El último sablazo del ‘alquiler’: ocupar un nicho 10 años con inhumación y lápida cuesta en Madrid 2.058 € frente a los 260 en Soria

Casi la mitad de los ciudadanos en España, 22,3 millones, tienen un seguro de decesos para evitar que su último descanso se convierta en un problema económico para su familia

Dos mujeres colocan flores en un nicho del Cementerio de la Almudena en Madrid. Gustavo Valiente / Europa Press
Dos mujeres colocan flores en un nicho del Cementerio de la Almudena en Madrid. Gustavo Valiente / Europa Press
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La muerte no entiende de clases sociales, pero la factura del entierro sí, y depende mucho del lugar de residencia del fallecido. En España, organizar un funeral puede suponer varios miles de euros más según la comunidad autónoma en la que se celebre. Las diferencias también se trasladan a los seguros de decesos, cuyas primas pueden variar en más de 190 euros al año en función del territorio.

Las aseguradoras contemplan un capital medio de 4.078 euros para cubrir los gastos funerarios, según datos del informe El precio del seguro de decesos en España, elaborado por Selectra con motivo del día de Todos los Santos. Es ese precio entran el féretro, el acondicionamiento del cuerpo, el coche fúnebre, el velatorio y la organización de la ceremonia, además de los costes del cementerio por la inhumación o la incineración y la concesión de la sepultura.

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La factura, sin embargo, cambia considerablemente según el mapa. En Segovia, el coste medio del funeral alcanza los 5.664 euros, frente a los 3.021 euros de Santa Cruz de Tenerife. Una diferencia que demuestra que ni siquiera el descanso eterno escapa a las desigualdades territoriales. No extraña, por tanto, que 22,3 millones de españoles —casi la mitad de la población— hayan contratado un seguro de decesos para evitar que la última despedida se convierta en un problema económico para sus familiares.

Las pólizas más baratas se pagan en Santa Cruz de Tenerife

Las pólizas de decesos más económicas se encuentran en Santa Cruz de Tenerife, donde una persona de 35 años paga una prima media de 115,72 euros al año. En el extremo opuesto está Tarragona, con un coste anual de 174,82 euros, un 51,1% más.

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Precios anuales. Media de las seis compañías analizadas en cada capital. Prima nivelada. Fuente: Selectra.
Precios anuales. Media de las seis compañías analizadas en cada capital. Prima nivelada. Fuente: Selectra.
Precios anuales. Media de las seis compañías analizadas en cada capital. Prima nivelada. Fuente: Selectra.
Precios anuales. Media de las seis compañías analizadas en cada capital. Prima nivelada. Fuente: Selectra.

Madrid tampoco resulta precisamente económica. La capital ocupa el segundo puesto entre las ciudades con las pólizas más caras, con una media de 170,75 euros anuales. La diferencia no responde únicamente a la ubicación: también influye cuánto cuestan los servicios funerarios que deberán cubrir las aseguradoras cuando llegue el momento.

El precio de una sepultura permite hacerse una idea de la magnitud de esas diferencias. En Madrid, un nicho durante diez años, con inhumación y lápida, cuesta 2.058 euros. En Soria, esas mismas partidas ascienden a 260 euros.

Del ataúd a la limpieza de las redes sociales

Para las familias, un seguro de decesos no consiste solo en pagar por adelantado el funeral. Su principal objetivo es cubrir los servicios esenciales y descargar a los allegados de parte de las gestiones en un momento especialmente complicado. Las seis compañías analizadas por Selectra incluyen, entre otras prestaciones, el féretro, el acondicionamiento del cuerpo, el coche fúnebre, la sala de tanatorio, las flores y la ceremonia.

La cobertura también puede incluir los gastos del entierro o la incineración, las tasas correspondientes, la documentación relacionada con el fallecimiento y los traslados dentro de España. En otras palabras, se trata de dejar organizados los trámites para que la familia no tenga que improvisar mientras afronta la pérdida.

Hay aseguradoras que amplían ese catálogo con servicios adicionales: gestión de herencias y testamentos, asistencia psicológica para los familiares e incluso el borrado de la huella digital del fallecido. La oferta puede llegar a contemplar orientación veterinaria y asistencia para mascotas.

Eso sí, conviene leer la letra pequeña antes de dar por hecho que todo está incluido. Algunas de estas prestaciones son opcionales y elevan el precio de la prima. La posibilidad de desaparecer de internet después de morir puede resultar llamativa, pero no necesariamente viene de serie con el ataúd.

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La aseguradora puede importar más que la ciudad en el precio

El lugar de residencia no es el único factor que determina cuánto cuesta asegurar el funeral. La elección de la empresa puede provocar diferencias todavía más abultadas. En Madrid, una persona de 35 años puede encontrar pólizas desde 76,03 euros anuales hasta otras que alcanzan los 240,70 euros.

En Málaga, el abanico va de 71,53 a 256,65 euros al año. Tarragona presenta otra brecha considerable: entre la póliza más barata y la más cara hay 196,46 euros de diferencia anual. Comparar ofertas, por tanto, puede ahorrar dinero incluso antes de que llegue el momento de utilizar el seguro.

La comparación debe ir más allá del precio anunciado. Aunque las pólizas contemplan los servicios funerarios básicos, pueden diferir en el capital asegurado y en las prestaciones complementarias. Una prima baja no siempre garantiza que el contrato se ajuste a las necesidades de quien lo firma, de modo que conviene comprobar qué gastos cubre realmente cada opción y cuáles quedan fuera.

Cuanto más se espera, más cuesta

La edad también influye en la factura. Contratar un seguro de decesos a los 50 años cuesta, de media, un 51,5% más que hacerlo a los 35, lo que supone unos 73 euros adicionales al año. Preparar con antelación los gastos funerarios puede reducir el coste, aunque la conveniencia de una póliza concreta dependerá de sus condiciones y de las circunstancias personales.

Por eso, fuentes del sector recomiendan comparar precios, revisar las coberturas y prestar atención al tipo de prima contratada. No basta con mirar la cuota anual: también importa cómo puede evolucionar con el tiempo y qué servicios se recibirán a cambio.

La muerte sigue siendo una de las pocas certezas de la vida. Lo que no está escrito es cuánto habrá que pagar por organizar la despedida. Entre ciudades con tarifas muy distintas, pólizas que multiplican su precio y servicios que prometen borrar hasta el rastro digital, la última lección financiera es bastante terrenal: morirse es inevitable; pagar de más, no.

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