
El actor y director Eduardo Casanova ha defendido en el Festival de Málaga la necesidad de combatir el estigma y la desinformación en torno al VIH a través de la cultura y el humor, presentando junto al periodista Jordi Évole el documental Sidosa.
En España, únicamente un 11% de las personas con VIH hacen pública su condición, mientras que entre un 15 y un 17% no lo comunican jamás a nadie a lo largo de su vida. Así lo reflejan los estudios citados por el propio documental, que pone de manifiesto cómo la falta de información y el estigma social generan aislamiento, pese a que la enfermedad cuenta hoy día con tratamientos y no supone una condena fatal.
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Casanova fue diagnosticado con VIH a los 17 años, cuando interpretaba a Fidel en la serie Aída. El actor ha explicado que, durante aquella etapa, ocultó su diagnóstico a la vez que encarnaba un personaje abiertamente gay que, en tono de humor, declaraba ante millones de espectadores: “Soy gay y compro vaselina por Ebay”, recordaba de forma irónica a su icónico personaje.
Entre el miedo, la culpa y el estigma
Este contraste, reconstruido en el documental, marca el tono de Sidosa, concebido como un trabajo donde miedo, culpa y estigma se abordan desde el humor, el respeto y la dignidad.
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Casanova y Évole apuestan por una narrativa donde la confidencia y el acompañamiento sustituyen a la entrevista tradicional, de forma que nos presenta a ambos en un recorrido íntimo se apoyan mutuamente, convirtiéndose en una ‘extraña’ pareja que funciona a la perfección.

El documental muestra cómo Casanova recibió su diagnóstico siendo menor, cómo confió en amigos como Paco León (quien acabó llorando al escuchar la noticia) y cómo la desinformación alimenta tanto miedo como discriminación.
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Sidosa recorre, a través de imágenes documentales, los escasos momentos en los que el debate público sobre el VIH ha cobrado relevancia en España: en los años ochenta, por la mortalidad, y en la actualidad, a raíz de películas como Romería de Carla Simón (sobre la muerte de sus progenitores durante la pandemia de SIDA) o trabajos del propio Casanova en la serie Silencio.
El intérprete ha insistido en que los avances clínicos logrados en el país necesitan ir acompañados de un cambio social y simbólico que erradique definitivamente los prejuicios. Casanova ha afirmado: “En España hay avances clínicos gigantes, pero también necesito que se acabe con el estigma y el odio a las personas con VIH”.
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El documental, dirigido por Màrius Sánchez y Lluís Galter, incluye el propio rodaje de La peste rosa, un cortometraje en el que Casanova enfrenta sus temores y reinterpreta su universo artístico tras la revelación pública de su enfermedad.

La propuesta reivindica, además, la necesidad de reformular el lenguaje y ‘resignificar’ palabras como ‘sidosa’, antiguamente usadas como insulto, para convertirlas en emblema. Para Évole, “es un golpe encima de la mesa para decir, sí, sidosa, ¿y qué? Lo que era un insulto ahora se convierte en una reivindicación, y eso es importante en el momento que vive este país, ante un aparente retroceso e involución, es importante decir que no, que seguimos adelante”.
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La cifra que cambia el diagnóstico
La película trasciende la historia personal de Casanova al recordar que la visibilidad sobre el VIH sigue siendo residual. El propio documental referencia que la mayoría de los afectados no lo comparten siquiera con sus allegados en el transcurso de su vida, lo que supone una “cárcel interior y soledad” marcada por el silencio. Así, pese a la existencia de tratamientos eficaces, el miedo y la ocultación se mantienen como principales barreras.
Jordi Évole, por su parte, ha reclamado la necesidad de desmontar la narrativa heredada de los ochenta que vinculó el VIH con la “culpa deliberada” por parte de ciertos sectores y figuras políticas, evocando campañas alarmistas y la falta de respuesta de gobiernos como el de Margaret Thatcher o Ronald Reagan. En sus palabras, sigue vigente la creencia de que “algo habréis hecho”, una interpretación que considera “injusta, insultante y cruel”.
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Sidosa culmina con un tema interpretado por Ana Belén, una versión libre de La vida en rosa que ha escrito el propio Casanova, proponiendo una visión luminosa y valiente sobre el futuro.
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