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La reflexión de Luis Buñuel sobre la libertad creativa: “En alguna parte, entre el azar y el misterio, se desliza la imaginación, la libertad total del hombre”

El director aragonés, uno de los más importantes del surrealismo y del cine español, falleció un día como hoy hace 43 años

Montaje con la imagen de Luis Buñuel.
Montaje con la imagen de Luis Buñuel.
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Luis Buñuel (Teruel, 1900-Ciudad de México, 1983) se burló, como pocos, de absolutamente todo. Del franquismo, de Dios o de incluso de los propios premios, el cineasta aragonés hizo de la irreverencia una forma de mirar el mundo. Autor de algunas obras más importantes de la historia del cine español como Un perro andaluz, Viridiana o El ángel exterminador, el cineasta convirtió precisamente el surrealismo que caracterizaban sus obras en un arma para desafiar y cuestionar cualquier forma de autoridad. Este 29 de julio se cumplen 43 años de su muerte.

Y como no podía ser de otra manera, ese mismo espíritu impregnó sus memorias. Buñuel publicó Mi último suspiro en 1982, un año antes de su muerte, junto al guionista Jean-Claude Carrière, su fiel compañero. Entre sus páginas escribió muchas de sus batallas, también con su punto cómico, y por ello una de las reflexiones que mejor condensan su manera de entender la creación artística es la siguiente: “En alguna parte, entre el azar y el misterio, se desliza la imaginación, la libertad total del hombre”.

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Es en el capítulo llamado Ateo gracias a Dios donde Buñuel expuso su relación con la religión, el universo y la creatividad. “Esta libertad, como las otras, se la ha intentado reducir, borrar. A tal efecto, el cristianismo ha inventado el pecado de intención. Antaño, lo que yo imaginaba ser mi conciencia me prohibía ciertas imágenes: asesinar a mi hermano, acostarme con mi madre. Me decía: ‘¡Qué horror!’”, añade tras la citada frase.

El origen de la cita

No fue hasta pasados los 60 años cuando entendió que "lo que sucedía en mi cabeza no concernía a nadie más que a mí" y decidió dejar que su imaginación “aun cruenta y degenerada, adonde buenamente quisiera”. ”Desde entonces, lo acepto todo, me digo: ‘Bueno, me acuesto con mi madre, ¿y qué?’, y casi al instante las imágenes del crimen o del incesto huyen de mí, expulsadas por la indiferencia. La imaginación es nuestro primer privilegio. Inexplicable como el azar que la provoca. Durante toda mi vida me he esforzado por aceptar, sin intentar comprenderlas, las imágenes compulsivas que se me presentaba", escribió.

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El Festival Lumière acogerá el reestreno de la versión restaurada de Vidriana, el clásico de Luis Buñuel. (FLIXOLÉ/Europa Press)
El Festival Lumière acogerá el reestreno de la versión restaurada de Vidriana, el clásico de Luis Buñuel. (FLIXOLÉ/Europa Press)

Nacido en Calanda (Teruel) el 22 de febrero de 1900, pasó parte de su juventud en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde entabló amistad con Federico García Lorca, Salvador Dalí y Rafael Alberti, entre otros miembros de la Generación del 27. En 1925 se trasladó a París y poco después, junto a Dalí, escribió el guion de Un perro andaluz (1929), el cortometraje que lo convirtió en uno de los grandes referentes del surrealismo cinematográfico.

Tras el escándalo provocado por La edad de oro (1930) debido a su anticlericalismo, desarrolló buena parte de su carrera fuera de España. Vivió y trabajó en Estados Unidos antes de establecerse en México en 1947, país en el que dirigió algunas de sus películas más celebradas, como Los olvidados (1950), Él (1952), Nazarín (1959) o El ángel exterminador (1962). El reconocimiento internacional le permitió regresar puntualmente a España para rodar Viridiana (1961), una película que fue prohibida por el franquismo pese a conquistar la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

En los años siguientes firmó títulos fundamentales como Belle de jour (1967), La vía láctea (1969), El discreto encanto de la burguesía (1972), que obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera, El fantasma de la libertad (1974) y Ese oscuro objeto del deseo (1977), su último largometraje. Buñuel murió en Ciudad de México el 30 de julio de 1983.

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