La reflexión de Mary Wollstonecraft, escritora inglesa, sobre el feminismo: “No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas”

La madre de Mary Shelley defendió la independencia femenina en pleno siglo XVIII con un ensayo que sentó las bases del feminismo moderno

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Mary Wollstonecraft
Mary Wollstonecraft

No es casualidad que la madre de Mary Shelley, la autora de Frankenstein, fuera también una de las figuras más influyentes de la historia del pensamiento moderno. Mucho antes de que su hija revolucionara la literatura gótica con la creación del célebre monstruo de Victor Frankenstein, Mary Wollstonecraft (Londres, 1759-1797) ya había desafiado las normas de su tiempo. Filósofa, ensayista y escritora, es una de las precursoras del feminismo moderno gracias a unas ideas que, más de dos siglos después, continúan vigentes.

En una época en la que las mujeres apenas tenían acceso a la educación, dependían legal y económicamente de los hombres y quedaban relegadas al ámbito doméstico, Wollstonecraft defendió que la desigualdad no era una cuestión de naturaleza, sino el resultado de una sociedad que negaba a las mujeres las mismas oportunidades para desarrollar su inteligencia y su independencia. Su pensamiento quedó resumido en una idea que hay que continuar repitiendo a día de hoy: “No deseo que las mujeres tengan más poder que los hombres, sino que tengan más poder sobre sí mismas”.

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La frase pertenece a Vindicación de los derechos de la mujer (A Vindication of the Rights of Woman), publicada en 1792. Considerada una de las obras fundacionales del pensamiento feminista, el ensayo lo escribió para reclamar que los principios ilustrados de libertad e igualdad se aplicaran también a las mujeres. Wollstonecraft sostuvo que la aparente inferioridad femenina era consecuencia de una “educación descuidada” y de una sociedad que limitaba deliberadamente sus oportunidades.

La vida y obra de Wollstonecraft

La autora escribió esto como respuesta a una afirmación del filósofo Jean-Jacques Rousseau, autor de El contrato social. En Emilio o De la educación (1762), el pensador suizo sostenía que la educación femenina debía orientarse exclusivamente a agradar y servir al hombre. “Toda la educación de las mujeres debe estar en relación con los hombres”, escribió él.

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La estatua de Mary Wollstonecraft, 'Madre del feminismo', obra de la artista Maggi Hambling, aparece cubierta con una camiseta en Newington Green, Londres (Reino Unido), el 11 de noviembre de 2020. (REUTERS/Paul Childs)
La estatua de Mary Wollstonecraft, 'Madre del feminismo', obra de la artista Maggi Hambling, aparece cubierta con una camiseta en Newington Green, Londres (Reino Unido), el 11 de noviembre de 2020. (REUTERS/Paul Childs)

Hija del inglés John Edward Wollstonecraft y la irlandesa Elizabeth Dickson Wollstonecraft, Wollstonecraft tuvo que abrirse camino por sí misma después de vivir una infancia envuelta en problemas económicos y un padre abusivo, que marcaría profundamente su pensamiento y obra. Trabajó como institutriz, dama de compañía y maestra antes de dedicarse profesionalmente a la escritura, algo poco habitual para una mujer de su tiempo. Su primera obra importante, Reflexiones sobre la educación de las hijas (1787), ya mostraba su interés por la formación femenina, una preocupación que culminaría pocos años después con Vindicación de los derechos de la mujer.

Trailer de Frankenstein

Además de sus ensayos filosóficos, escribió novelas, libros de viajes y textos sobre la Revolución francesa. En Vindicación de los derechos del hombre (1790) respondió al político Edmund Burke defendiendo los ideales ilustrados y revolucionarios, convirtiéndose en una de las primeras mujeres en intervenir de forma abierta en un debate político de alcance nacional.

Fue madre de dos hijas. La primera, Fanny Imlay, nació en 1794 durante su relación con el diplomático y empresario estadounidense Gilbert Imlay. Tres años más tarde, ya casada con el filósofo William Godwin, dio a luz a su segunda hija, Mary Shelley. Wollstonecraft falleció apenas once días después del parto, con solo 38 años, a causa de una infección puerperal.

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