La reflexión de Virginia Woolf sobre la independencia de las mujeres: “No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”

En ‘Una habitación propia’, la escritora británica defendió que ninguna barrera social, educativa o cultural podía limitar la libertad del pensamiento femenino

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Retrato de la escritora británica Virginia Woolf, seudónimo utilizado por Virginia Stephen (1882-1941). EFE/Archivo
Retrato de la escritora británica Virginia Woolf, seudónimo utilizado por Virginia Stephen (1882-1941). EFE/Archivo

Han pasado 85 años desde que Virginia Woolf nos dejara. Pionera del feminismo y una de las figuras más importantes del modernismo literario, la autora británica nacida en 1882 cambió la manera de entender la literatura y el papel de las mujeres en la creación artística. De novelas como La señora Dalloway o Orlando a ensayos como Una habitación propia, sus textos siempre estuvieron atravesados por sus firmes reivindicaciones feministas.

Fue precisamente en este último ensayo donde dejó una de las frases más citadas de su legado: “No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”. Publicado por primera vez en 1929, la cita resume buena parte de su pensamiento, que nació de una profunda reflexión sobre los obstáculos que las mujeres encontraban para acceder a la educación, la cultura y la creación literaria.

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Esa desigualdad es, de hecho, una de las ideas centrales de Una habitación propia, donde la escritora sostiene que para crear literatura no basta con el talento: también son necesarias independencia económica y un espacio propio para pensar y escribir. Literalmente, una habitación propia.

Woolf, contra las expectativas de la sociedad

Entre otras cuestiones, a lo largo de la obra, Woolf describió cómo un bedel le llamó la atención cuando caminaba por el césped de una universidad, un espacio reservado exclusivamente para los profesores y estudiantes varones. Poco después describió otro episodio similar cuando intenta acceder a la biblioteca universitaria. En la puerta, un empleado le informa de que las mujeres solo podían entrar si iban acompañadas por un miembro del centro o si disponían de una carta de presentación.

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"Una habitación propia", de Virginia Woolf
"Una habitación propia", de Virginia Woolf

La frase también puede leerse como una reivindicación de la integridad intelectual. En el ensayo, Woolf lamentó que muchas escritoras hubieran tenido que adaptarse a las expectativas de una sociedad que quería satisfacer a críticos y lectores. “Qué genio, qué integridad debieron de necesitar, frente a tantas críticas, en medio de aquella sociedad puramente patriarcal, para aferrarse, sin apocarse, a la cosa tal como la veían”, escribió. Se refiería a Jane Austen y Emily Brontë. (...) Escriben como escriben las mujeres, no como escriben los hombres. De todos los miles de mujeres que escribieron novelas en aquella época, sólo ellas desoyeron por completo la perpetua amonestación del eterno pedagogo: escribe esto, piensa lo otro. Sólo ellas fueron sordas a aquella voz persistente“, relató, mencionado a las autoras de Jane Eyre y Cumbres borrascosas, respectivamente.

Sin embargo, para ella, “el mayor milagro de todos” se encontraba en Jane Austen y su novela Orgullo y Prejuicio. “Había, alrededor del año 1880, una mujer que escribía sin odio, sin amargura, sin temor, sin protestas”, y eso que se sabe que esta creadora escribía su libro a escondidas de todo el mundo, solo cuando no había nadie más en el salón.

Han pasado casi nueve décadas desde la muerte de Virginia Woolf, pero sus reflexiones continúan inspirando debates sobre la igualdad, la creación artística y la libertad intelectual. La escritora británica falleció el 28 de marzo de 1941, a los 59 años. Tras sufrir durante años problemas de salud mental y temiendo una nueva crisis, llenó los bolsillos de su abrigo con piedras y se adentró en las aguas del río Ouse, cerca de su casa en Sussex.

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