La historia de la presentadora en bikini que desafió los límites del sexo en un programa pionero: un icono de culto entre el activismo y el ‘kistch’

La plataforma HBO Max estrena ‘Bang My Box: La historia de Robin Byrd’, una película documental en torno a esta mujer que presentó un programa revolucionario que marcó a una generación

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Tráiler del documental 'Bang My Box: The Robin Byrd Story' (HBO).

El documental Bang My Box: La historia de Robin Byrd de HBO Max se ha estrenado después de pasar por el Festival de Tribeca y recupera la trayectoria de la presentadora que convirtió un programa de acceso público del Manhattan nocturno de los años setenta y ochenta en un escaparate de exhibicionismo sexual, activismo y cultura televisiva marginal.

La película dura 79 minutos, está dirigida por Jyllian Gunther y Stephanie Schwam, y retrata a Byrd cuando cumple 69 y 70 años mientras decide qué hacer con 600 cintas de su archivo televisivo. El documental concluye con su decisión de conservar ese material como testimonio de toda una época.

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Robin Byrd fue la cara de un formato emitido entre 1977 y 1998 en Nueva York, con stripteases de hombres y mujeres, entrevistas a actrices porno, artistas de performance y trabajadores sexuales, y llamadas en directo del público. Ese espacio la convirtió en un icono de culto y su visibilidad la utilizó para defender la libertad sexual y concienciar sobre el VIH y el sida.

Interés histórico y biográfíco

El interés actual del documental se sitúa en dos planos. El primero es histórico: revisa una fase en la que la pornografía y la industria del sexo empezaron a ocupar un lugar más visible en la cultura popular. El segundo es biográfico: Byrd fue una figura muy expuesta en pantalla, pero mantuvo su vida privada en la sombra durante décadas.

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Robin Byrd durante su show
Robin Byrd durante su show

Byrd fue presentadora de un universo deliberadamente kitsch, de tono sexual durante la emisión nocturna, reconocible por su bikini negro de ganchillo, su melena rubio caramelo y una batería de frases repetidas programa tras programa. En pantalla presentaba las actuaciones de la noche, en un formato que mezclaba desnudo, comedia, improvisación y una cercanía poco habitual con la audiencia gracias a las llamadas en directo.

Ese componente en vivo fue una de las claves del espacio. En Channel J, identificado como el primer canal de acceso público donde podía alquilarse tiempo de emisión y vender publicidad, el programa encontró además una vía de negocio con la promoción de líneas telefónicas de sexo.

La película también reconstruye la carrera previa de Byrd en el porno. Apareció en 13 películas, entre ellas Debbie Does Dallas, y más tarde tomó las riendas de un programa llamado Hot Legs, al que rebautizó en 1977 como The Robin Byrd Show.

Por ese plató pasaron nombres como Porsche Lynn, Candida Royalle, Samantha Fox y Annie Sprinkle. Byrd las entrevistaba y las mostraba como personas reconocibles más allá de su trabajo en la industria pornográfica.

La influencia del programa se desbordó fuera del circuito marginal. Cheri Oteri la parodió en Saturday Night Live, un salto a la cultura popular que consolidó su notoriedad, y las emisiones semanales también llegaron al bar gay Julius’, en el West Village, cuando Byrd ya había estrechado su vínculo con la comunidad queer y había convertido el espacio en una voz activa durante la crisis del sida.

Una imagen de 'Bang My Box: La historia de Robin Byrd', todos ligeros de ropa.
Una imagen de 'Bang My Box: La historia de Robin Byrd', todos ligeros de ropa.

El documental aborda también una faceta menos conocida de la presentadora: la judicial. En los años noventa se alió con Al Goldstein, responsable de Midnight Blue, para demandar a Time Warner después de que sus programas de acceso público fueran vetados por obscenos.

Ese litigio podría compararse con la batalla por la libertad de expresión impulsada por Larry Flynt ya que caso de Goldstein y Byrd llegó al Tribunal Supremo de Estados Unidos, donde ambos acabaron imponiéndose. Esa victoria se convirtió en referencia de un momento político y judicial en el país.

La vida privada de Robin Byrd

En el plano personal, la película despeja algunos de los interrogantes que durante años rodearon a Byrd. En 1976, cuando estaba a punto de entrar en la industria sexual, inició una relación con Shelly, director de arte publicitario, y se casó con él. Siguen juntos medio siglo después, y en la propia película ella afirma que es bisexual.

El documental incorpora además episodios de su infancia y adolescencia. Byrd fue adoptada, creció en Manhattan muy unida a su padre, un anticuario que murió cuando ella tenía ocho años, y huyó de casa para escapar de una madre abusiva.

Una imagen posterior de Robin Byrd
Una imagen posterior de Robin Byrd

En la actualidad aparece viviendo en un dúplex recargado junto a Shelly, ya anciano y con demencia. Allí señala la pared donde guarda las cintas de sus antiguos programas y las define así: “¡Estos son todos nuestros hijos!”.

Byrd eligió no someterse a retoques estéticos, una rareza en una figura del espectáculo tan asociada a la imagen. El metraje la muestra con el pelo largo encanecido, flequillo y un moño sujeto en la parte superior de la cabeza, y remata con un montaje en el que baila por Manhattan con la misma energía lúdica que marcaba el cierre de su programa al son de Bang My Box, la canción rock que ella misma grabó para despedir cada emisión.

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