Son dos de los rostros más reconocibles del cine español actual, aunque muchas veces es más fácil imaginarlos en un papel que en otro. Enric Auquer y Belén Cuesta se han ganado un lugar privilegiado en los últimos años, cada uno desde sus respectivos sectores. Mientras que el primero ha intercalado papeles de simpático bonachón -La vida padre, Me he hecho viral, Mamífera o Casa en llamas- con otros más peligrosos e intimidantes -A quien hierro mata, Sky Rojo-, la segunda se ha manejado eminentemente en la comedia desde La llamada y Paquita Salas, pero ha ido encontrando papeles en ficciones más serias y académicas como La trinchera infinita o la serie Legado.
Sea como fuere, con su nuevo proyecto ambos han encontrado un punto intermedio en su filmografía, con dos papeles tan ambiguos como emocionalmente intensos. “Me puse como norma no ser tramposo en ningún caso. O sea, no hacer nada que no haría el personaje en la realidad. Ni fingir ser muy bueno porque le va bien a la trama, ni hacer miradas de malo porque le va bien a la trama”, comienza explicando Auquer en su entrevista con Infobae por el estreno de Cortafuego, la película que acaba de llegar a Netflix y en la que interpreta a un guardia forestal de dudoso carácter.
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La película narra la historia de una familia que regresa a su casa de verano en medio del bosque, pero con un familiar menos. La muerte de este ha dejado una gran herida en su esposa Mara (Belén Cuesta), su hermano Luis (Joaquín Furriel) y su hija Lide (Candela Martínez). Con la desaparición de esta última en medio del bosque tras el inicio de un incendio, el caos se desata en la familia y la única persona que parece tener respuestas es Santi, el guarda forestal, quien a su vez parece no decir todo lo que realmente sabe.

Transformando el rodaje en un juego
A los mandos de este juego a cuatro bandas —se une también Diana Gómez (Valeria) en el papel de la esposa de Luis y cuñada de Mara— se encuentra David Victori, director que ya sacó un gran partido a Mario Casas en No matarás, por la que ganó el Goya a Mejor Actor. “El rodaje ha sido intenso desde una cosa muy positiva. Ha sido una suerte rodar con David porque hay algo teatral, no suele cortar, sino que todo tiene que fluir”, cuenta Auquer.
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“Él está con una cámara y yo estoy con otra y todo el equipo vigila muy bien no meterse en plano, entonces se pueden rodar de seguido muchas páginas del guion. Y eso es una suerte porque te permite entrar en el juego real, en que yo pueda entrar en una casa y, si quiero salir o quiero irme en otra dirección, puedo hacerlo. Hay una libertad a la hora de actuar y es muy divertido rodar así. Y David genera eso antes de empezar a rodar”, secunda Belén Cuesta.
Aunque Cortafuego está rodada en exteriores naturales entre la sierra de Segovia y Madrid, para recrear la cabaña en la que se van revelando los secretos del personaje de Auquer se creó un set de lo más especial. “Había un plató de juego que parecía un escape room. Dentro de la casa había una habitación secreta donde estaban todos. Y tú dentro de este escape room te puedes mover y tienes unas cámaras, unos sonidistas que van viendo, saben dónde esconderse. Era muy divertido, todo un juguete”, explica Auquer.
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Cuando uno pierde el control más allá de la pantalla
Lo más interesante de Cortafuego es precisamente cómo, en ese juego del que hablan sus actores, cada personaje va llegando a un punto límite conforme avanza la película. En el caso de Diana Gómez y Joaquín Furriel, ese extremo también lo han vivido fuera de cámaras. “Uno hace cosas irracionales en situaciones así. Hace años viajaba con mi mujer y mi hija, que tenía apenas cuatro años, y hubo un segundo que la perdimos en un centro comercial estando en otro país y eché a correr. No sé qué hice, era imposible que estuviese tan lejos”, recuerda Furriel, quien reflexiona sobre cómo el miedo de su personaje lo vivió en sus propias carnes. “Es muy incómodo convivir con el miedo porque no te permite pensar y buscas en el afuera. Querés sacarte el miedo y se lo echas al otro. Entonces te pones violento”.
Algo mucho más grave le sucedió a Diana Gómez. La protagonista de Valeria se encontraba en el convite de su propia boda unos meses antes de rodar Cortafuego, cuando un aviso de incendio le sorprendió a ella y a todos sus invitados. “Llamamos a los bomberos y nos dijeron de meternos dentro de la casa. Éramos más de 80 personas y había niños, embarazadas... Pero yo me volví super organizativa, cerrando ventanas y poniendo toallas, que todo estuviera bien. Fue muy interesante ver eso”. Una experiencia de lo más traumática, pero que sin duda le sirvió para prepararse a conciencia para una película que ahora testará el límite de los espectadores.
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