
Han pasado doce años de su muerte, pero el nombre de Robin Williams sigue atesorando el cariño de muchos fans de sus películas: El indomable Will Hunting, El club de los poetas muertos, Señora Doubtfire, papá de por vida, Jumanji... Títulos que, además de valerle un Oscar al Mejor actor de reparto, también le alzaron como una de las figuras más reconocibles y queridas de Hollywood.
Sin embargo, antes de convertirse en actor, Robin Williams se ganó la vida realizando shows de comedia en vivo (stand-up). Cuando ya era una estrella, el intérprete siguió viendo esa faceta cómica como un refugio. Por eso, en 2002 regresó a sus raíces con Robin Williams: Live on Broadway, un especial de monólogo en el que recuperó la energía desbordada que le caracterizaba, y en el que dejó una frase que acabaría siendo recordada durante años: “Algunos nacen grandes, algunos consiguen la grandeza y otros la toman como un regalo de graduación”.
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La frase no nació enteramente de Williams, quien además ya la había empleado en un acto junto a Bill Clinton en el año 2000. En realidad, es una modificación cómica de una célebre línea de William Shakespeare en Noche de reyes. En esta obra, el criado Malvolio lee una carta falsa que María ha preparado para engañarlo y cree que la condesa Olivia le declara su amor. Allí aparece la idea de que unos nacen grandes, otros alcanzan la grandeza y otros la reciben inesperadamente. El actor cambió precisamente ese último giro.
Un hijo del presidente elegido como presidente
Mientras Shakespeare hablaba de la grandeza como poder, posición o reconocimiento, Robin Williams decidió hacer un chiste con algo mucho más cotidiano, un diploma, y un blanco muy claro, el expresidente George W. Bush. El político republicano, hijo de otro presidente de los Estados Unidos, era duramente criticado por haber ordenado la invasión de Afganistán tras los atentados del 11-S, con el objetivo de desmantelar Al Qaeda y capturar a Osama bin Laden, pero además era objeto de burlas constantes por sus errores a la hora de hablar en público (los famosos bushisms).
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Williams está jugando con la idea moderna de que el éxito puede venir certificado, empaquetado y entregado. Para él, Bush hijo era el ejemplo perfecto de cómo determinadas personas parecen llegar al poder por circunstancias familiares o históricas más que por méritos extraordinarios. Para muchos, el título universitario representa esfuerzo y aprendizaje, pero también puede convertirse, en la sátira del cómico, en un símbolo de estatus que alguien recibe y exhibe como prueba automática de grandeza.

Así, el “regalo de graduación” sugiere que la grandeza, como el privilegio, a veces parece concederse sin que quien la recibe tenga que demostrar demasiado. Como Shakespeare, ilustra que mientras unos nacen en una posición privilegiada, otros alcanzan un estatus social elevado mediante sus propios actos, méritos, ambición o circunstancias. Aunque, como señalaba el famoso dramaturgo, otras veces son las circunstancias, la fortuna o las decisiones de otras personas las que lo colocan de repente en una posición de poder o relevancia.
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Quizá por eso su chiste sobre la grandeza sigue siendo recordado. Porque, lejos de ofrecernos una definición sobre lo que son el éxito o el poder, Williams tomó una cita ya de por sí solemne y la trasladó a un lenguaje que todos pudiéramos comprender para lanzar un dardo contra la importancia en sí misma. La vanidad, el privilegio o la idea de que el éxito siempre es ‘merecido’ eran lo que pretendía combatir el actor, y ya de paso, arrancarle unas cuantas carcajadas a los espectadores.
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