
La ciudad suiza de Saint-Gall está a punto de convertirse en el centro de una propuesta tan curiosa como artística: la estación de esquí más pequeña del mundo. Con una pendiente de apenas 20 metros, ubicada frente a un edificio desocupado en Schneebergstrasse 50, el proyecto incluye la construcción de una pequeña colina, iluminación y un pequeño puesto de après-ski. La inauguración está prevista para febrero, según informó el medio local CH Media.
La propuesta, impulsada por el colectivo IG Skilift AG, estuvo a punto de fracasar debido a la fuerte oposición de los vecinos de la zona. Los residentes expresaron sus temores sobre posibles ruidos y lo que describieron como “una alegría alpina” similar a la de estaciones tradicionales como Ischgl, en Austria. Sin embargo, los promotores lograron disipar las dudas y, finalmente, la oposición fue retirada.
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“No será un segundo Ischgl”, aseguró Christian Meier, portavoz de IG Skilift AG, en declaraciones a CH Media. La comparación con la famosa metrópoli après-ski resulta, según los organizadores, innecesaria. El verdadero propósito del proyecto va mucho más allá del entretenimiento comercial: se trata de una obra de arte que busca desafiar la concepción tradicional de las estaciones de esquí.
Una iniciativa artística

Esta pequeña colina y su pista de 20 metros, descrita como “tiefschwarzen (negro profundo)”, servirán como un “canto del cisne a los placeres del esquí en tiempos de cambio climático”, explicó Meier. La iniciativa no tiene un objetivo comercial, sino artístico, y pretende invitar a la reflexión sobre la fragilidad de las tradiciones alpinas en un contexto de calentamiento global y escasez de nieve. Además, según el mismo diario, la financiación del proyecto parece bien encaminada. El cantón de Saint-Gall planea contribuir con una cantidad de entre 45.000 y 187.000 francos.
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Esta partida presupuestaria, sin embargo, todavía requiere la aprobación del Parlamento cantonal. “Este proyecto no es una provocación, sino una invitación a la contemplación y a la creatividad”, destacó Meier, subrayando que la pequeña estación no busca competir con destinos alpinos tradicionales, sino ofrecer una experiencia singular y simbólica en el corazón de la ciudad.
Por su parte, el desarrollo de la estación ha sido posible también gracias al apoyo de numerosos voluntarios que se han sumado a la iniciativa. Los organizadores incluso lograron encontrar un remonte averiado en la localidad de Gais, en el cantón de Appenzell Rodas Exteriores, que será restaurado y adaptado para la pista de Saint-Gall. Actualmente, solo queda la obtención del permiso de construcción y la transformación del edificio desocupado en Schneebergstrasse, según el diario local.
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La singular propuesta ya ha captado la atención tanto de curiosos como del mundo político, donde ha sido bien recibida por su carácter innovador y su componente artístico. A 740 metros sobre el nivel del mar, Saint-Gall se prepara para ofrecer una atracción sin precedentes. De cara a la inauguración en febrero, los promotores mantienen la esperanza de que la nieve natural permita inaugurar la pista en su versión “negro profundo”, aunque no descartan la posibilidad de cubrir la pendiente con nieve artificial si las condiciones climáticas lo requieren.
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