
A los doce años, Jodie Foster se convirtió en una figura atípica dentro de Hollywood. Su nominación al Oscar por el papel de Iris en Taxi Driver, dirigida por Martin Scorsese, no solo la catapultó al reconocimiento internacional, sino que también le otorgó un nivel de poder inusual para una actriz infantil. En una entrevista reciente con NPR, Foster aseguró que este temprano estatus de prestigio fue un factor clave que la “salvó” de convertirse en víctima de abuso sexual en la industria. La actriz, galardonada con dos premios Oscar a lo largo de su carrera, afirmó que el entorno de poder en el que se encontró tras el éxito de Taxi Driver la colocó en una “categoría diferente” respecto a otros niños actores, haciéndola menos vulnerable a las conductas depredadoras que han marcado a Hollywood durante décadas.
“Me he tenido que preguntar muchas veces por qué me salvé de esas experiencias tan terribles”, dijo Foster a NPR. “Por supuesto que hubo microagresiones, como las hay en cualquier trabajo para cualquier mujer, pero lo que me protegió de los peores abusos fue que, a los doce años, ya tenía un cierto grado de poder. Cuando recibí mi primera nominación al Oscar, pasé a ser parte de un grupo de personas que resultaban ‘demasiado peligrosas’ para tocar. Yo podía arruinar la carrera de alguien o podía alertar a las autoridades, así que no estaba disponible para ser una víctima más”.
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La actriz reflexionó sobre la naturaleza de la protección que le brindó su estatus, pero también analizó el papel de su propia personalidad como un factor adicional. “Puede que también sea mi forma de ser, porque siempre he sido alguien que enfrentaba el mundo de frente, sin dejar que las emociones dominen mi comportamiento exterior”, explicó Foster. “A los depredadores les resulta mucho más fácil manipular a alguien cuando esa persona es más joven, tiene menos poder o muestra sus emociones abiertamente. El comportamiento depredador tiene que ver con el ejercicio del poder para dominar y disminuir al otro”.
Las declaraciones de Foster se insertan en un contexto donde la denuncia de abusos sexuales y conductas indebidas en la industria del cine ha cobrado fuerza tras el surgimiento del movimiento #MeToo. Durante años, numerosas actrices y actores han relatado experiencias de acoso, abuso y explotación, muchas veces ocurridas durante la infancia o juventud, cuando la vulnerabilidad frente a figuras de autoridad y poder era mayor. El caso de Foster plantea una excepción significativa, señalando la importancia de la posición y de la percepción pública como elementos que pueden modificar la dinámica de poder entre los adultos y los niños en Hollywood.
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Fenómeno y referente
La influencia de Foster no se limitó a su propia experiencia. Con los años, se transformó en un referente para otros actores que enfrentaron situaciones similares. La actriz Natalie Portman reveló en el pódcast Smartless que Foster se puso en contacto con ella después de que Portman hablara en una marcha de mujeres sobre su propia sexualización como actriz infantil. “Ella me llamó y hablamos; fue increíble”, contó Portman. “Sigue siendo un modelo a seguir”.
Portman, quien alcanzó la fama a los once años tras protagonizar Léon: El Profesional, relató que su estrategia de protección consistió en proyectar una fachada de seriedad y dureza en los sets de filmación para disuadir a posibles abusadores. “Sentía que esa manera de presentarme era casi una señal de advertencia: ‘No te atrevas a hacerme nada’”, explicó. La actriz también destacó el papel fundamental de su madre, quien la acompañaba constantemente y velaba porque nadie se acercara a ella de manera inapropiada durante las grabaciones.
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Tanto Foster como Portman coinciden en que el acceso al poder, ya sea a través del reconocimiento profesional o del acompañamiento familiar, puede marcar la diferencia en la protección de los menores en la industria del entretenimiento. No obstante, ambas subrayan que ningún niño debería verse obligado a desarrollar mecanismos de defensa para sobrevivir en su entorno laboral. Foster enfatizó que su caso no es la norma y que la vulnerabilidad de los actores jóvenes sigue siendo un problema urgente en Hollywood.
Las reflexiones de Foster y Portman suman nuevas voces a la discusión sobre la protección de la infancia en la industria cinematográfica. La experiencia de ambas actrices demuestra que el poder y la vigilancia pueden ofrecer resguardo, pero también revelan la necesidad de cambios estructurales para garantizar la seguridad de los menores frente a dinámicas de abuso y explotación profesional.
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