La adaptación cinematográfica de Sueños de trenes, dirigida por Clint Bentley y ‘coescrita’ junto a Greg Kwedar, ha irrumpido con fuerza en la temporada de festivales y ya ha comenzado a sonar como una de las candidatas destacadas para los próximos Oscar, especialmente en la categoría de Mejor Guion Adaptado, ya que procede de una obra, del mismo título, del prestigioso escritor Denis Johnson.
La película, que se presentó con éxito en el pasado Festival de Sundance, llega a los cines españoles este 7 de noviembre y se podrá ver en Netflix el próximo 21 de noviembre.
La obra literaria de Johnson, publicada en 2011, fue considerada por The New York Times como “una obra maestra” de la literatura contemporánea.
La historia, ambientada en el noroeste del Pacífico estadounidense a principios del siglo XX, sigue la vida de Robert Grainier, un humilde leñador y trabajador itinerante interpretado por Joel Edgerton. Grainier, huérfano criado en Idaho, se enfrenta a la dureza de un trabajo extenuante y a la soledad, mientras forma parte de una fuerza laboral explotada que despeja bosques y construye infraestructuras ferroviarias.

La película retrata su existencia casi nómada, marcada por una intensa vida interior que, aunque apenas se verbaliza, queda reflejada en la interpretación contenida de Edgerton.
El reparto lo completan Felicity Jones, en el papel de Gladys (la esposa de Grainier), así como William H. Macy, Kerry Condon y Clifton Collins Jr.
La relación entre Robert y Gladys constituye el eje emocional de la narración. Juntos intentan forjar una vida en una remota granja de los bosques de Washington, mientras él trabaja en la construcción del ferrocarril.
Búsqueda de la autenticidad en la naturaleza
Sin embargo, la naturaleza salvaje y los infortunios personales amenazan constantemente su felicidad. La película, al igual que la novela, explora la tensión entre la civilización y el mundo natural, así como la fragilidad de la existencia humana frente a fuerzas incontrolables.
En palabras de Clint Bentley, recogidas por The Hollywood Reporter, su intención ha sido “representar a la gente de una época, y específicamente a los hombres de una época”, subrayando la dificultad de expresar emociones profundas en generaciones anteriores.
El proceso de adaptación ha estado marcado por una búsqueda de autenticidad. Bentley y Kwedar se desplazaron a Bonners Ferry, Idaho, la región donde transcurre la novela, para empaparse del entorno y conocer de primera mano la vida de los leñadores.

Según ha relatado Kwedar, ambos recorrieron los bosques escuchando el audiolibro de Sueños de trenes y llegaron a convivir con trabajadores forestales para captar la esencia del oficio. El rodaje se ha desarrollado en localizaciones reales, incluyendo bosques en explotación y un puente de celosía de principios del siglo XX, lo que ha permitido capturar imágenes de gran impacto visual, como colinas desbrozadas y árboles centenarios cayendo.
La película aborda también la relación conflictiva entre el ser humano y la naturaleza. Un incendio forestal, inspirado en los grandes fuegos históricos de la región entre 1921 y 1923, destruye la cabaña de Grainier y precipita la desaparición de su esposa e hija.
Este episodio, que en la producción coincidió con incendios reales en las inmediaciones de Spokane, refuerza la vigencia del relato. Bentley ha subrayado que, aunque la historia se sitúa en el pasado, “resulta muy relevante para nuestro mundo”, especialmente en un contexto de catástrofes medioambientales recurrentes.
Un nuevo Terrence Malick
La crítica ha destacado la influencia de Terrence Malick en la puesta en escena, con composiciones a contraluz, planos bajos y una voz narrativa que revela la belleza y el misterio del paisaje americano.
Según The Guardian, la película logra transmitir la vida interior de Grainier, un hombre marcado por la pérdida y la resignación, pero también por la capacidad de asombro ante la naturaleza y los pequeños milagros cotidianos.
Edgerton ha señalado que se sintió identificado con la aparente pasividad de su personaje, quien “deseaba ciertas cosas, pero quizá nunca sintió que tenía derecho a elegir su propio camino en la vida”.

La novela de Denis Johnson, finalista del Pulitzer y ganadora del National Book Award por otra de sus obras, Árbol de humo, se caracteriza por su brevedad (apenas 144 páginas) y su capacidad para condensar décadas de la vida de Grainier, desde la expansión hacia el Oeste hasta los años 60.
La prosa de Johnson, alejada de sentimentalismos, narra la lucha de un hombre por encontrar sentido tras una tragedia devastadora, en un mundo en constante transformación.
La adaptación de Sueños de trenes ha sido posible gracias a la colaboración con la Universidad Estatal de Washington y la implicación de productores como Black Bear. El equipo incluso ha construido una cabaña junto a un río y ha trabajado en escenarios naturales, manteniendo el espíritu de cine independiente que caracteriza a Bentley (responsable de Las vidas de Sing Sing) y Kwedar.
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