
“Haga que su dinero trabaje para usted, en vez de usted trabajar para su dinero”. Esta es una de las frases con las que Robert Kiyosaki, autor del best seller mundial Padre rico, Padre pobre, se consagró como uno de los gurús de las finanzas personales. Más de 40 millones de ejemplares vendidos confirman el éxito de su mensaje: no serás rico por trabajar más, sino por tener una mayor educación financiera y adaptarte a un mundo en el que o abandonas la “mentalidad de empleado” o vives condenado a la pobreza.
El éxito de esta fórmula llega a tal punto que, hoy en día, son muchos quienes siguen los consejos de este tipo de Pepitos grillos de nuestra cuenta corriente. Pódcast, influencers, webs especializadas... un popurrí de productos que, junto a libros como el de Kiyosaki, construyen un género bautizado como autoayuda financiera, al que se le atribuyen varias características: la transmisión de conocimientos ecónomicos técnicos (sobre temas como la inversión o la contabilidad), la búsqueda de una influencia en las emociones vinculadas al dinero y, por último, la explicación sobre cómo funciona el mundo y qué debemos hacer para no fracasar en él.
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Pese al éxito de Kiyosaki, lo cierto es que tanto sus libros como los de muchos de sus ‘discípulos’ (fue el éxito de Padre rico, padre pobre el que impulsó muchas publicaciones similares) han recibido críticas por la excesiva simplificación de su contenido, pues no se explican bien ni la realidad financiera ni sus riesgos; por la falta de solidez o evidencias empíricas en sus recomendaciones y, sobre todo, por el peligroso mensaje que transmite a sus lectores: todo depende de ti.

Cuando el dinero depende de la inteligencia
“La autoayuda financiera pretende mediar y modificar nuestra mentalidad y conducta en relación con las finanzas”, advierte Wissam Yatim, doctor en psicología social y profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha, quien subraya el carácter individualista de este tipo de libros en los que se “instrumentaliza y mercantiliza” la forma en la que nos relacionamos con los demás. “Plantea una jerarquía social de las clases sociales: abajo del todo está la clase asalariada (a la que desprecian enormemente), después estarían los emprendedores y, arriba, los rentistas, la gente que no necesita trabajar para mantener su nivel de vida”.
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Sobre esta misma estructura social que nos venden escribe el sociólogo estadounidense Daniel Fridman en El sueño de vivir sin trabajar (Siglo XXI Editores). En este libro, se analiza cómo la cultura del emprendedurismo busca ofrecer una explicación sobre la vida social que, a pesar de presentarse como lógica, es en realidad tan parcial como limitada, ya que parte de la idea de que “la maximización de ganancias es inherente al ser humano”. Así nos lo explica Juana Garabano, socióloga y becaria doctoral en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en Argentina.

Napoleon Hill (Piense y hágase rico), Ramit Sethi (Te enseñaré a ser rico), T. Harv Eker (Los secretos de la mente Millonaria)... la lista de gurús económicos es tan variada como su discurso parecido. “El éxito no es para los perezosos, es para los que están dispuestos a trabajar por él”, escribe el último de los que hemos citado. El desarrollo o la falta de lo que todos ellos llaman “coeficiente intelectual financiero” justifica las diferencias sociales. Basta con leer el título del último libro de Kiyosaki publicado en España: Familia rica, familia lista.
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Pero además, la jerarquía se sustenta en algo más. Todos estos expertos consejeros son hombres, al igual que la inmensa mayoría de sus seguidores. “La producción y el consumo de este tipo de discursos esta atravesado por los mandatos de género”, afirma Yatim. “Están llenos de estereotipos de genero y participan en la ola reaccionaria nostálgica, que pretende restaurar una supuesta masculinidad perdida”.
Desconfiar de lo público y fortalecer el ‘yo’
Para Garabano, Padre rico, padre pobre utiliza una retórica “que naturaliza principios específicos de la etapa capitalista e imperialista”. “Lo económico no es exclusivamente lo acumulativo”, subraya, “sino una dimensión de la vida material que, a lo largo de la historia y de las regiones, ha asumido formas diversas, no siempre posicionadas desde la maximización individual”.
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La socióloga, que ha estudiado con profundidad los estudios de Fridman, señala cómo el éxito de la autoayuda financiera no es casualidad, sino que se asocia “al auge del neoliberalismo en los 70 y al traslado del riesgo social al individuo”. Es decir, que en un mundo lleno de precariedad laboral e incertidumbre económica, el único que puede salir adelante eres tú siendo mejor que los demás. “Una parte importante de la juventud ha dejado de creer en los ideales de desarrollo personal y pasión por el trabajo”, añade Yatim. “La autoayuda financiera comercializa el sueño de poder escapar individualmente de los malestares, la falta de tiempo, la inestabilidad o la explotación”.

