceso gratuito, el Fuerte de Santa Lucía y el Fuerte de Nuestra Señora de Gracia, tres enclaves que permiten comprender la importancia estratégica y defensiva de la localidad.

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