La reflexión de Arthur C. Clarke, el escritor de ’2001: Una odisea del espacio’, sobre el futuro: “La única manera de descubrir los límites de lo posible es yendo más allá de ellos”

La célebre cita forma parte de la segunda de las llamadas leyes de Clarke, formuladas en un ensayo de 1962 sobre el futuro de la ciencia y la tecnología

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Arthur Charles Clarke
Arthur Charles Clarke (Foto: Wikipedia)

Hablar de ciencia ficción en el siglo XX es hablar de Arthur C. Clarke. El escritor británico fue mucho más que el autor de El centinela, el cuento que, publicado en 1951 inspiraría a Stanley Kubrick a crear la película de culto 2001: Una odisea del espacio, en 1968. Ese mismo año el autor publicó una novela más extensa del mismo nombre que la película.

El autor fue uno de los grandes visionarios de su tiempo por ser capaz de imaginar avances tecnológicos décadas antes de que se hicieran realidad. Ingeniero, divulgador científico y novelista, convirtió la exploración del universo y el futuro de la humanidad en el eje de todas sus obras, en cuya bibliografía acumuló más de 80 libros y centenares de relatos.

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Una de las reflexiones más populares que se encuentran en sus obra es: “La única manera de descubrir los límites de lo posible es yendo un poco más allá de ellos, hacia lo imposible”.

Arthur Charles Clarke
Arthur Charles Clarke

La cita forma parte de la conocida como segunda ley de Clarke, una de las tres máximas formuladas por el escritor sobre el progreso científico y tecnológico. Su origen se encuentra en Profiles of the Future: An Inquiry into the Limits of the Possible, un ensayo publicado en 1962 en el que Clarke analizaba cómo la imaginación condiciona la capacidad de anticipar el futuro. La ley fue incorporada posteriormente a la edición revisada de la obra, publicada en 1973, y desde entonces se ha convertido en una de las frases más citadas del autor.

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El origen de la cita

Nacido en el seno de una familia de agricultores el 16 de diciembre de 1917 en Minehead, en el condado inglés de Somerset, Clarke mostró desde muy joven un enorme interés por la astronomía. Tras mudarse a Londres en 1936, Clarke pudo profundizar en su interés al unirse a la Sociedad Interplanetaria Británica (BIS). Trabajó con material astronáutico en la Sociedad, colaboró ​​con el Boletín de la BIS y comenzó a escribir ciencia ficción.

Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en la Real Fuerza Aérea británica, donde trabajó en sistemas de radar, una experiencia que reforzó su fascinación por la tecnología. Tras el conflicto estudió Física y Matemáticas en el King’s College de Londres y comenzó a desarrollar una carrera literaria paralela a su labor como divulgador.

Su prestigio no solo se cimentó en sus novelas. En 1945 publicó un artículo en el que proponía el uso de satélites geoestacionarios para las telecomunicaciones, una idea que décadas después se convertiría en una pieza esencial de las comunicaciones modernas. Aunque nunca patentó el concepto, la órbita geoestacionaria utilizada por estos dispositivos recibe hoy el nombre de órbita de Clarke en reconocimiento a su aportación.

La pelicula trata de que una supercomputadora HAL 9000 guía a un equipo de tres astronautas en un viaje en el que buscan descubrir los orígenes de la humanidad (YouTube)

Su obra alcanzó una dimensión global gracias a 2001: Una odisea del espacio. La novela fue desarrollada de forma paralela a la película dirigida por Stanley Kubrick, estrenada en 1968, considerada una de las obras maestras de la historia del cine. A ella se suman títulos como El fin de la infancia, Cita con Rama o Las fuentes del paraíso, que consolidaron a Clarke como una de las voces imprescindibles de la ciencia ficción junto a Isaac Asimov y Robert A. Heinlein. Instalado durante gran parte de su vida en Sri Lanka, donde cultivó otra de sus pasiones, el submarinismo, Clarke continuó escribiendo y reflexionando sobre el futuro hasta su muerte, el 19 de marzo de 2008, a los 90 años.

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