
Erling Haaland, Vitinha o Michael Olisé en el radar del Real Madrid. Julián Álvarez, Rafael Leão y Bernardo Silva en el del FC Barcelona. Cada verano, el relato es siempre el mismo. Los dos equipos más grandes del fútbol español compiten por llevarse a los mejores jugadores, no solo de LaLiga, también de Europa. Y tarde o temprano, ese futbolista acaba vistiendo de blanco o azulgrana.
No es casualidad ni azar. Es la mecánica de dos clubes que operan “en otra liga diferente al resto”. Y que este verano de 2026 vive uno de sus episodios más llamativos: unas elecciones presidenciales en el Real Madrid convertidas en subasta de promesas millonarias, con nombres como Haaland, Rodri o un galáctico anónimo de 150 millones que Florentino Pérez se comprometió a anunciar si gana. En Barcelona, con una maquinaria que sitúa al delantero argentino prácticamente en el Spotify Camp Nou.
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Pero esto ya venía de antes. Joan García, Trent Alexander-Arnold, Frankie de Jong o Kylian Mbappé son ejemplos claros de que, cuando Barça y Madrid ponen el punto de mira en alguien, lo consiguen. “En lo que llamamos ahora el planeta fútbol, cada vez más globalizado, el Madrid y el Barcelona pueden proponerse fichar a quien quieran”, sentencia Juan Carlos Jiménez Redondo, sociólogo especializado en comportamiento político y deportivo, en conversación con Infobae.
Un duopolio más que asumido
En España, “el FC Barcelona moviliza al 30% de los aficionados, y el Real Madrid al 50%. A esos no les puedes tener permanentemente sin títulos”, explica el sociólogo. No es por gusto. Esos porcentajes condicionan los ingresos televisivos, el interés de la publicidad y la atención del público. En este siglo, el 80% de los campeonatos de LaLiga han sido ganados por uno de estos dos equipos (13 los azulgranas y 9 los merengues).
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Es decir, un poder que se traduce también en atractivo para los propios deportistas. Y, por supuesto, también en un mensaje al mundo, a la masa social, a los rivales. El Real Madrid y el FC Barcelona no solo compiten por los títulos, compiten por algo más: prestigio social.

Cómo los medios hacen el trabajo sucio
Y aunque cada vez sea mayor la esfera hermética que rodea a los clubes profesionales, el periodismo deportivo actúa como agente activo del mercado de fichajes. La relación es de beneficio propio. Los clubes consiguen situar al jugador en el foco y los medios son capaces de atraer más audiencia.
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“Lo que le están diciendo a los jugadores es: ‘Oye, yo quiero ficharte. Si tú pones de tu parte, pues lo vamos a hacer, porque yo tengo dinero para hacerlo’. Es dar por enterado al mundo del fútbol que el Barcelona o el Madrid tienen interés en un jugador. Y eso genera una presión al futbolista en el club de procedencia extraordinariamente poderosa”, señala Jiménez a este diario.
El caso Julián, un ejemplo perfecto
Este verano se da un caso perfecto para explicar cómo funciona ese mecanismo. El FC Barcelona ha usado a la prensa para hacer saber a Julián Álvarez que está interesado en él. Con la marcha de Lewandowski y, a pesar del reciente fichaje de Anthony Gordon, el club puede conseguir su inscripción si es capaz de dar salida a varios de sus jugadores.
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Ahora es el propio futbolista quien tiene que dar el paso y hacer saber a su club, en este caso el Atlético de Madrid, que su deseo es jugar en el Camp Nou y, de ser así, intentar facilitar su salida. Porque decir que no al Real Madrid o al Barça no es fácil. “Son la referencia del fútbol mundial”, subraya Jiménez.
No obstante, existen excepciones. Julen Guerrero, centrocampista del Athletic, rechazó al Real Madrid en 1995 tras una temporada de 21 goles: “Yo creo que perdió una de las oportunidades de su vida, que hoy seguramente reconocerá que perdió”, dice el sociólogo. Francesco Totti admitió haber estado “a un 80% de firmar por el Real Madrid” en 2004 y prefirió quedarse en Roma. Su palmarés (un Scudetto y dos Copas de Italia) habla de lo que esa decisión le costó en términos de títulos. El Real Madrid ganó 14 entre 2004 y 2017, que se retiró (4 ligas, 2 Copas del Rey, 3 Champions y 2 Supercopas de España y 2 Supercopas de Europa).
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El caso más reciente es el de Nico Williams. El extremo del Athletic resistió el asedio del verano pasado, pero Jiménez lo matiza: “El caso del Bilbao es una cosa un poco diferente, porque es un club muy de la tierra, muy de cantera. Si este año Nico Williams hubiera estado bien, seguro que no hubiera podido resistir”.

La otra cara de la moneda: Villarreal, Celta, Real Sociedad...
La otra cara de esta realidad la sufren los clubes medianos y modestos. Equipos como Athletic Club, Villarreal, Real Sociedad o Celta trabajan durante años para desarrollar talento propio y competir contra presupuestos muy superiores. Cuando aparece el interés de uno de los gigantes, la resistencia resulta complicada. “Juegan en la misma liga, pero juegan otra liga”, resume Jiménez.
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Únicamente existe un caso que se sitúa en medio de esta realidad. El Atlético de Madrid es un club con una afición muy arraigada e identitaria que está experimentando, con la llegada de un capital exterior, una expansión global. “Igual que le quieren quitar a Julián Álvarez, coge el Atlético de Madrid y se lleva a cualquier jugador de otro equipo”, apunta el sociólogo. Ejemplo de ello son Álex Baena o, sin ir más lejos, Antoine Griezmann.
La ansiedad del Barça y la resistencia del Madrid
Si entramos a estudiar a los dos grandes, también encontramos diferencias. El FC Barcelona, con una deuda que roza los 1.300 millones de euros, no puede permitirse sequías. “El Barça tiene una ansiedad de títulos y una necesidad mucho mayor. Su situación económica es más angustiosa y la presión mediática es infinitamente mayor”, explica Jiménez.
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El club azulgrana lleva dos ligas consecutivas bajo Hansi Flick, haciendo un buen papel en la Copa del Rey y en Champions, lo que le da margen por el momento. Pero la historia demuestra que, sin títulos, acaba haciendo operaciones de riesgo extremo, como en su día fue el fichaje de Maradona. Según el sociólogo, los blancos aguantan más. “Para el Madrid no ganar nada durante dos años es un fracaso insoportable”, admite, pero “no pierde espectadores ni presencia mediática” y los ingresos se siguen manteniendo.
Y, aunque parezca paradójico, también compiten en ‘enemigos’. El FC Barcelona es identificado por muchos sectores como una expresión del catalanismo, mientras que el Real Madrid es percibido por parte de sus detractores como símbolo del centralismo. “El Barça genera una antipatía de tipo político-ideológico entre quienes tienen un sentimiento más proespañol. Y el Real Madrid provoca rechazo en quienes ven en él la expresión de lo global frente a las identidades más locales”, concluye Jiménez.
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