Entre imponentes glaciares, orcas y un silencio absoluto, así es viajar a la Antártida: “Es como si cruzaras un portal, una sensación que te hace pensar muchas cosas”

Nicolás Pasquali, un argentino de 33 años, cuenta a ‘Infobae’ como es conocer uno de los lugares más impresionantes y vírgenes del planeta y las sensaciones de atravesar uno de los mares más temidos por los navegantes

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Nicolás Pasquali en la Antártida (Cedida).
Nicolás Pasquali en la Antártida (Cedida).

Desde la Patagonia argentina y recién desembarcado de una de las travesías más fascinantes del mundo, Nicolás Pasquali (@nicopasqualiok), un viajero de 33 años, cuenta a Infobae una de las hazañas más impresionantes del mundo. Por si fuera poco visitar todos los países del mundo, este argentino ha conocido el último continente que le faltaba en su extensa lista: la Antártida.

Entre imponentes glaciares, danzas de orcas y una infinidad de pingüinos, Pasquali ha podido conocer y disfrutar una de las regiones más inhóspitas, pero a la vez más espectaculares del planeta. En su conversación con este medio, el viajero se quedaba sin palabras a la hora de descubrir la sensación de atravesar el Paso de Drake y pisar la nieve impoluta de la Antártida. “La verdad que el estar en la Antártida lo había leído, pero experimentarlo es otra cosa” resume.

Y sobre todo sí se despide el año rodeado de pingüinos o con un baño en las aguas antárticas, pues Nicolás comenzó esta expedición el 29 de diciembre de 2025 y la terminó el 7 de enero de 2026. Diez días de travesía a bordo del barco Ushuaia-como la ciudad más austral del planeta- en los que ha podido atravesar uno de los mares más temidos por todos los marineros, recorrer glaciares, bañarse en agua helada, contemplar una naturaleza virgen en la que predomina el color blanco, y por qué no, comerse algún que otro asado argentino.

Una travesía de 3 días hasta la Antártida

Nicolás Pasquali en la Antártida (Cedida).
Nicolás Pasquali en la Antártida (Cedida).

Lo único necesario para viajar a la Antártida es tener ganas de descubrir uno de los lugares más sorprendentes de la Tierra y un pasaporte. “Antiguamente, tenías que sacarte el apéndice, pero ya no, porque ahora viajas con un médico a bordo. Es bastante seguro ir a la Antártida, no pasa nada. Entonces, el requisito obligatorio es el pasaporte, pues estás saliendo de Argentina. En el caso de los argentinos podemos viajar con DNI, porque el país forma parte del Tratado Antártico”, detalla Pasquali.

Una vez embarcado y con todo en regla comienza el verdadero viaje, pues se trata de una travesía que dura tres días a través de uno de los mares más peligrosos y más temidos por los navegantes “porque es donde se une el Pacífico con el Atlántico y pueden haber olas de hasta siete metros”. Estamos hablando del Paso de Drake “la parte más interesante de todo el viaje por las sensaciones”, pues atravesarlo se puede convertir de todo un paseo o en una pesadilla.

“La ida era como un lago, decían el lago de Drake, porque claro, no se movía nada. Sin embargo, la vuelta fue bastante dura. No recuerdo el tamaño de las olas, pero sí que fue una cosa bastante interesante”, narra el viajero. Una vez que se cruza el Paso de Drake es “como si el reloj no existiera”, pues en la Antártida durante los meses de diciembre y enero no existe la noche. Esto se conoce como el sol de medianoche, pues dada la inclinación de la Tierra, durante unos meses este continente se encuentra en día constante.

El contrapunto se encuentra durante los meses de abril y mayo, cuando tiene lugar la noche polar y la Antártida se hunde en una oscuridad absoluta. Es por ello, que la mejor época para visitar este rincón son el último y primer mes del año, aunque febrero y marzo también se postulan como muy buenas opciones.

Serpenteando entre glaciares

Nicolás Pasquali en la Antártida (Cedida).
Nicolás Pasquali en la Antártida (Cedida).

Dejando atrás el Paso de Drake, la Antártida se muestra en todo su esplendor. Un manto infinito de hielo blanco es lo que le espera ahora al viajero, solo interrumpido por los imponentes icebergs que obligan a los barcos a maniobrar entre ellos. “Es como si cruzaras un portal, algo un poco místico, y esa sensación te hace pensar muchas cosas. No hay horarios y tampoco vimos gente en la Antártida. Todo lo que vimos fueron pingüinos, lobos marinos, orcas y nada más. Fue una sensación como de pureza total", detalla Pasquali.

Una vez allí, la única manera de moverse es a través de lanchas pequeñas y altamente maniobrables, pues los barcos principales o cruceros no pueden adentrarse y serpentear por los glaciares. “Nosotros íbamos en el Ushuaia, un barco de la compañía Antarpply Expeditions, y cuando nos bajábamos nos movíamos en una Zodiac, una lancha que te lleva a recorrer lugares que son inexplicables por el barco principal. Lo que hace esta lancha es llevarte entre glaciares y te va mostrando, distintos puntos que otro barco no podría”, señala.

