
En 2015 se estrenó en España una de las obras teatrales que más impacto han causado en los últimos años. Se trataba de La piedra oscura, del joven dramaturgo Alberto Conejero que dirigió Pablo Messiez. Ahora, esta pieza, es una de las claves que Javier Ambrossi y Javier Calvo han utilizado para articular su última y aclamada obra en el Festival de Cannes, La bola negra.
La representación de La piedra oscura, logró suscitar un interés renovado por la memoria histórica, articulando un vínculo entre la necesidad de recordar y el deseo de comprender, utilizando como motor el encuentro ficticio entre un teniente republicano y un soldado del bando nacional, a través de una pieza que se desmarca por su modo de abordar el legado de aquellos que, como Rafael Rodríguez Rapún, quedaron al margen del relato oficial de la historia española.
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Conejero sitúa la acción de La piedra oscura en una habitación de hospital militar cerca de Santander, donde Rafael Rodríguez Rapún vive sus horas finales bajo la custodia de Sebastián, un joven inexperto del bando contrario. La clave ‘diferenciadora’ reside en que la obra se inspira en la figura real de Rodríguez Rapún, identificado como “el más hondo amor de Lorca”, aunque ‘ficciona’ el encuentro nocturno con Sebastián para acentuar la dimensión humana y moral de la tragedia. El texto no busca el enfrentamiento, sino la capacidad de dos enemigos para reconocerse y comprenderse en mitad de una guerra.
Un texto basado en reivindicar la memoria
La génesis de La piedra oscura remite a un minucioso trabajo de documentación, en el que se mezclan la investigación sobre fuentes históricas y testimonios directos, como el del hermano menor de Rodríguez Rapún.
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Además, el texto está marcado por el legado que Federico García Lorca confió a Rodríguez Rapún: tres obras Así que pasen cinco años, El público y Comedia sin título y unos poemas cuya custodia simboliza la “memoria colectiva que hay que preservar”, según subrayó el propio Conejero.

El dramaturgo insistió en su momento en su reivindicación de la memoria histórica al considerar que es un espacio de justicia, y que solo desde la vivencia compartida de un relato se puede comprender el pasado y evitar su repetición.
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Desde esta perspectiva, Conejero elige como título de la obra el de un proyecto inédito de García Lorca sobre la homofobia, aportando así un sentido dual: “lápida” y “paredón”, pero también “el amor que no puede decirse”.
La palabra como acto de resistencia
El dramaturgo destaca la función del diálogo y la palabra como herramientas esenciales de transformación y entendimiento mutuo: la fuerza de transformación que ejerce la palabra estructura la dramaturgia y contribuye a que el teatro, al margen de artificios, ofrezca un lugar de resistencia frente a la desmemoria.
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El trasfondo histórico de la obra se sitúa entre los años 1936 y 1937, periodo en que la violencia y la represión marcaron la vida y muerte tanto de Lorca como de Rodríguez Rapún. La relación entre ambos, aunque conocida por los especialistas, ha permanecido históricamente silenciada; un silencio que forma parte de la homofobia, de negar la realidad, esconderle las palabras, no darle términos escritos ni verbales.

Conejero, recogiendo este legado y apoyándose en la labor de historiadores como Ian Gibson, reconstruye el itinerario de olvido y ocultación que ha marcado la comprensión pública del significado personal y político de figuras como Lorca y Rodríguez Rapún.
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Los Javis recuperan ‘La piedra oscura’
La clave literaria y emocional de la obra reside en la capacidad de Conejero de sintetizar, en una convivencia ficticia pero verosímil, la experiencia del odio, la soledad y la esperanza de reconciliación que definieron la guerra civil española. El dato de que Rodríguez Rapún murió un año exacto después de Lorca, el 18 de julio de 1937, tras ser herido por un bombardeo del bando nacional, aporta una dimensión de fatalidad que la ficción teatral explora y ‘resignifica’.
El desenlace de La piedra oscura no es ‘revanchista’ ni busca dictar sentencia sobre el pasado, sino que supone, en palabras de Conejero un ruego explícito: este país no puede estar ribeteado de muertos en sus cunetas y que los familiares tengan que financiarse ellos mismos las exhumaciones a través de asociaciones.
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Ahora, Los Javis, en colaboración con Alberto Conejero, abren precisamente su último filme con la historia que recoge La piedra oscura, la de Sebastián y Rafael Rodríguez Rapún (encarnado por Miguel Bernardeau), el carcelero y la pareja de Lorca en 1937. La segunda historia (son tres, que se abrirán como un abanico perpetuando la memoria herida), corresponderá a las cuatro páginas que Lorca dejó escritas de La bola negra y, los creadores imaginarán qué pasaría si estuviera completa. Ediciones Cátedra acaba de sacar una edición a cargo de Emilio Peral Vega y Simone Trecca que contiene La piedra oscura, Ushua y En mitad de tanto fuego.
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