El barrio de Córdoba que vio crecer a Fernando Tejero: historia, artesanía y rincones secretos junto a monumentos Patrimonio de la Humanidad

La infancia del actor transcurre entre murallas, jardines y la memoria de la Córdoba más auténtica, en un barrio donde la tradición alfarera y el pasado industrial conviven con la vida cotidiana y la riqueza patrimonial

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El barrio que vio crecer a Fernando Tejero
El barrio que vio crecer a Fernando Tejero (Montaje: Infobae).

Fernando Tejero es uno de los actores más queridos de la televisión española. Su papel como Emilio Delgado en Aquí no hay quien viva lo convirtió en uno de los rostros más reconocibles de la comedia nacional, y desde entonces su carrera no ha dejado de crecer con trabajos en cine, teatro y otras series de éxito. Nacido en Córdoba, el actor ha mantenido siempre un vínculo estrecho con su ciudad, una de las más ricas en patrimonio de toda España y cuyo casco histórico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Dentro de esa Córdoba de mezquitas, patios floridos y callejuelas medievales, Tejero creció en Ollerías, un barrio del distrito Centro que limita con San Lorenzo, Santa Marina y Zumbacón-Gavilán. Un barrio con carácter propio, donde la arquitectura tradicional cordobesa convive con vestigios de la muralla medieval y la memoria de un pasado industrial que dejó su huella en el paisaje urbano. Un rincón de la ciudad que, como su vecino más famoso, tiene más capas de las que aparenta a primera vista.

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Historia y vida en el corazón de Córdoba

Ollerías se encuentra en pleno distrito Centro de Córdoba, en una posición estratégica que lo convierte en punto de paso entre algunas de las zonas más representativas del casco histórico. Sus calles conservan el espíritu de barrio de toda la vida: pequeños comercios tradicionales, arquitectura doméstica de raíz andaluza y una escala humana que contrasta con el turismo masivo de los enclaves más visitados de la ciudad.

El nombre del barrio tiene raíces artesanales: las ollerías eran los talleres donde se fabricaban ollas y otros recipientes de cerámica, una actividad que en la Córdoba medieval concentraba a los alfareros en zonas específicas de la ciudad. Ese origen artesanal forma parte de la identidad del barrio y explica su carácter trabajador y tradicional, que Fernando Tejero ha evocado en varias ocasiones al hablar de su infancia en Córdoba.

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Judería de Córdoba (Shutterstock).
Judería de Córdoba (Shutterstock).

Qué ver en Ollerías

El barrio guarda varios puntos de interés que permiten recorrer distintas capas de la historia de Córdoba en un espacio reducido. Los Jardines del Santo Cristo son el pulmón verde del barrio, un espacio tranquilo ideal para hacer una pausa en el recorrido y disfrutar de un rincón alejado del bullicio del centro turístico.

La Puerta del Colodro es uno de los vestigios más visibles de la antigua muralla medieval que protegía Córdoba. Su presencia en el barrio recuerda que Ollerías formaba parte del perímetro defensivo de la ciudad en época medieval, y que sus calles han sido testigo de siglos de historia urbana. La puerta sigue siendo hoy un punto de referencia en el barrio y uno de los elementos patrimoniales más fotografiados de la zona.

La chimenea de la antigua fábrica de San Antonio añade una dimensión industrial al recorrido. Este elemento superviviente del pasado fabril del barrio recuerda la importancia que tuvo la actividad económica en Ollerías durante los siglos XIX y XX, cuando la industrialización transformó buena parte del tejido urbano de Córdoba. Su silueta vertical contrasta con la arquitectura de baja altura del entorno y actúa como marcador visual del barrio desde distintos puntos de la ciudad.

Un paseo por Córdoba

Quien se acerca a Córdoba para conocer el barrio de Fernando Tejero tiene a su disposición uno de los centros históricos más ricos de España. La Mezquita Catedral de Córdoba es el monumento más visitado de la ciudad y uno de los más extraordinarios del mundo islámico y cristiano: su bosque de columnas bicolores y su mihrab son de visita obligada. El Patio de los Naranjos, adosado a la mezquita, ofrece uno de los paseos más serenos del casco histórico.

El barrio de la Judería, con la Calleja de las Flores y la sinagoga medieval, permite recorrer la Córdoba de las tres culturas en apenas unas calles. El Alcázar de los Reyes Cristianos, con sus jardines y sus torres, completa el triángulo monumental del centro histórico.

En la Península Ibérica se esconden algunos lugares únicos y llenos de historia.

En mayo, la ciudad se transforma con el Festival de los Patios Cordobeses, declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, cuando decenas de patios privados abren sus puertas al público para mostrar sus flores y su arquitectura. Una celebración que resume mejor que ninguna otra lo que Córdoba es: una ciudad que guarda su mejor cara detrás de las puertas.

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