El cementerio que rompe todas las reglas de la muerte, está en Europa y lo visitan miles cada año

Más de 800 cruces talladas en madera narran, con humor y sin solemnidad, la vida de los vecinos que descansan bajo ellas en un pueblo cercano a la frontera con Ucrania

Las cruces del Cementerio Alegre de Săpânța combinan tallas en relieve y poemas en primera persona que resumen la vida de cada difunto. (Wikimedia/Chainwit.)
Las cruces del Cementerio Alegre de Săpânța combinan tallas en relieve y poemas en primera persona que resumen la vida de cada difunto. (Wikimedia/Chainwit.)
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El Día de Todos los Santos está a la vuelta de la esquina, los cementerios de toda España concentran visitas y recuerdos. En Rumanía, sin embargo, existe un camposanto que da una vuelta a la muerte. El Cementerio Alegre de Săpânța, en la región de Maramureș, donde más de 800 cruces de madera pintadas de azul celebran, en lugar de llorar, la vida de quienes descansan bajo ellas. Este destino de turismo cultural en Rumania se ha convertido en una de las paradas más buscadas por quienes viajan en otoño hacia el este de Europa.

A diferencia de los camposantos tradicionales, las tumbas de Săpânța combinan arte popular, humor y poesía en primera persona, una propuesta que atrae cada año a miles de viajeros interesados en el turismo rural de Maramureș. Lejos del silencio habitual de estas fechas, el Cementerio Alegre invita a recorrer su historia con una mirada distinta sobre la muerte y la tradición rumana.

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Un escultor campesino transformó la tradición funeraria en 1935

Epitafio del creador de las cruces alegres. (Wikimedia/Pixi)
Epitafio del creador de las cruces alegres. (Wikimedia/Pixi)

El origen del cementerio se remonta a ese año, cuando el artista local Stan Ioan Pătraș, que ya tallaba cruces para la iglesia del pueblo desde los 14 años, decidió incorporar en las lápidas escenas pintadas de la vida de cada difunto junto con un epitafio en primera persona. Según el sitio oficial de turismo de Rumania, Pătraș trabajó en el cementerio durante cuatro décadas, hasta su muerte en 1977, y llegó a tallar cerca de 700 cruces de madera de roble en los dos camposantos del pueblo.

Su antigua vivienda y taller se transformaron en un museo, la Casa Memorial Stan Ioan Pătraș, situada a apenas 300 metros del cementerio. Allí trabajó Dumitru Pop Tincu, su aprendiz más reconocido, quien continuó la tradición desde 1975 y dejó su propia impronta en el estilo de las nuevas cruces.

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El color de cada cruz responde a un código simbólico preciso

Los epitafios, redactados en tono irónico, suelen describir con humor los defectos o virtudes de quien yace bajo la cruz.  (Wikimedia/Photo by Adam Jones)
Los epitafios, redactados en tono irónico, suelen describir con humor los defectos o virtudes de quien yace bajo la cruz. (Wikimedia/Photo by Adam Jones)

El fondo de cada lápida es siempre azul, un tono particular bautizado como azul de Săpânța, que según documentan las oficinas de turismo, representa la esperanza y la libertad. Sobre ese fondo se distribuyen otros colores con significados propios:

  • Azul: esperanza y libertad, el color de fondo en todas las lápidas.
  • Verde: vida.
  • Amarillo: fertilidad.
  • Rojo: pasión.
  • Negro: muerte temprana.

Las escenas talladas en relieve muestran a los difuntos en las actividades que definieron su existencia: pastores con sus rebaños, mujeres que tejen o cocinan, campesinos que aran la tierra, barberos que cortan el cabello.

Los epitafios resumen la vida de los difuntos en tono irónico

Bajo cada imagen, un poema breve, escrito en el dialecto local, resume con humor los rasgos, virtudes o defectos del fallecido. Las composiciones, redactadas siempre en primera persona, funcionan como si el propio muerto se dirigiera a los visitantes. “Debajo de esta pesada cruz / yace mi suegra, pobre / traten de no despertarla / porque si vuelve a casa / me arrancará la cabeza”, reza uno de los epitafios más citados del cementerio, recogido por distintas publicaciones especializadas en la cultura de la región.

Antes de morir, el artista esculpió y pintó su propia cruz, que hoy se ubica frente a la entrada principal de la iglesia, con un epitafio que se presenta ante los visitantes: “Desde que era un niño pequeño / me llamaron Stan Ion Pătraș / escúchenme, buena gente / lo que voy a decir no son mentiras / en todos mis días de vida / no deseé mal a nadie / pero hice el bien que pude / a quien me lo pidiera / ay, pobre mundo el mío / qué difícil fue vivir en él”, según la traducción recogida por el sitio especializado Romanian Monasteries.

Las creencias y valores dacios explican la festividad ante la muerte

El Cementerio Alegre, en el norte de Rumania, figura entre las Siete Maravillas del país según el sector turístico local. (Wikimedia/Curcan ionel)
El Cementerio Alegre, en el norte de Rumania, figura entre las Siete Maravillas del país según el sector turístico local. (Wikimedia/Curcan ionel)

Los dacios consideraban que la muerte no era un final trágico. Pensaban que era el paso a un encuentro con su dios supremo, Zalmoxis. Además, creían en la inmortalidad del alma. Esta manera de vivir la muerte ha perdurado incluso a la conquista romana, aún más en las regiones más al noroeste del país, donde se conservan tradiciones rurales, construcciones de madera y oficios artesanales.

El catálogo de escenas se amplió para reflejar la Rumania contemporánea

Las nuevas cruces que se incorporan al cementerio ya no retratan únicamente oficios campesinos. Con el paso de las décadas, el repertorio de escenas se amplió para dar cuenta de los cambios sociales del país: hay lápidas dedicadas a víctimas de accidentes de tránsito, a personas que murieron durante el régimen comunista y, más recientemente, a rumanos que emigraron a Europa occidental y fallecieron lejos de su tierra natal. El Cementerio Alegre recibe actualmente a cientos de miles de visitantes por año, atraídos por una propuesta que combina arte popular, humor y memoria colectiva.

Cuánto cuesta entrar al cementerio y cuándo abre

La iglesia de madera que convive con el cementerio más alegre de Rumania. (Wikimedia/Teodor6502002)
La iglesia de madera que convive con el cementerio más alegre de Rumania. (Wikimedia/Teodor6502002)

La entrada cuesta 10 leus rumanos (unos 2 euros), con tarifa reducida de 5 leus para niños de 7 a 14 años y acceso gratuito para los menores de siete. El recinto permanece abierto todos los días, generalmente de las 08:00 a las 20:00. Rumania forma parte de la Unión Europea, por lo que los ciudadanos españoles no necesitan visado para ingresar al país.

Cómo llegar a Săpânța desde España

El cementerio se encuentra a unos 19 kilómetros de Sighetu Marmației y a 80 kilómetros de Baia Mare. No existen vuelos directos desde España hasta esta región: la opción más habitual es volar a Bucarest, con conexiones directas desde Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Alicante y Sevilla, y desde allí tomar un vuelo interno a Baia Mare o Cluj-Napoca.

Desde Baia Mare, el trayecto en coche hasta Săpânța dura aproximadamente una hora y media. Desde Cluj-Napoca, alternativa con mayor frecuencia de vuelos internacionales, el viaje por carretera se extiende entre cuatro y cinco horas. Sighetu Marmației funciona como base habitual para quienes recorren la región, con acceso a taxis y excursiones locales hacia el cementerio.

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