
Entre ríos, montañas y valles increíbles, Galicia esconde secretos que son difíciles de creer. Su patrimonio arquitectónico es el reflejo de una historia latente en la que sus monumentos nos permiten aprender de ella y conocerla. Esto se combina con un impresionante patrimonio natural que atrae a infinidad de viajeros que buscan perderse en sus exuberantes bosques o disfrutar de paisajes sacados de otro planeta en sus costas acantiladas. Uno de los más impresionantes es la Ribeira Sacra, una región entre Ourense y Lugo que tiene como principal protagonista el paisaje creado por el cañón del Sil.
En ella se ubica una de las joyas arquitectónicas más singulares de la provincia: el monasterio de San Pedro de Rocas. Esta abadía situada en el municipio de Esgos, está considerada el cenobio más antiguo de Galicia y uno de los escasos ejemplos de arquitectura rupestre monástica en España. Es por ello que se ha convertido en todo un destino turístico en la zona gracias a su arquitectura única, pues está prácticamente tallado en la roca.
Un templo austero de más de mil años
Tal y como reza la placa fundacional situada en el Museo Arqueológico Provincial de Ourense, el monasterio fue heredado por seis monjes anacoretas en el año 573. Esto indica que este enclave ya era anteriormente un espacio religioso y sagrado para las comunidades de la zona. Sin embargo, su consolidación como monasterio benedictino no se documenta hasta el siglo IX, en tiempos de Alfonso III el Magno. Durante este periodo, destaca la figura del caballero Gemodus, quien es señalado como el restaurador del cenobio.

Desde el siglo X, San Pedro de Rocas permaneció bajo la tutela del Monasterio de Celanova, aunque en el siglo XII estuvo vinculado temporalmente a Santo Estevo de Ribas de Sil. A finales del siglo XV, con la implantación de la reforma benedictina en Galicia, el monasterio dejó de ser autónomo y pasó a ser un priorato dependiente de San Salvador de Celanova. Con este cambio, San Pedro de Rocas dejó de funcionar como monasterio independiente y quedó reducido a una parroquia regida por monjes hasta la desamortización del siglo XIX.
A su vez, el monasterio sufrió varios incendios a lo largo de su historia. Uno de los más devastadores tuvo lugar en el siglo X, causando la pérdida de su archivo. En 1928, un nuevo incendio redujo el conjunto a un estado deplorable, lo que llevó a la decisión de no restaurar la iglesia y, en su lugar, construir un nuevo templo más sencillo en Quinta do Monte. En este emplazamiento se trasladaron las campanas y se edificó un nuevo cementerio.
En la actualidad, el templo forma parte del Parque Arqueológico de la Cultura Castreña y Rupestre de Galicia y ha sido objeto de diversos trabajos de restauración y conservación. La rehabilitación de algunas estructuras y la adecuación del entorno han permitido que el lugar reciba un creciente número de visitantes cada año, atraídos por su historia y su peculiar arquitectura. Además, el Centro de Interpretación de la Ribeira Sacra, ubicado en el antiguo edificio monástico anexo, ofrece información detallada sobre la historia del enclave y su relevancia dentro del patrimonio gallego.
Una iglesia excavada en la roca

Uno de los aspectos más destacados de este monasterio es que se encuentra prácticamente tallado en la roca. Su iglesia es el edificio más representativo e importante del conjunto, siendo construida en el siglo VI. Su estructura se divide en tres naves excavadas en la roca con una pequeña abertura en el techo por donde entra la luz. Estas naves o capillas, de aspecto austero y rudimentario, conservan restos de pinturas murales medievales y presentan un conjunto de tumbas antropomorfas talladas en la piedra, que refuerzan su carácter funerario.
De hecho, se cree que en la capilla izquierda se ubica el sepulcro de Gemodus, además de otras sepulturas que pertenecieron a los monjes y habitantes que poblaron el enclave a lo largo de los siglos. Otro de los atractivos del monasterio es su campanario, que destaca no por su monumentalidad, sino por su singular ubicación sobre una gran roca. Este elemento, de posterior construcción, se integra armoniosamente con el conjunto arquitectónico y añade un carácter místico al entorno.
Cómo llegar
Desde Ourense, el viaje es de alrededor de 30 minutos por la carretera OU-536. Por su parte, desde Monforte de Lemos el trayecto tiene una duración estimada de 55 minutos por la vía N-120.
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