
Setenta años después de su publicación, Peyton Place sigue ocupando un lugar singular en la cultura popular de Estados Unidos: la novela con la que Grace Metalious dinamitó en 1956 la imagen de un supuestamente pequeño pueblo virtuoso vendió cerca de 10 millones de ejemplares, desató prohibiciones y acabó inaugurando una forma de ficción sobre secretos domésticos, hipocresía social y sexualidad femenina que después recorrerían libros, cine y televisión.
La novela apareció ya en la lista de más vendidos una semana antes de llegar a las librerías, el 24 de septiembre de 1956, y permaneció allí durante medio año. En su primer mes superó los 100.000 ejemplares, cuando una primera novela de la época solía vender unos 3.000 en total.
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Ambientada en una localidad ficticia de Nueva Inglaterra, la obra abordó temas como el incesto, la violencia doméstica, el aborto, la corrupción religiosa, el clasismo, el racismo y la hipocresía. Ahí es nada. Un retrato que quebraba la idea del pueblecito americano perfecto mucho antes de que ficciones como Mujeres desesperadas, Twin Peaks, Melrose Place o Big Little Lies convirtieran ese mismo material en un género reconocible.
Un libro prohibido y una autora desprestigiada
El escándalo fue inmediato. Muchos lectores la leyeron a escondidas mientras en algunos países era prohibida y ciertos libreros evitaban incluso tenerla expuesta, aunque el éxito comercial no dejó de crecer.
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La campaña de desprestigio contra su autora fue tan rápida como la consagración del libro. A Metalious se la presentó como una ama de casa sin estudios que se había atrevido a insultar la respetabilidad de sus vecinos y a escribir sobre el despertar sexual de las mujeres; al mismo tiempo, se cuestionó si una mujer podía haber escrito una novela así y se repitió una pregunta que la persiguió durante años: si el libro era autobiográfico.

El origen del manuscrito se sitúa en el verano de 1955, cuando Metalious tenía 30 años, tres hijos, deudas acumuladas y una situación económica límite en Gilmanton, en Nuevo Hampshire. Aquel verano terminó un texto titulado The Tree and the Blossom, que su agente literario Jacques Chambrun empezó a mover sin demasiado optimismo por las editoriales.
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El borrador llegó primero a la lectora editorial Leona Nevler, entonces en Lippincott, y después a Kitty Messner, presidenta de Julian Messner, Inc. La editora decidió publicarlo tras leerlo la noche del 16 de agosto de 1955, pero impuso un cambio decisivo: el título debía ser el nombre del pueblo en que transcurría la historia, Peyton Place.
La novela estaba alimentada por materiales muy próximos al entorno real de la escritora. Metalious incorporó historias locales de abusos sexuales, violencia familiar y vida clandestina en la comunidad; una de ellas sirvió para el personaje de Selena Cross, que mata a su agresor y esconde el cadáver, aunque la editora exigió cambiar al padre por un padrastro porque consideraba que el público no aceptaría de forma abierta el incesto.
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La autora defendió públicamente que no estaba describiendo un caso aislado, sino una estructura de silencios. “Para un turista estos pueblos parecen tan pacíficos como una postal”, dijo. “Pero si levantas esa imagen, es como dar la vuelta a una piedra con el pie: salen toda clase de cosas extrañas. Todo el mundo que vive en el pueblo sabe lo que pasa; no hay secretos, pero no quieren que los de fuera lo sepan”.
La repercusión arrasó su vida privada. El pueblo en el que vivía la repudió, despidieron a su marido de su puesto como profesor y sus hijos quedaron señalados por el rechazo de otras familias. Los rumores se multiplicaron, desde los relacionados con sus infidelidades hasta uno especialmente dañino: que ella no había escrito realmente la novela y que el verdadero autor había sido su marido por haber pasado por la universidad.
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La historia de Grace Metalious
Metalious había nacido en 1924 como Marie Grace DeRepentigny en Manchester, también en Nuevo Hampshire, en una familia obrera franco-estadounidense. Se casó a los 18 años con George Metalious, tuvo tres hijos y fue sometida a una ligadura de trompas después del tercer embarazo porque los médicos le dijeron que no sobreviviría a un cuarto.
Escribía desde niña y mantuvo esa práctica durante toda su vida, incluso en las etapas de mayor precariedad. Años más tarde resumió así su distancia con el papel doméstico que se esperaba de ella: “No me gustaban los clubes sociales ni los clubes de bridge. No me gustaba que me consideraran un bicho raro por pasar el tiempo delante de una máquina de escribir en lugar de delante del fregadero. Y a George no le gustaba que a mí no me gustaran las cosas que se suponía que me tenían que gustar”.
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La maquinaria comercial alrededor de la novela fue inmediata. En octubre de 1956 firmó un acuerdo de 250.000 dólares por los derechos cinematográficos y televisivos con Twentieth Century Fox.
La adaptación al cine se estrenó en 1957, fue un gran éxito y obtuvo nueve nominaciones a los Oscar; después llegaron la secuela Return to Peyton Place, publicada en 1959, su versión cinematográfica en 1961 y, en 1964, la serie televisiva Peyton Place con Mia Farrow, que se convirtió en el primer serial dramático en horario de máxima audiencia y emitió 524 episodios en cinco años.
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La riqueza súbita no se tradujo en estabilidad. Tuvo gastos descontrolados, estancias en hoteles de lujo, relaciones sentimentales turbulentas, dependencia del alcohol y decisiones financieras ruinosas, agravadas por el hecho de que Chambrun le había estado sustrayendo dinero casi desde el principio.
En 1959 aceptó escribir una continuación cuando Dell le ofreció 165.000 dólares, pero entregó 98 páginas en gran parte ininteligibles que después fueron ‘reescritas’ y ampliadas por un negro literario. Las críticas fueron demoledoras y aceleraron su deterioro.
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Metalious murió ocho años después del estallido de Peyton Place. Ingresó enferma en el hospital Beth Israel de Boston y falleció dos horas después de cambiar su testamento a favor del periodista británico John Rees, con quien mantenía una relación; el médico Herbert Saver atribuyó la cirrosis a un consumo diario de una botella de licor durante cinco años.
Cuando se aclararon sus cuentas, apenas quedaban 41.174 dólares en el banco frente a deudas superiores a 200.000. La autora que había ganado cerca de un millón de dólares no dejó prácticamente patrimonio, y su herencia terminó además atrapada en la disputa con Rees, que tenía esposa y cinco hijos en Inglaterra y acabó renunciando a cualquier reclamación.
El valor cultural de ‘Peyton Place’
Su obra, sin embargo, siguió generando valor cultural y económico. La serie de ABC basada en Peyton Place reportó 62 millones de dólares a la cadena y no dejó “ni un centavo” al patrimonio de la escritora porque ella había cedido todos los derechos de su trabajo.
Setenta años después, la novela permanece en programas universitarios de estudios sobre la mujer y ha sido reivindicada como un hito de la libertad de expresión. Emily Toth, biógrafa de Metalious, sostuvo que “estableció nuevos parámetros sobre lo que se podía decir en un libro, especialmente sobre las mujeres”, mientras la profesora Ardis Cameron la definió como una obra que permitió hablar de asuntos ausentes de la sociedad respetable de los años cincuenta, en particular de la experiencia de sentirse diferente en aquella década. Ahora, la editorial Blackie Books, recupera la obra de la autora en su 70 aniversario.
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