Jean-Jacques Rousseau, filósofo: “Prefiero ser un hombre de paradojas que un hombre de prejuicios”

El autor de obras como ‘El contrato social’ o el ‘Emilio’ se enfrentó a las élites sociales de su época y a sus prejuicios, frente a las que reivindicó el valor de las dudas y el pensamiento propio

Guardar
Google icon
Cuadro de Jean-Jacques Rousseau pintado por Maurice Quentin de La Tour.
Cuadro de Jean-Jacques Rousseau pintado por Maurice Quentin de La Tour.

Jean-Jacques Rousseau es uno de los filósofos más importantes de la historia. Al fin y al cabo, sin su obra El Contrato Social, no existirían conceptos como la soberanía popular o la igualdad ciudadana ante la ley. Sin embargo, si solemos asociar a los grandes pensadores una vida en calma para desarrollar sus ideas, en el caso de Rousseau fue todo lo contrario. Nacido en Ginebra en 1712 y huérfano de madre desde sus primeros días, vagó por Francia e Italia durante buena parte de su vida, llevando a cabo todo tipo de trabajos.

Esto, junto con su carácter indómito y no poco sensible, hizo que no se llevara demasiado bien con las élites palaciegas del momento, a los que dirigió una famosa frase en el libro de Emilio, su tratado sobre educación. “Prefiero ser un hombre de paradojas que un hombre de prejuicios”. Con estas palabras, hacía referencia a su rechazo a las verdades absolutas que imperaban entonces. Rousseau prefería explorar las tensiones de la naturaleza humana antes que aceptar ciegamente las rígidas normas de una sociedad que consideraba profundamente corrompida.

PUBLICIDAD

De este modo, el filósofo defendía que la verdad no siempre es lineal ni cómoda. “A menudo me asaltan ideas extrañas, pero sigo creyendo que mis contradicciones son más verdaderas que vuestras certezas”, escribiría también en el Emilio, invitando a abrazar las dudas sobre todo aquello que sabemos y a asumir que es mejor contradecirse en la búsqueda sincera que vivir cómodamente instalados en los dogmas preestablecidos.

Ilustración del filósofo Jean-Jacques Rousseau
Ilustración del filósofo Jean-Jacques Rousseau

Por qué la frase de Rousseau sirve tanto hoy en día

Si el ginebrino viviera en la época actual, vería como sus reflexiones han cobrado una vigencia asombrosa. Nuestra sociedad vive hiperconectada, pero al mismo tiempo polarizada en algoritmos que premian las respuestas rápida y las burbujas donde solo nos llega la información de nuestro bando. El matiz se confunde con la debilidad, transformando el debate público en un intercambio de sesgos y donde, muchas veces, pensar de forma divergente se penaliza.

PUBLICIDAD

Al ver todo este panorama, puede que el filósofo hubiera cogido sus Discursos y nos hubiera lanzado una advertencia sobre el peligro que corremos en un panorama como este. "Los hombres son tan simples y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes, que el que engaña encontrará siempre quien se deje engañar”. Su defensa de la paradoja es, pues, un antídoto directo contra todo tipo de sumisiones ideológicas.

El filósofo y ensayista alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. (Fundación Princesa de Asturias/UIMP/MOME)

No sería el único filósofo que defendería ideas de este tipo. Siglos más tarde, Friedrich Nietzsche nos recordaría que “la voluntad de verdad es a menudo solo el ocultamiento de una debilidad”. Por su parte, Hannah Arendt señalaría que son los prejuicios lo que provoca que “el pensamiento superfluo”, coincidiendo en los riesgos que supone basar el pensamiento en ideas prefabricadas. La paradoja, y todo lo que esta lleva consigo (las dudas, las correcciones, las complejidadaes), sirve para cuestionar los valores tradicionales, pero también como salvaguarda política y, por encima de todo, como la prueba más sólida de que el ser humano sigue pensando por sí mismo.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD