Cuando el psiquiatra Vallejo-Nájera, el ‘Mengele español’, se alió con la Gestapo para experimentar con personas en Burgos

La dictadura franquista concedió al psiquiatra militar la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad para llevar a cabo crímenes como el robo de niños de familias republicanas

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Retrato del psiquiatra franquista Antonio Vallejo-Nájera (Juan Miguel Pando Barrera / Instituto del Patrimonio Cultural de España)
Retrato del psiquiatra franquista Antonio Vallejo-Nájera. (Juan Miguel Pando Barrera/Instituto del Patrimonio Cultural de España)

Al dorso de las fotografías de los presos de San Pedro de Cardeña (Burgos) durante la Guerra Civil, puede leerse lo siguiente: “La hoz internacional ha volcado en la España roja sus mejores ejemplares de paranoicos y degenerados para luchar contra los españoles de la España Nacional”. Eran los voluntarios de las Brigadas Internacionales.

Aquellos extranjeros, que habían llegado a España movidos por sus ideas antifascistas para apoyar militarmente a la Segunda República durante la Guerra Civil, fueron apresados y encerrados en el monasterio de San Pedro de Cardeña. Los sublevados rápidamente reconvirtieron este edificio religioso en un campo de concentración, que llegó a albergar a más de 4.000 prisioneros españoles y extranjeros.

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Fue en este campo de concentración donde el psiquiatra de cabecera del franquismo desplegó todo su pensamiento pseudocientífico para ejecutar uno de los crímenes más atroces de la Guerra Civil. Antonio Vallejo-Nájera (1889-1960), el psiquiatra militar al que Franco entregaría en 1947 la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad, que ahora ha sido revocada por el Gobierno, hizo de San Pedro de Cardeña su lugar de recreo para llevar a cabo experimentos con humanos.

Con la participación de la Gestapo, la policía secreta de la Alemania nazi, Vallejo-Nájera puso en práctica sus teorías psiquiátricas con miles de personas en este campo de concentración cercano a la localidad burgalesa de Castrillo del Val. Para ello, fundó y dirigió el Gabinete de Investigaciones Psicológicas, una institución que disfrazó la ciencia para justificar el franquismo y patologizar la ideología progresista.

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado este viernes que el Ejecutivo tramitará en el próximo Consejo de Ministros la retirada de la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad al psiquiatra Antonio Vallejo-Nájera. (Fuente: La Moncloa)

El laboratorio humano de Vallejo-Nájera

El psiquiatra adquirió el sobrenombre de ‘Mengele español’ por la similitud de sus prácticas con las del médico nazi Josef Mengele, el ‘Ángel de la Muerte’ que realizó experimentos humanos letales en el campo de concentración de Auschwitz y dirigió las selecciones de prisioneros para las cámaras de gas.

Vallejo-Nájera quería su propio Auschwitz y escogió el campo de concentración de San Pedro de Cardeña para efectuar sus teorías eugenésicas o de “higiene racial”. Las terapias eugenésicas de finales del siglo XIX y principios del XX habían sentado las bases para la política nazi de esterilización forzosa y sustentaron el asesinato de personas con discapacidad, institucionalizado como parte del programa clandestino de “eutanasia”.

Por su parte, el ‘Mengele español’ publicaría entre 1938 y 1939 una serie de estudios titulados Psiquismo del fanatismo marxista con el fin de demostrar la existencia de un “gen rojo” que promovía deficiencias mentales. Apoyándose en su Gabinete de Investigaciones Psicológicas, Antonio Vallejo-Nájera trató de establecer una estrecha relación entre las enfermedades mentales y las ideas progresistas. Él mismo describiría a las personas con ideologías contrarias al franquismo y el nazismo como sujetos que padecían una “inferioridad mental” y “psicópatas antisociales”.

Imagen de archivo del psiquiatra franquista Antonio Vallejo-Nájera, el 'Mengele español' (Wikimmedia Commons)
Imagen de archivo del psiquiatra franquista Antonio Vallejo-Nájera, el 'Mengele español'. (Wikimmedia Commons)

Los métodos del ‘Mengele español’: frío, hambre, humillación y castigo

Como en la mayoría de los campos de concentración que erigió el franquismo, las condiciones de vida en San Pedro estaban marcadas por “piojos, frío, hambre, sed, humillación, aculturación y castigo", según describiría uno de sus supervivientes en el libro Prisoners of the good fight: the Spanish Civil War.

El hacinamiento y la insalubridad hicieron del campo de concentración un foco de enfermedades, todas ellas aglutinadas bajo el nombre de “sanpedronitis”. Es el concepto que utilizó el historiador Javier Rodrigo en su libro Cautivos para describir “la dolencia más generalizada: la caída de los dientes, las encías sangrantes, derivadas de la mala alimentación y la escasez de vitaminas”.

El psiquiatra de confianza de Franco

La obra de Vallejo-Nájera fue, sin duda, central para el aparato represivo del franquismo, convirtiendo el estudio psiquiátrico de los prisioneros políticos en herramienta para deshumanizarlos y consolidar la construcción de una “nueva España” basada en jerarquías morales y raciales. Tras la guerra, Vallejo se consolidó como figura central en la psiquiatría española de los años 40 y 50, demostrando la capacidad de la psicología para adaptarse y ser instrumentalizada por regímenes totalitarios y agendas políticas.

Los planteamientos del psiquiatra franquista también promovieron algunos de los crímenes más atroces de la dictadura, como el robo de miles de niños y niñas de familias republicanas para su reeducación política y moral. El ‘Mengele español’ también sostenía que las mujeres tenían “la inteligencia atrofiada”, cuya única misión era la de procrear y dar hijos a la patria.

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