Además, ante todos esos “sueños rotos” sobre la autorrealización laboral que el siglo XXI parece haber implantado en las nuevas generaciones, la autoayuda financiera también defiende abandonar la confianza en las instituciones que, hasta ahora, habían garantizado nuestro bienestar y nuestro desarrollo en la sociedad, entre ellos la escuela y el sistema de títulos. “La seguridad laboral, propia del capitalismo tardío y burocrático, es criticada por Kiyosaki en tanto la considera una vieja ilusión”, explica Garabano.
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A nadie se le escapa el componente ideológico de la literatura de autoayuda financiera: “Es relevante entender qué promueve la cultura del emprendedorismo y qué valores morales construye, en tanto dialoga con la flexibilidad y pauperización del empleo, la caída del modelo del Estado de Bienestar y el ascenso y consolidación de alternativas de ultraderecha”, informa Garabano.
La opinión de un experto financiero
Es llamativo el hecho de que, mientras que tanto Yatim como Garabano han leído libros como Padre rico, padre pobre, quien no lo ha hecho es alguien verdaderamente dedicado a aumentar la riqueza de los demás: Víctor Alvargonzález, director de Estrategia de la asesoría Nextep Finance y uno de los pioneros del asesoramiento financiero independiente en España.
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Este experto en finanzas reconoce la necesidad de que todo el mundo tenga “unos conocimientos básicos” en economía, en materias como el ahorro, la planificación financiera o el funcionamiento del sistema bancario, “en especial ahora que la banca se ha vuelto muy agresiva y ofrecen un asesoramiento que incluso puede resultar perjudicial para sus clientes, porque buscan colocar productos y llevarse una comisión”.
Sin embargo, Alvargonzález insiste en más de una ocasión en que “nadie tiene por qué ser un experto” en economía, algo que no se consigue leyendo uno o dos libros sino que “lleva mucho tiempo”. “Yo no comparto eso de que la gente tenga que tener una enorme cultura financiera, porque para eso están los asesores. Yo lo compararía con el tema médico: los doctores son los que se tienen que ocupar de nuestra salud, aunque sea bueno que sepamos que fumar es malo o que deberíamos hacer deporte”.
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Cómo diferenciar a los expertos de los ‘opinadores’
El asesor financiero se muestra preocupado, además, por el amplio número de libros o pódcast sobre finanzas escritos por gente que no tiene el conocimiento sobre el tema. “En economía pasa como el fútbol: opina todo el mundo”, bromea. “Igual que he visto libros muy útiles he visto verdaderas bazofias”. Él mismo cuenta con un libro publicado, ¿Y yo, qué hago con mis ahorros? (Deusto), en el que ofrece información básica (un “kit de supervivencia”, tal y como él mismo escribe) sobre cómo aumentar la rentabilidad de los ingresos.
Para reconocer la diferencia entre libros de divulgación económica y de autoayuda financiera, Alvargonzález señala que la trayectoria de quién escribe los libros es siempre un buen comienzo. “No es malo que, si te enseña algo sobre economía, sea economista”, ríe. Sin embargo, este requisito no es indispensable para él, en comparación con el hecho de que sea alguien a quien le “haya ido bien”: empresarios o asesores financieros de éxito, como (cita él) Warren Buffett o Charlie Munger.
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Tanto en su libro como en su pódcast, Alvargonzález habla de “rentabilidad razonable” o de “inversión racional”, no de volverse rico. En este sentido, otro factor clave para diferenciar sus escritos de la autoayuda financiera es la ausencia de los factores emocionales y sociológicos que señalaba Fridman en libros como los de Kiyosaki. No busca explicar el mundo, ni establecer una visión de la vida que legitime operaciones financieras concretas, sino simplemente ofrecer consejos técnicos a quienes no quieran, por ejemplo, que sus ahorros pierdan valor con el tiempo.

La víctima perfecta de la autoayuda financiera: la persona vulnerable
Ni Robert Kiyosaki ni todo el que se remita a él busca estafar a los demás, pero sí es cierto que el discurso del dinero fácil ha sido una de las principales herramientas para llevar a cabo fraudes financieros. En este ámbito, ser rico o pobre sí supone una diferencia, advierte Yatim, que tras analizar el fenómeno de la autoayuda financiera en las redes sociales ha visto cómo los discursos se suelen construir de cara a atraer “a personas de escasos recursos económicos y a personas que suelen tener un malestar emocional y una gran insatisfacción en su vida”.
“La especulación como tarea cognitiva se disemina de manera capilar hacia cada vez más dimensiones en la vida”, advierte por su parte Garabano. “Ese estado ansioso, donde nada parece poder quedarse quieto, apela también a inseguridades profundas que se potencian cuando se carga al individuo con tanto peso material y simbólico”. Por eso, la socióloga se muestra convencida de que entender qué promueve la cultura del emprendedurismo es algo necesario para “comprender nuestros tiempos”.
Más allá del dinero perdido, de fraudes como el esquema ponzi (estafas piramidales en las que se paga a los inversionistas antiguos con el dinero de los nuevos) o de la promesa de que leer un libro puede hacernos ricos, el foco debería ponerse, para Garabano, también en el abandono de los discursos colectivos: “Si lo que somos no se define por nuestras prácticas colectivas -como puede serlo el trabajo, la escuela, una organización social, un gusto cultural-, sino por prácticas que se suponen exclusivamente individuales, la autoayuda financiera ubica al individuo como el único responsable de su dinero de sus deudas, de sus problemas o éxitos económicos en general”.
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