Otra cosa a tener en cuenta es el tamaño del barco, pues para vivir al máximo la experiencia lo mejor es ir en barcos pequeños. “El barco en el que fui yo era más pequeño que los demás, era de expedición. Los demás eran barcos turísticos con cinco pisos, por lo que hay lugares en los que no se pueden meter”. Pero no solo eso, pues según el Tratado Antártico, tan solo “pueden descender del barco un máximo de cien personas. Si en el crucero hay 500 personas, pueden descender, pero de 100 en 100″, cuenta el viajero.

Navegar entre orcas y contemplar pingüinos

Pingüinos en la Antártida (Cedida).
Pingüinos en la Antártida (Cedida).

La Antártida ofrece rincones y experiencias que no se pueden encontrar en otro lugar del mundo. El aventurero que se atreva a viajar hasta allí puede practicar lo que se conoce como el polar plunge, “que es como planear en el hielo, es increíble”. Aunque si hay algo que sorprende es el avistamiento de orcas, una “sensación increíble donde el barco iba nadando, al compás de las orcas. Entonces, podías mirarlas durante varios minutos, con los glaciares de fondo, una locura”, detalla Nicolás.

Junto con las orcas, la otra seña de identidad de la Antártida son los pingüinos. Estos divertidos animales acompañan al viajero durante todo el viaje, ya que se encuentran en cualquier parte. “Era como en las películas, ves un glaciar gigante y nada alrededor, solo está el océano, pero en lo alto de ese glaciar ves un grupo de pingüinos que se van deslizando por el hielo y lanzándose al agua una y otra vez”, narra el argentino. Otro de los atractivos que atesora este lugar es la posibilidad de navegar entre inmensos glaciares, pero no solo eso, sino desembarcar y hacer rutas de senderismo por el hielo.

Sin embargo, nada es comparable a “la sensación de silencio con la que te abriga la Antártida. No hay actividad sonora, no hay contaminación lumínica, no hay absolutamente nada. Tú estás ahí y sientes un silencio absoluto”. Y es que la Antártida es naturaleza en estado puro. Es uno de los pocos o únicos rincones del planeta donde no se percibe la mano del hombre más allá de las bases de investigación.

Es por ello que el viajero siente una especie de simbiosis con el universo que allí se encuentra, “admirando tanto la naturaleza y estar obligado al mismo tiempo, porque al no haber otra actividad que no sea admirar y no interactuar, se tornó como algo obligatorio para los ojos y eso hizo que yo pudiera absorber cada gramito de hielo que veía. Me parece que este fue el fuerte de la Antártida. Te obliga a estar en silencio y a conectarte con la naturaleza”, destaca Pasquali.

La otra cara de la moneda

Nicolás Pasquali en la Antártida (Cedida).
Nicolás Pasquali en la Antártida (Cedida).

Pero más allá de las magnificiencias que pueda tener la Antártida, un viaje de este calibre también cuenta con retos para los viajeros. El hecho de ir en verano, durante los meses de diciembre y enero, hace que las temperaturas no sean extremas, pues “la temperatura más baja que se registró fueron -5 °C”, no muy lejos del frío que puede hacer en algunas partes de España.

Sin embargo, el mayor desafío quizás es el mismo viaje. “La peor parte fue quizás pasar el Paso de Drake. Fue un desafío tan grande que a la vuelta el mismo barco nos dio un diploma a modo simbólico“, detalla el viajero. Pero no todo iba a ser malo, pues el barco es durante el tiempo que dura el viaje un gran hotel donde descansas, pasas las noches, coges fuerzas para los días que quedan y conoces gente.

“Era como el refugio. Los demás barcos por ahí son como más formales, pero este, como era un barco argentino, ponían música en la noche. Aparte, al ser pocos nos conocíamos entre todos, entonces se genera como un grupo, sobre todo yo que iba solo, me terminé haciendo amigo de mucha gente”, cuenta Pasquali.

Cómo viajar a la Antártida

Lo cierto es que visitar la Antártida es mucho más sencillo de lo que se puede llegar a pensar. Desde Ushuaia existen numerosos cruceros que por un billete de unos 5.000 euros permiten realizar una expedición al continente. Estos se pueden alargar hasta los 10.000 euros en función de las comodidades y extras que se contraten. Además, para el turista español, la oferta se amplía a barcos argentinos donde poder disfrutar del ambiente latino y de un itinerario enfocado más a ese mercado, tal y como asegura Nicolás.

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Otro aspecto a tener en cuenta es el equipamiento que hay que llevar. “A mí la empresa me dio una lista de cosas que me aconsejaban llevar como ropas y demás, y con eso me pude manejar”, explica el argentino. Así, algo imprescindible es ropa de abrigo como pueden ser camisetas térmicas o pasamontañas, más allá de lo normal como puede ser un abrigo o pantalones de esquiar y forros polares. A esto hay que sumar unas buenas botas y crema solar, pues la exposición al sol a través del hielo es uno de los mayores peligros para quienes viajan a la Antártida.